Atentado a la convivencia     
 
 Arriba.    25/01/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

OPINION

ATENTADO A LA CONVIVENCIA

LA noticia del secuestro del teniente general Villaescusa no es, ni puede serio, una noticia más en el

conjunto de sucesos, tensiones y alteraciones con que algunos grupos irresponsables quieren rodear el

proceso pacífico de transición hacia la democracia. Es, por su propia naturaleza, un hecho cuya gravedad

no queremos ocultar y que sólo puede estar inspirado por una clarísima voluntad de violencia. Atentar

contra la persona de un ilustre militar, cabeza visible de una Jurisdicción, es un desafío que no se puede

tolerar impasiblemente, sin que, al menos, y dentro de nuestras posibilidades, expresemos —recogiendo

un clarísimo aliento popular— un claro testimonio de repulsa, y alentemos a los poderes públicos a no

dejarse intimidar por grupos incontrolados que no representan nada en la opinión pública.

El secuestro del teniente general Villaescusa, Presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, se

produjo en la siguiente situación política española: cuando el Gobierno estudia detenidamente y con gene-

rosidad un proyecto de ampliación de la amnistía concedida el pasado verano; cuando se avistan unas

elecciones que han de otorgar el poder a quienes más conecten con los sentimientos populares, y el país se

encamina hacia ellas con serenidad y madurez cuando incluso la clase política está dando grandes

ejemplos de patriotismo y comienza a renunciar a personalismos para ofrecerle al pueblo español

opciones concretas para elegir; cuando se están borrando viejos mitos en aras de la normalización y la

reconciliación nacional; cuando el mundo que nos rodea mira hacia España con respeto y admira el

proceso político y a sus artífices más directos (la Corona y el Gobierno)...

Siendo ésta la situación real de la nación, y siendo ésas las notas más características de este apasionante

momento histórico, ¿qué buscan, qué pretenden, tos profesionales del secuestro, que, eligen siempre a

personalidades clave de nuestra vida pública, aunque a veces estén alejados de la función política directa,

como fue el caso del teniente general Villaescusa? Está claro que no buscan la concordia ni el paso

normal a la democracia. Si ésa fuese la excusa, permitirían al menos que todo se canalizase por las vías

normales que se están siguiendo: primero, la consulta al pueblo español, y después, la negociación con

todas las fuerzas políticas (de la derecha y de la izquierda) que significan algo en la vida de la nación.

Si pretenden forzar el ritmo de los acontecimientos con la búsqueda desesperada de una amnistía, se

equivocan y están forzando una involución suicida para el país-, ningún Gobierno, ningún poder

público, ninguna institución puede ceder ante la presión que se hace por medio del crimen o la violencia.

Y no sólo porque esto es un principio inamovible de cualquier política y de cualquier justicia, sino

porque, con esas artes, España se convertiría en un país perfectamente ingobernable.

Dicho esto, queremos significar una cosa; que los poderes públicos tienen ahora el deber de mantener la

serenidad a toda costa. Ni al señor De Oriol ni al teniente general Villaescusa les secuestró la serena

sociedad española. Les secuestró un grupo absolutamente minoritario, demostrada-mente minoritario, que

no sabemos qué apoyos tiene, pero sí sabemos que están molestos por la normalidad nacional. Una vez

más, aunque los hechos sean muy dolorosos, es preciso separarlos de la conciencia y la responsabilidad

del conjunto de los ciudadanos. España toca ya la democracia. La toca con las manos. Disfruta una nueva

libertad basada en el respeto mutuo y en el inmediato dominio de las mayorías respaldadas por el pueblo.

Quien atente contra eso, no está cometiendo solamente un hecho criminal, condenable, por tanto, por sí

mismo, está cometiendo un crimen contra una comunidad que tiene derecho, y derecho urgente, a que se

oiga su voz, a que su voz tenga capacidad dé decisión en los asuntos generales del país.

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