Situación pre-revolucionaria     
 
 El Alcázar.    24/01/1977.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

SITUACIÓN PRE-REVOLUCIONARIA

Quisiéramos escribir serena y reflexivamente.

Por más que se trate de ocultarlo o disimularlo, la. gravedad de los disturbios desencadenad^ ayer

domingo por diversas agrupaciones de la izquierda comunista, no sólo en Madrid, sino en otras

localidades como Barcelona, muestran el duro perfil de una situación prerevolucionaria a la que el

Gobierno parece incapaz de poner coto.

La víctima de ayer —un joven estudiante— podrá ser atribuida a este o a aquel grupo político o

pseudopolítico, como ya se ha hecho. Pero hay que señalar, a quienes lo ignoran y a.quienes se empecinan

en olvidarlo, que, por inhumano que sea —y lo es—, el supuesto forma parte de la técnica revolucionaria

en la que los comunistas son maestros consumados. Bastaría para demostrarlo —si no existiera ya una

larga y acumulada experiencia histórica— la rapidez con que la muerte de Arturo Ruiz García fue

capitalizada e instrumentalizada como bandera por los provocadores de los disturbios que, apenas unas

horas después del fallecimiento de la víctima, distribuían impresas, octavillas y propaganda en la que se

enarbolaba el nombre del muerto, como excusa para nuevos y violentos enfrentamientos con la Fuerza

Pública, y vandálicas destrucciones de escaparates, de automóviles y bancos utilizados como barricadas

en diversos Jugares de la capital.

Conviene tener en cuenta bien estos antecedentes a la hora de enjuiciar los hechos.

_.Condenamos enérgicamente el derramamiento de sangre y la muerte violenta de un español joven,

cualquiera que sea su filiación política. Pero condenamos .con mayor énfasis aún, a los irresponsables que

conducen, paso a paso, calculadamente, a un nuevo enfrentamiento entre españoles, sólo para satisfacer

su torvo sentimiento de revancha, de despecho o de frustración.

Quienes gusten de contrastar hechos recientes, observarán en A suceso de ayer un claro paralelismo con

aquel .que, hace unos meses, costó la vida a otro muchacho, en la calle de Barquillo. En ambos casos, y

en base únicamente a las declaraciones de los conmilitones de la víctima, el homicidio ha sido atribuido a

los "guerrilleros de Cristo Rey". No entramos ni salimos en materia tan delicada, cuyo esclarecimiento

corresponde a la policía y a la autoridad judicial. Pero hemos de manifestar el asombro y extrañeza que

nos produce el hecho de que los homicidas muestren ese especial y curioso empeño en facilitar su

supuesta identificación.

Lo hemos dicho en anteriores casos, rodeados de circunstancias misteriosas, todavía sin esclarecer. Los

grupos subversivos que, como ayer, movilizan, a estas manifestaciones violentas de masas, que prevén

incluso la dotación » sus militantes de proyectiles de todo tipo —piedras y. objetos metálicos— para usar

contra las Fuerzas de Orden Público, aplican a su acción revolucionaria todos los recursos de una vieja y

conocida técnica que exige el derramamiento de sangre para justificar su escalada de violencia.

En su propósito de exacerbar a la masa, si no se produce espontáneamente un muerto, se

provoca por cualquier medio. Basta después con inculpar el crimen a sus enemigos, para conseguir el

objetivo revolucionario que se resume en la espiral de la violencia.

La trágica jornada de ayer provocará, posiblemente, nuevos enfrentamientos. Quienes anoche

vociferaban, agredían a pedradas a las Fuerzas del Orden Público, levantaban barricadas y rompían los

cristales de los edificios, ya tienen "su" muerto. Ya no piden amnistía; piden comunismo, disolución de

las Fuerzas Armadas y proclamación de la República.

¿Será tan ciego el .Gobierno como para no ver el fin a que conduce el largo túnel abierto por la

subversión con la que dialoga y trata de pactar?

Al cierre de nuestra edición se ha producido la noticia del secuestro, del Presidente del Consejo Supremo

de Justicia Militar, Tte. General Villaescusa. Es un escalón más de la audacia subversiva. Puede que

algún ministro de los que irresponsablemente gustan de hablar a la prensa se lo atribuya también como ha

ocurrido con el homicidio de ayer, a "la extrema derecha". Ya existe el precedente respecto al secuestro

de Oriol- Una de las más altas jerarquías militares se suma como victima en el ´intento de golpismo de

estado a la víctima que es desde hace más de un mes Antonio María de Oriol. Ambas jerarquías —la de

Oriol y la de Villaescusa— representan dos altas instancias jurisdiccionales hacia las que apunta,

certeramente, la subversión comunista.

La seguridad con que operan, y la jactancia con que se manifiestan los secuestradores de Oriol y

presumiblemente, los de Villaescusa, ¿acaso está respaldada por algo más que un grupo político? ¿Gozan

quizá de la protección de alguna representación comercial o diplomática de esas naciones por las que se

afana tanto en establecer relaciones nuestro ministro de Asuntos Exteriores?

En cualquier caso lo que parece evidente es que la consciente disolución de los cuerpos especiales de

orden público que tenían la responsabilidad de la seguridad en temas político-sociales, y la entrega de esa

responsabilidad al Gobernador Civil de Madrid ha representado una desarticulación del aparato policial

cuyos efectos se están ahora lamentablemente comprobando en el grado de incompetencia, con que ese

mismo Gobernador lleva tales asuntos.

Evidentemente, hace tiempo que se ha tocado ya el límite máximo de lo que es tolerable. . Un gobierno al

que tales cosas suceden sin que se maestre capaz de impedirlas ni corregirlas es un gobierno que en

cualquier modelo democrático presentaría la dimisión por un simple sentimiento de dignidad. Y en

cualquier caso sería disuelto por la autoridad del Jefe del Estado. ¿Cuándo nos vamos a homologar

seriamente con los modelos democráticos?

Esta es una ocasión que lo reclama.

Especialmente, cuando, como ocurre ahora mismo y pese al secuestro del Presidente del Consejo

Supremo de Justicia Militar, el Presidente del Gobierno continúa, serenamente, su empecinado diálogo

con la oposición.

 

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