Autor: García Santa Eulalia, María. 
   Hoy el teatro duerme, dice María Casares     
 
 Ya.    23/01/1977.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

(HOY EL TEATRO DUERME), RICE MARÍA CASARES

Mientras lo sociedad esté dividida, no se producirá la comunión entre público, intérpretes y autor que

conoció err el pasado La actriz coruñesa conserva el acento nativo a pesar de más de treinta años de

destierro

El

ANTE mi, la cabeza casí rapada de María Casares, en la que alguna cana asoma entre el cabello endrino,

como una denuncia de edad que, en cambio, niegan su jovialidad y só Vitalidad.

Íl teatro: uno numera de vivir

Habla de lo que llama "manera de vivir", la profesión que ha colmado ininterrumpidamente más de tres

décadas de su existencia: el teatro.

—En estos momentos, el teatro duerme. No sé en España, pero en Francia noto una diferencia enorme

respecto a la época en que yo empezaba a actuar. El público se unificaba ante el espectáculo. Habia un

fondo de intereses comunes a todos los estamentos sociales. Hoy, a la inversa, la división predomina y no

basta el arte para paliar las diferencias. Las opiniones están encontradas, parecen inconciliables; no se

puede alcanzar aquella ideal comunión de antaño. Por eso, el teatro languidece. Yo digo que duerme.

Con un apasionamiento radiante, que la ha situado sobre los planos más elevados de la escena europea,

que le ha permitido triunfar muy joven y fuera de su patria, Maria expone sus teorías. (Mientras no fuma,

entretiene las manos en jugueteo con las yemas de sus dedos).

—Él teatro—afirma—, de suyo, es erotismo—en un amplio sentido—y magia. Los espectadores se

compenetran con el .autor mediante el intérprete. Ahora bien, imprescindiblemente deben encontrarse en

la misma onda, lo que no ocurre hoy. De ahí que no se produzcan identificación ni unión como las que he

conocido en el pasado. No se culpa a nadie. Ocurre como efecto de la desintegración y de la confusión

reinantes. Antes habla unos valores reconocidos, que se han echado por tierra; en la actualidad se anda

rastreando otros, para sustituirlos, pero no han aparecido todavía. De forma -que, en lugar de ceremonia

de exorcismos, de instrumento de integración de individuos distintos o de exaltación colectiva, el teatro se

ha vuelto otra cosa y los que lo frecuentan no participan ni crean.

to "hippy" es teatro

—¿Sabes que algunos jóvenes achacan al teatro un convencionalismo y una ar-tificiosidad que les

desagrada?

—Sí, lo sé—responde—. Eso es lo que induce a tantos ensayos y experimentos como se están llevando a

cabo, como la salida a la propia calle a representan Y todo ese furor de las modas "hippy" no son, en

cierta medida, sino representaciones teatrales, con sus atavíos pintorescos como disfraces. Los considero

pruebas evidentes de que el presente pide un teatro específicamente suyo, porque el teatro refleja la

comunidad en donde se desarrolla. En este instante, la situación es así. Hay que esperar que esto pase.

No se percibe modulación optimista en su última frase.

—¿Piensas que se prolongará la espera?

—No sé, no sé.

María Casares mira de frente, con gallardía; un brillo chispeante en sus ojos verdes predice cuándo se des

tapará en carcajadas roncas, con lo que nos alegra a menudo. Los estadounidenses, en esas concisas

biografías de diccionario, la describen como "morena e impresionante". Supongo que parten dé una

contemplación lejana, desde la butaca. Por supuesto que, desde cualquier distancia, no se puede discutir la

negrura de su pelo; en cuanto a la leyenda de su solemnidad, se acaba en una aproximación a ella. Porque

es afable, comunicativa y expresiVa, aunque cuenta que se crió en la soledad del campo y que le costó

trabajo reducir su insociabilidad y aún se considera un poco salvaje.

Su expresividad fue la llave de su carrera

Era una niña a la que le gustaban los poemas. Como se sabe, la actriz María Casares es hija del politico

español Casares Quiroga. En el exilio de París, adonde se trasladó acompañando a sus padres, up

conocido 4e la familia la escuchó recitar un romance.

—Me estremecía, lloraba, gemía; en fin, al terminar, nuestro amigo exclamó : "¡Esta chica tiene que ser

actriz!" Yo no había sentido vocación ninguna; dentro de lo que era posible, a los catorce años, había

pensado en ser médico, pero en vista del consejo tomé este rumbo.

De entrada no sabia francés. Ingresó en un liceo, y antes de concluir el bachillerato compaginaba sus

clases con la asistencia al Conservatorio. A los diecinueve años, alumna graduada precozmente, subía a

escena por primera vez y con un papel difícil en "Deirdre de los pesares", de Synge, en el teatro Maturin,

de la capital de Francia.

—Yo había dedicado muchas horas a impostarme la voz; pues bien, el día del estreno me la rompí. Luego

aprendí a arreglármela sola, como a sustraerme del miedo ("track") y a dominar mi cuerpo. Mi pavor del

principio tenia unas dimensiones tremendas; me decían que parecía que soplaba viento en el escenario, de

tal forma me veían temblar; se me movían hasta los carrillos. Me Impuse un método, una especie de yoga,

de mi invención. En la actualidad, aunque la práctica nos valga más que ninguna escuela, se enseñan

asignaturas de este tipo a los aspirantes a actores, pero en aquel entonces se nos preparaba exclusivamente

para la emisión y articulación de la voz.

Pues hete aqui que ésta le ha vuelto a acarrear problemas al presentar "El adefesio", de Albert!, obra con

la que se ha dado a conocer en persona al aficionado madrileño, que sabía de su fama años ha. La lengua

española exige un ejercicio de garganta, innecesario en la francesa. Por llevar mucho tiempo sin

practicarla, quizá resultó breve, el espacio de un mes de ensayos. Además, las dos representaciones

diarias, habituales en esta tierra ibérica, amén de alguna afección alérgica, le jugaron una mala pasada. De

pronto se encontró muda. Un cuidado constante, visita regular al médico, reposo sin concesiones a ningún

capricho—ni siquiera un paseo por el Rastro, que le apetecería tanto—le permiten recuperarse y seguir

adelante. Así, con más valor que el Guerra, únicamente liberada de dos funciones semanales, por lo que

actúa diez veces; dosificando las charlas y limitando las entrevistas, se concentra en lo que le importa

seriamente: su labor.

María se siente solidaria del deseo de sus colegas españoles sobre establecer una función única diaria.

Defiende su derecho al descanso, a la contemplación, a la lectura y a la observación para que puedan

rendir más y aportar más a la encarnacion de sus personajes. Se pregunta por qué hay una diferencia de

consideración entre ellos y los deportistas

A esta combativa mujer le incomoda su célebre apellido, porque no puede causar sorpresa en los sitio: a

dónde llega. De otro lado y eso no le debe importar dado su temperamento, I¡ obliga a no rebajar nunca su

marca y a no dormirse en los laureles. No es ésa su única lucha, Mantiene otra contra cada una de las

imágenes que de sí mísma surgen por cada obra en U que interviene. "Hay que pe tear para no caer en la

es clerosis", afirma.

Su perseverancia encuentra ejemplo en el acento galaico, indeleble, a pesar de largo destierro, que

perfuma su hablar, incluso cuando 1 hace en francés.

El miedo, al comienzo de su carrera, ía hacía temblar en el escenario como si soplara el viento

Mary G. Santa Eulalia

(Foto Soriano.

Pag. 15 — YA

 

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