Trabajo intelectual     
 
 Pueblo.    20/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

«TRABAJO INTELECTUAL»

Joaquín Marco dice en «Diario de Barcelona», entre otras cosas, lo siguiente:

«La vida intelectual de un país debe medirse no por los manifiestos, papeles, reclamaciones y lamentos de

quienes integran este confuso mundillo que llamamos intelectual, sino por lo que los hombres de la

Institución Libre de Enseñanza y Juan Ramón Jiménez —como su máximo sintetízador— denominaron

"la obra bien hecha". Una vida intelectual colectiva «stá empedrada de obras y no de excusas, de trabajo y

no de propósito. Muchas veces hemos visto reclamar a los jóvenes el título de "trabajadores

intelectuales". Y, en tanto que propósito, nada me parece más justo y más leal. Pero además del título hay

que contemplar las posibilidades y quienes las tienen —y no son ta,n pocos— deben llegar a los hechos.

Ser un trabajador intelectual no es sencillo, porque las instituciones que deberían velar por "el trabajo bien

hecho" son una prueba palpable de ineficacia y de poca entidad operativa. El trabajo intelectual reclama

entusiasmo. No puede decirse que Picasso trabajara poco y sin interés, que Juan Ramón Jiménez

escribiera poco y mal, que Bosch Gimpera fuera un catedrático burocratizado, que Azaña fuera

superficial, que Manuel de Falla no se dedicara con pasión a la música.

Nuestros centros de alta cultura (o que debieran serlo) se han visto invadidos por las masas que Ortega

(trabajador infatigable) mirara con tanto recelo. Las condiciones en las que desarrolla la enseñanza y el

espíritu que anima a profesores y estudiantes —salvo muy meritorias excepciones— no son precisamente

idóneas. Clases tan numerosas que impiden e¡ imprescindible contacto entre docentes y alumnos, planes

desfasados, falta de medios. Pero, por encima de todo, falta de comprensión hacia lo que es y ha de ser el

"trabajo intelectual".

 

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