Mezquindad y traición     
 
 El Alcázar.    24/01/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

MEZQUINDAD Y TRAICIÓN

EL separatismo vasco surgió como consecuencia de una derrota. La de los carlistas en tiempos

de Alfonso XII. Mientras los hombres más recios del carlismo se mantenían fieles a sus ideales

y creaban con su digna actitud las condiciones para el espectacular renacimiento de sus

fuerzas durante la II República, los elementos más inestables, los grupos marginales y

degenerados que toda derrota produce, buscaron, por despecho y rencor, acomodo bajo

banderas opuestas a las que habían defendido, dando nacimiento al separatismo vasco.

Sabino Arana era hijo de carlistas, educado en un cerrado aldeanismo, que ya a finales del

siglo resultaba anacrónico.

La historia se repite y la actitud adoptada hace unos años, concretamente después del

referéndum de 1966, por algunos carlistas que se han pasado con armas y bagajes al bando

rojo-separatista contra el que lucharon ellos, sus padres, sus abuelos y sus bisabuelos, fue la

mezquina reacción contra la decisión de Franco de designar para sucederle, a título de rey, al

príncipe D. Juan Carlos de Borbón, en vez de a un príncipe extranjero. El rencor que llevó a

Sabino Arana y a sus seguidores a traicionar el españolismo que caracterizaba al carlismo de

que procedían, es el mismo que hoy ha llevado a algunos antiguos carlistas a preferir unirse a

los rojos y a los separatistas antes que acatar al descendiente de Alfonso XII.

El hecho es conocido, ya que algunos de los que han accedido

en el país vasco a cargos públicos, como consecuencia de su afiliación al carlismo, partícipe

calificado de la victoria de 1939 contra el separatismo y el comunismo, hoy, cuando sus

antiguos compañeros les reprochan su traición, su oportunismo o su cobardía (las pistolas de la

ETA desempeñan importante papel en algunas "conversiones"), ellos se defienden diciendo:

"Nosotros con esta Monarquía, con este Rey, no tenemos nada que ver". Vergonzoso: intento

de justificar, con aparentes ortodoxias, la deserción al enemigo.

Pero si su mezquindad no merece más que desprecio, lo que es difícil de comprender es la

actitud de quienes, desde organismo a los que se supone. al servicio de la Monarquía, hacen

concesiones a quienes precisamente basan su postura rojo -separatista en la hostilidad

personal al Rey. Se da el caso asombroso de que mientras hombres caracterizados por su

antigua lealtad a la Monarquía o por sincera aceptación de la solución dinástica realizada por

Franco, sé ven marginados en decisiones sobre el uso de la bandera separatista, se dé, sin

embargo, satisfacción a quienes no disimulan que son enemigos del Rey y de la unidad de

España, tales como la ETA, los separatistas del Partido Nacionalista Vasco y los carlistas-

marxistas, puestos al servicio de un pretendiente extranjero, que, al parecer, ha llegado a un

acuerdo con los´ "nacionalistas" para "reinar" en un hipotético Euzkadi independiente´, del que

la bandera sería la "ikurriña", lamentablemente legalizada.

 

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