Cada ciudadano, un combatiente     
 
 Diario 16.    04/01/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Cada ciudadano, un combatiente

No hay palabras. Un sentimiento moviliza al unísono nuestro corazón y nuestro cerebro. El asesinato del

general gobernador militar de Madrid, Constantino Ortín Gil, ocurrido ayer a las tres y cuarto de la tarde

frente a su domicilio, en la calle Menéndez Pelayo, se suma, con apenas veinticuatro horas de diferencia,

al del comandante de Infantería José María Herrera Hernández, ayudante del gobernador militar de San

Sebastián. Y en Pamplona, también, el cabo primero de la Policía Armada Francisco Berlanga, moría

cuando intentaba desactivar un explosivo situado por manos criminales en la plaza del Castillo. La

organización terrorista ETA ha reivindicado estas acciones en la forma acostumbrada ante Radio Popular

de Bilbao. Hay, pues, unas víctimas y unos asesinos declarados.

Cada ciudadano, un combatiente. El desafío terrorista se plantea en unos términos que excluyen la

neutralidad de quienes quieran seguir viviendo como personas. Todos tenemos que hacer honor a nuestras

responsabilidades frente a la comunidad. Cada ciudadano, un combatiente, porque nadie puede sentirse

excluido de un combate que busca terminar con el crimen que a todos nos amenaza. Todos estamos

convocados a una tarea que a cada uno incumbe realizar en el ámbito de la esfera personal, familiar,

profesional, laboral y política que le sea propia. Cada ciudadano, un combatiente. Que nadie piense en

aliviar sus responsabilidades descargándolas sobre las Fuerzas de Seguridad del Estado.

A ellas corresponden unas tareas específicas de cuyo exacto cumplimiento depende en gran parte el éxito

final de la lucha antiterrorista, pero estamos en una fase de lucha en la que la sola acción de las Fuerzas

de Policía es, sin duda, incapaz de alcanzar el último objetivo de acabar con el terrorismo.

Cada ciudadano, un combatiente. El terrorismo criminal ha descubierto su juego, y, frente a él, no puede

haber sombra de tolerancia o conmiseración. Los partidos, todos los partidos, como órganos de

articulación social tienen también que acabar con cualquier sombra de ambigüedad en un tema tan capital

como el terrorismo. Desde estas mismas columnas, D16 ha insistido reiteradamente en ello.

Quienes patrocinaron desde las filas del PNV el abstencionismo a la Constitución han proporcionado una

coartada dialéctica a los criminales de ETA. Quienes con olvido de sus responsabilidades globales frente

al conjunto de los pueblos de España se han entregado a un morboso complejo abertzale han negado la

tradición vasca del PSOE al reiterar afirmaciones en pro de la negociación y abogar por «soluciones de

hecho para los detenidos». Por eso, tienen ahora la obligación de hacer urgente balance de los resultados

que se contemplan. En breve, las dos fuerzas parlamentarias de mayor implantación en el País Vasco

nacionalistas del PNV y socialistas del PSOE- están situadas en el vértice de una apuesta histórica.

No hay excusas, paliativo, ni demora posible. Desde una definición categórica como la que requiere la

sangrienta situación presente, PNV y PSOE han de convocar a todo el pueblo vasco a la lucha contra el

terrorismo. Así lo vienen haciendo desde hace meses con un análisis muy lúcido del problema el Partido

Comunista de Euskadi, la Organización Revolucionaria de Trabajadores y otras fuerzas de izquierda,

cuyo compromiso ha sido tan claro como los riesgos que sobre sí han tomado.

Desde la otra banda del espectro, en el centro y la derecha, no puede demorarse una respuesta idéntica

que incida y movilice activamente los sectores sociales que les son propios. Hay que despertar en Euskadi

una sensibilidad nueva que reaccione con viveza frente al sindicato del crimen. Hay que lograr hacer de

cada ciudadano un combatiente.

 

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