Autor: Martín, Gerardo G.. 
 El domingo, ofrenda real de la reconciliación. 
 "Acto de esperanza en el futuro de nuestra patria"     
 
 El País.    27/07/1976.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

POLÍTICAS

EL PAÍS, martes 27 de julio de 1976

El domingo, ofrenda real de la reconciliación

"Acto de esperanza

en el futuro

de nuestra patria"

GERARDO G. MARTIN, S. de Compostela

Aplausos sonoros e insistentes se repitieron dos veces en poco más de un minuto, en el interior de la catedral compostelana, cuando el arzobispo Suquía aludió al tema de la amnistía en presencia de don Juan Carlos. Por su parte, el Jefe del Estado, que el domingo presentó la ofrenda nacional al apóstol Santiago, no pronunció la palabra amnistía en su breve invocación, aunque sí aludió a la reconciliación.

No llega a quinientas cincuenta palabras el texto leído por Su Majestad, que debió ser perfilado en algunos extremos a última hora, por cuanto varió ligeramente sobre la invocación editada previamente en la imprenta del seminario compostelano. Tampoco, en la primera versión, se hablaba de amnistía y no se mencionaba la reconciliación. Hubo algunos otros cambios no sustanciales, como sustituir, a la hora de referirse a ofrendas anteriores, la expresión «el generalísimo, en los últimos decenios os presentó personalmente esta ofrenda, en numerosas ocasiones», por «el generalísimo Franco, que me precedió en la Jefatura del Estado, os presentó personalmente esta ofrenda en varias ocasiones».

Poco antes de las diez y media de la mañana, los Reyes salieron del hostal de los Reyes Católicos —su , residencia en Galicia hasta concluir el programa previsto— en dirección a la catedral. Los dos edificios distan pocos metros entre sí y están situados en la misma plaza: la -de España o del Obradoiro, en la que varios miles de personas, bastantes menos que el día de la llegada de los Reyes, esperaban a los soberanos. Allí continuaría buena parte del público hasta las dos de la tarde, para ver en tres ocasiones más a don Juan Carlos y doña Sofía.

El Rey vestía uniforme de capitán general y la Reina, mantilla española. Les acompañaban, entre otras personalidades, el presidente del Gobierno y los ministros de Gobernación, Educación y Ciencia y Justicia.

A las once y cuarto, en el ofertorio, el Rey leyó la invocación, en la que dijo:

«Señor Santiago:

Vengo a Compostela, en este año

jubilar, a postrarme ante vuestro sepulcro y presentaros, en nombre de la nación española, la tradicional ofrenda, símbolo de nuestro agradecimiento por la valiosa protección que nos dispensáis.

Desde los lejanos tiempos del primer milenio, cuando la cristiandad se veía asediada en todas direcciones, hicisteis de esta Compostela gallega una fortaleza irreductible de la fe y vuestra morada permanente. Abriendo un camino de peregrinación que ha sido vehículo de cultura y de fecunda comunicación con todos los pueblos de Europa y elemento fundamental en la historia de nuestra Patria.

Muchos reyes de España, mis antecesores, tuvieron a honra venir a venerar vuestras santas reliquias, y el generalísimo Franco, que me precedió en la Jefatura del Estado, os presentó personalmente esta ofrenda en varias ocasiones. Millones de peregrinos de todas las naciones del mundo han recorrido el camino de Santiago: santos y pecadores, débiles y poderosos, intelectuales y sencillos campesinos vinieron a esta catedral en busca de la gracia y del perdón. Toda España os venera como su santo patrón y los ejércitos os invocan como su especial defensor.

Hoy vengo para reiterar ante el apóstol de España nuestra profesión de fe cristiana, para hacer un público acto de esperanza en el futuro de nuestra Patria, para prometer que mis acciones se han de basar en una verdadera caridad, en una entrega total a todos los españoles.

Señor Santiago, patrón insigne de España: en este comienzo de mi reinado, al traeros esta renovada ofrenda de la nación que en nombre de Jesús vinisteis a salvar, os

pido que intercedáis por este gran pueblo de España. Deseamos preservar y confirmar lo mejor de nuestra tradición; deseamos que España se modernice, y sepa alumbrar en todo, y también en lo espiritual, una visión renovadora de la vida social. Queremos hacer reinar la justicia, procuramos y buscamos la paz, la reconciliación, la convivencia generosa en la libertad y el orden, la tolerancia en el respeto mutuo y en la fortaleza de un Estado seguro y eficaz. Rogad a Dios nuestro Señor por la familia española, por los trabajadores todos del país, por las autoridades y funcionarios públicos, por las Fuerzas Armadas, por los sacerdotes, por los educadores, por los más necesitados y por aquellos que los asisten, por los ancianos y los jóvenes y por los españoles en el extranjero. Que Dios destierre de España el odio y el egoísmo, bendiga nuestro trabajo y nos dé el fruto de nuestro esfuerzo y de nuestro amor.

Os pedimos, señor Santiago, que llevéis al Altísimo nuestras plegarias y nuestra devoción, nunca disminuida. Estoy seguro que vuestro patrocinio continuará. Os reiteramos nuestro agradecimiento por haber hecho posible que en este año jubilar hayamos podido venir a venerar vuestro altar en esta basílica compostelana. y, a vuestras plantas, abrir nuestro corazón a una firme esperanza.»

Aplausos de un amplio sector del la respuesta de Ángel Suquía, arpúblico que llenaba unas tres cuartas partes de la catedral, acogieron la ofrenda, presentada en cinco minutos. Pocos más duraría zobispo de Santiago de Compostela, aplaudido en varias ocasiones.

Preocupación por la amnistía

El prelado aludió a las últimas visitas regias con motivo de años jubilares y destacó que Juan Carlos era el primer monarca que hacía la invocación en familia, manifestando que «con la presencia vuestra aquí nos dais a entender que nuestras leyes civiles respetarán los derechos sagrados del matrimonio y de la familia», para referirse después a los infantes. «Con ellos ante los ojos —dijo— podéis y debéis mirar al futuro más que al pasado, y podéis y debéis mirarlo sin temor»,

Dijo más adelante Ángel Suquía que esperaba fuera decisivo el paso del Rey por tierras gallegas para la solución de los muchos y gravísimos problemas de esta tierra. «Os agradecemos —añadió— el que hayáis querido que a esta ofrenda precediera otra, la ofrenda que habéis hecho al Santo Padre de vuestro propósito de renunciar al privilegio de presentación de obispos»; frase que provocó grandes aplausos, continuados en dos oportunidades más cuando el arzobispo dijo: «Os agradecemos la atención que estáis prestando a la petición de amnistía dirigida a Vos en la apertura de este año jubilar, y que yo confio será lo más amplia y generosa posible para que pueda servir de verdadero punto de partida para una auténtica y plena reconciliación de todos los españoles. Os agradecemos vuestro trabajo incansable e ilusionado de cada día por España.»

Al término de la misa, se ofreció, con la ayuda de televisión, un mensaje del Papa, en el que aludía a la «actualización más completa de las esperanzas depositadas en

este año de renovación de los espíritus».

A las doce y cuarto, después de que funcionara el botafumeiro, concluía el acto religioso. Nuevamente, los soberanos recibieron el homenaje del pueblo, contenido difícilmente.

Cuando los Reyes abandonaban la catedral, el coro Cantigas e Agarimos cantó el himno gallego, que Juan Carlos escuchó firme, a la puerta del templo del Apóstol.

Los Reyes visitaron el palacio de San Jerónimo, que desde el pasado enero acoge al rectorado de la Universidad. En el recinto se celebró la inauguración simbólica del nuevo edificio de la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, y del pabellón del Hospital General de Galicia, ambos de Santiago, así como la escuela universitaria de Arquitectura Técnica, que el Rey conocerá en su visita a La Coruña.

 

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