Autor: Basterra, Francisco G.. 
   Replantear los viajes reales     
 
 Diario 16.    17/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Replantear los viajes reales

Francisco G. Basterra

El Rey acaba de concluir con su viaje a las islas Canarias una de las visitas más difíciles desde el inicio de su reinado. "El archipiélago, con los índices de paro y de analfabetismo más altos de España, con un panorama económico catastrófico y, sobre todo, con una crisis de identidad política agravada por el abandono español del Sahara, ha recibido a Don Juan Carlos con cierta indiferencia.

Las promesas hechas desde Madrid por los sucesivos gobiernos, casi siempre incumplidas, han provocado un escepticismo y una desesperanza en los canarios que el Rey ha podido detectar en sus cinco días de visita. Además, el Jefe del Estado no puede ser un Rey Mago que llega con" las soluciones que son responsabilidad del Gobierno.

Los ministros que han acompañado al Rey, exceptuando un poco a Oreja, que no tuvo más remedio que encararse con el problema planteado por el regreso de la flota pesquera canaria el mismo día de la llegada de Don Juan Carlos a Las Palmas, han viajado de figurones. No se sabe ni que Clavero o Martín Villa hayan tenido reuniones de trabajo con las autoridades canarias o hayan llegado con dosieres o respuestas preparadas a problemas concretos de las islas.

Con estos antecedentes, todo el peso del viaje corresponde al Rey, que cada vez está más decidido a no entrar en los problemas concretos de gobierno, en este caso de desgobierno de Canarias, según explicó el propio Jefe del Estado a los periodistas en el curso de la visita.

Por otra parte, los organizadores de los viajes reales siguen creyendo que el que viaja es Franco e insisten en llenar las plazas mayores de cada ciudad. Y ya no se llenan, a pesar de los llamamientos de gobernadores y alcaldes y de las "facilidades" dadas para acudir por parte de la autoridad laboral. Parece que a algún nivel se piensa que la legitimación de Don Juan Carlos hay que -refrendarla llenando plazas, cuando no hay ningún monarca constitucional en Europe que plantee así sus viajes.

La televisión y la radio oficíales continúan con sus antiguos reflejos y siguen inflando con triunfalismo y verborrea los recibimientos a los Reyes, provocando quizá el efecto contrario del deseado. La descentralización televisiva de los pomposos centros regionales no sirve para nada en estas ocasiones. El de Canarias continuaba transmitiendo imágenes de los Reyes en la provincia de Gran Canaria cuando éstos estaban ya en Tenerife, provocando la irritación de los tinerfeños. Este disgusto llegó a oídos del Rey, quien lo comentó con los periodistas que seguimos el viaje.

En Canarias, por primera vez en los viajes reales por provincias no se han producido los grandes entusiasmos populares. Sobre todo en Las Palmas, la acogida fue fría y el desastre de la organización hizo que Don Juan Carlos se tuviera que dirigir a un teatro semivacío en el acto conmemorativo del día de la Hispanidad. El recibimiento en las islas más pequeñas fue mejor. También por primera vez, la preocupación por la seguridad ha pesado como una losa sobra el viaje, dificultando el con acto del Rey con los canarios. La aparición de explosivos en Las Palmas con motivo de la visita, con un objetivo propagandisco para los indipendentistas del MPAIAC. también ha sido una novedad desagradable de este viaje.

Renovar la Casa Real

Cuando se cumplen dos años de su proclamación, Don Juan Carlos sigue sin contar con una organización adecuada de asesores y colaboradores. La Casa Real, copada por militares, sólo es hoy por hoy un nombre, aunque se detecten indicios de que se prepara una reorganización de la misma.

Santiago Martínez Caro, próximo al Opus Dei y a López Bravo, y hasta hace un mes un hombre importante en la Zarzuela, ha sido cesado con una "promoción" como embajador en Turquía. El general Alfonso Armada, un íntimo del Rey desde su niñez y quizá una personalidad demasiado conservadora para los tiempos que corren, también abandona la secretaría general de la Zarzuela para pasar a un puesto militar importante en la Escuela Superior del Ejército.

El también general, aunque ha ocupado puestos políticos civiles, como subsecretario de los Ministerios de Información y Presidencia, Sabino Fernández Campo, sustituye ahora de hecho, aunque su nombramiento todavía no será oficial hasta principios de año, a Armada. Parece que se querría potenciar" su puesto. Por arriba, el marqués de Mondéjar, también militar, continúa todavía como jefe de la Casa Real y" es, al parecer, el hombre que impone los criterios. Por debajo, el Rey sólo tiene militares a su servicio más próximo.

En la práctica, tanto en los viajes de los Monarcas como cuando éstos se hallan en Madrid, no existe comunicación alguna entre la Zarzuela y los periodistas. Sólo los Reyes rompen voluntaria y personalmente esta incomunicación. En los viajes es bastante más fácil hablar con Don Juan Carlos que con Mondéjar o cualquiera de sus ayudantes.

La , organización de los viajes reales sufre el efecto de todas estas limitaciones. Sería hora de ir replanteándolos y clarificar la función del Rey en los mismos. Hasta ahora, la simpatía personal de los Monarcas y la respuesta popular han ido salvando las visitas a las provincias- españolas y al extranjero del Jefe del Estado.

 

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