Príncipe de Asturias     
 
 Arriba.    22/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PRINCIPE DE ASTURIAS

Hace ocho meses, el 18 de mayo de 1976,

Oviedo solicitaba de) Rey de España que el heredero

de la Corona ostentase el título de Príncipe de Asturias.

Don Juan Carlos respondió así: «Con verdadera satisfacción recibo vuestra petición, pues las glorias y la lealtad de vuestro Principado no sólo merecen

que nuestro hijo Felipe lleve este título, sino que hacen de él un auténtico honor, que ostentará, no lo dudéis, con orgullo, por vincularse de forma real y directa a todos los asturianos.

Acepto vuestra petición en presencia del Presidente

del Gobierno y se le dará forma legal en breve plazo.»

AI día siguiente se pudo escribir en este periódico,

comentando la aceptación del Monarca, que, por primera vez, la solicitud surgía

del pueblo, que había aplaudido visiblemente cuando fue presentada por el Presidente de la Diputación asturiana.

HUBO, posteriormente, una nueva solicitud de las Fuerzas Armadas, y ayer la referencia del Consejo de Ministros comunicaba que el Rey habia aprobado la concesión del título a favor del heredero, don Felipe de Borbón y Grecia. El valar de este hecho es indiscutible, y lo podríamos centrar en tres aspectos distintos, aunque entrelazados entre sí: primero, el del reconocimiento de la Monarquía española en su pueblo fundador; segundo, la continuación de una tradición que se remonta al reinado de Juan I de Castilla, en el siglo XIV, y tercero, el de un nuevo paso en la institucionalización de la Corona que, como ayer señalaba en nuestro colega «ABC» don Eduardo Navarro, es símbolo e instrumento de integración colectiva.

Saludamos con respeto al nuevo Príncipe de Asturias, y vemos en él no sólo un titulo de gran honor y compromiso, sino un símbolo de continuidad en la grandiosa tarea de dirigir un Estado, personificar la soberanía nacional y ejercer su papel de arbitro en el concierto de las legítimos aspiraciones y lógicas tensiones de !a sociedad. Vemos en él a la persona que garantiza la continuidad de! Estado y e! orden natural de Sucesión.

La Corona y recordamos también unas palabras de Eduardo Navarro no es un poder formal más en el seno de la Constitución. Es la cabeza de la nación y, en este sentido, todo cuanto se haga por institucionalizarla, por aplicar aquí y ahora los grandes principios de la tradición monárquica española será un gran servicio a la comunidad y a su seguridad de futuro.

Poco a poco, las actividades del Rey Don Juan Carlos se orientaron en esa dirección primero, centrando su concepción del poder de la Corona, que calificó como «institucional»; después, ejerciendo un papel de moderador y arbitro que hizo posible que la transición hacia nuevas fórmulas políticas se efectuase por procedimientos pacíficos. Ahora, recogiendo una gloriosa tradición histórica, oyendo una petición popular y ofreciendo un nuevo dato para la estabilidad y a confianza en el futuro.

 

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