Rey de todos los españoles     
 
 Arriba.    21/11/1976.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

REY

De TODOS LOS ESPAÑOLES

MAÑANA, 22 de noviembre, la Monarquía española cumple su primer año. Es un aniversario necesariamente de gozo. Cuando las Cortes tomaban juramento a Don Juan Carlos se estaban cumpliendo las ilusiones de toda una sociedad y de todo un tiempo histórico: habían funcionado a la perfección todas las instituciones y España comenzaba su gran salto desde la normalidad. Escribíamos hace un año que no se había producido ni un chirrido en el mecanismo sucesorio. Hoy, con mayor perspectiva, podemos escribir que a lo largo de estos doce meses no se ha producido ni un solo chirrido en la gigantesca operación de acomodar la legalidad a las nuevas exigencias de la dirección del Estado y de la propia sociedad.

La Monarquía, trescientos sesenta y cinco días después, es ya una venturosa realidad en España.

Un pueblo educado políticamente en doctrinas que, si no eran contrarias, sí resultaban paradójicas con la fórmula de Sucesión, no sólo acepta hoy a nuestros Reyes, sino que los aclama cuando se acercan a la realidad viva de la nación. Y todo el mundo, particularmente los países que han visitado Sus Majestades, han visto en ellos a los mejores embajadores de la nueva realidad española. Por su mediación, por su gestión personal, por su espíritu, por su presencia física, el mundo abrió las puertas a España. Y lo que hace catorce meses eran manifestaciones contra nuestra nación y atentados contra sus representaciones diplomáticas, hoy se ha convertido en respeto.

Han sido difíciles estos meses. Al cabo de un año podemos saludar a la democracia, pero sólo porque en la cúspide del Estado hubo un principio de moderación, de equilibrio, de serenidad, de realismo, para dirigir nuestra vida pública. La crónica del año que mañana se cierra no se puede comprender sin tener presentes los gestos personales del Monarca: Primero, el esperanzador Discurso de la Corona, en el que no sólo se anunciaban las reformas necesarias, sino que se prometía que ninguna causa dejaría de ser oída. Segundo, el diálogo iniciado por el propio Rey con personalidades de la oposición, gesto que contribuyó a restar dramatismo a una vida política casi dramáticamente dividida en dos mitades: la legal y la ilegal. Tercero, la concepción por el mismo Monarca del Poder de la Corona, que calificó ante el Consejo del Reino como «poder institucional». Cuarto, la popularización de la Monarquía —obra personal de Don Juan Carlos—, que se consiguió sobre la base de acercamiento a los pueblos de España. Quinto, los empujones definitivos a la democracia, que hemos de encontrar en su discurso ante el Congreso de los Estados Unidos. Sexto, el haber sabido dar el poder en el momento Justo a una nueva generación de españoles que hoy ocupan el

Gobierno, y que estaban tan lejos de los traumas históricos de la nación como del radicalismo rupturista de los tradicionalmente marginados. Y séptimo, el relanzamiento de la imagen exterior de España.

Por todo ello, hoy, en la víspera de un aniversario gozoso, podemos concluir que Don Juan Carlos no ha sido solamente el «motor del cambio», como le describió una frase feliz, sino que es el auténtico artífice de la nueva situación. Es de justicia reconocerlo así. Y es de justicia indicar también que si, como ayer decíamos, la transición se está desarrollando sin el «catastrofismo» que antes de la muerte de Franco algunos preveían, es porque la Corona supo administraría con sabiduría y prudencia, con sagacidad y equilibrio.

La gran justificación de una Monarquía es que quien la encarna sepa ser el Rey de todos los españoles como él mismo anunció en su discurso de las Cortes. Y hoy podemos concluir que sí lo está siendo. A pesar de todas las dificultades, muchas de las cuales eran heredadas. A pesar de la falta de tradición democrática de nuestro país. A pesar de los enfrentamientos tradicionales de nuestra sociedad. A pesar de una legislación que podía suponer un freno a ese propósito. A pesar de todo ello, decimos, Don Juan Carlos está consiguiendo su propósito. El ritmo de acomodación de la legalidad a las realidades del país pudo parecer a la opinión pública demasiado apresurado o demasiado lento en algunas ocasiones. Ahora que tenemos perspectiva más amplia para el juicio, podemos decir que ha sido el ritmo justo o, cuando menos, el ritmo que permitió más eficacia y, sobre todo, el ritmo que sirvió para que todo se desarrollase en un clima de paz civil, sin más tensiones que las propias del momento, ni más pugnas que las derivadas de muchos estrenos de libertades.

Cumplido el primer año, sin embargo, hay que continuar. Señalábamos hace unos días, al comentar las votaciones de las Cortes, que, a pesar de tener nuevos instrumentos legales, todavía no está consolidada la democracia. Y no lo está, seguramente, porque mientras el pueblo no se exprese, todavía se harán oír las voces de los enemigos de la libertad. Sólo hay una forma de consolidarla: continuar por la senda abierta de la moderación; administrar con rigor esa Ley que la última norma aprobada califica como «expresión de la voluntad soberana del pueblo»; abrir el campo de juego para que ninguna voz sinceramente democrática, sinceramente respetuosa de las discrepancias, se pueda sentir marginada; terminar de construir una democracia sin adjetivos que se asiente en la soberanía de un pueblo que ha demostrado sobradamente su madurez. No es preciso expresar adhesiones cuando la base de la convivencia se asienta en un principio de participación e institucionalización del Poder. Pero queremos decir, sin embargo, que a un Rey prudente y equilibrado no le va a faltar la asistencia solidaria del cuerpo social. La venturosa realidad de España, hoy, es ésta: que el pueblo sigue apiñado en torno a su Rey. Y lo hace racionalmente; consciente de que la Corona es, en esta España del cambio, la garantía de la convivencia.

El próximo sábado día 27, aniversario de la exaltación al Trono del Rey de España, ARRIBA dedicará su cuadernillo central de huecograbado a un año de Monarquía en España, con análisis políticos, artículos de personalidades que han tenido protagonismo en la transición y una cronología de los hechos fundamentales de estos doce meses.

 

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