Extensa reunión de Suárez con los responsables del orden público. 
 El Gobierno considera controlada la situación en la Policía Armada     
 
 El País.    13/01/1979.  Página: 1, 9. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

Extensa reunión de Suárez con los responsables del orden público

£1 Gobierno considera controlada la situación en la Policía Armada

El análisis global de la situación de! orden público, entre los que destacan la escalada terrorista y la crisis

abierta en la Policía Armada con las dimisiones de algunos jefes, siguió ocupando ayer ta atención del

presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, quien mantuvo una larga reunión desde las diez de la mañana

hasta después de las dos de la tarde con el ministro para la Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado; el

ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, y otros altos cargos del departamento, además del gobernador

civil de Madrid, Juan José Rosón, y el jefe superior de Policía de la capital, Francisco de Asís Pastor.

La serie de dimisiones en cadena que en algún momento se temió que se produjera en el seno de la Policía

Nacional, parece circunscribirse a la del general subinspector del cuerpo, señor Bartret, a la del teniente

coronel Valverde, segundo jefe de la circunscripción de Madrid, a la del teniente coronel Polavieja,

director en funciones de la Academia de la Policía Armada, y a alguna otra cuyos protagonistas se

desconocen, pero que en ningún caso, según se informó en fuente competente, llegan a la media docena.

Operación abortada

En medios oficiales se daba ayer por abortada la operación llevada a cabo por el general Bartret, que de

haber sido secundado hubiera supuesto de hecho, y acaso lo haya sido de intenciones, la maniobra

desestabilizadora más grave desde la «operación Galaxia», en la que presuntamente se vieron envueltos

oficiales de la Policía Armada destinados precisamente en la Academia de la Policía Armada y en su

Estado Mayor del Cuerpo. Informaciones recogidas ayer en algún medio informativo apuntaban que la

actitud del general Bartret había encontrado un eco favorable en el Estado Mayor del mencionado cuerpo

policial.

Sin embargo, la fórmula técnica por laque tienen que producirse las dimisiones, esto es, mediante

solicitud de baja en el destino actual y petición de reingreso en el Ejército, puede llevar a un

escalonamiento de las posibles dimisiones.

El general Bartret convocó a los jefes de la Policía Nacional tras su dimisión

Pretextó razones de honor

Las consecuencias de una operación masiva de reingreso al Ejercito por parte de oficiales y jefes con

destino en la Policía Nacional supondría, según observadores cualificados, un desafío de gran

envergadura al Gobierno y al ministro del Interior en un momento en que se intenta instrumentalizar una

batalla eficaz contra el terrorismo. El problema estaría más que en el grado de competencia de los

presuntos dimisionarios en las dificultades que se encontrarían para buscarles sustitutos.

En este sentido cabe recordar lo complicado que resultó encontrar apenas veinte jefes y oficiales para

llevar a cabo los relevos más perentorios. Fue necesaria una gestión muy personal del general Gutiérrez

Mellado entre militares procedentes de diversas armas del Ejército de Tierra, que no se limitaron, como

en anteriores ocasiones, a los de Infantería y Caballería, a Fin de abrir el abanico, de manera que hubiera

un margen para la selección de los más idóneos. A pesar de ello el margen de selección, aunque

suficiente, no fue muy holgado.

El nombramiento del general Timón de Lara en el último Consejo de Ministros para el cargo que había

dejado vacante recientemente, por más que la eficacia desplegada en los últimos meses de su gestión le

rehabilitara ante el ministro del Interior, es otro indicador de las escasas posibilidades de relevo entre los

mandos de la Policía Nacional.

Precisamente en este contexto es donde se puede apreciar la gravedad de la crisis abierta por las

dimisiones de estos días y muy en concreto por el general Bartret, quien, a pesar de la invitación de sus

superiores, tanto en la línea militar como en la política, de que reconsiderara su dimisión —al parecer

puso como condición para ello la sustitución del señor Martín Villa— convocó el pasado jueves a todos

los jefes de circunscripciones de la Policía Nacional para exponerles las razones de su dimisión desde una

perspectiva de «honor militar». Es probable, aunque EL PAÍS no lo ha podido confirmar, que el escrito en

el que el general razona su actitud haya llegado también a otros mandos inferiores de la Policía Nacional.

La «cuestión de honor» en que basa su descontento el ex general subinspector tiene su punto de partida en

las razones aducidas ante él por el teniente coronel Valverde para dejar el mando como segundo jefe de la

circunscripción de Madrid. En principio, el teniente coronel Valverde adujo motivaciones de índole

personal, pero ante la insistencia de su superior explicó su dimisión como resultado de un encuentro con

el ministro del Interior. En su opinión, el señor Martín Villa tenía en rnuy poca estima la valía de la

Policía Armada, y sobre todo había hecho un comentario en la reunión sobre la actitud de la esposa de un

alto militar en el funeral por el general Ortín y ciertos aspectos de su vida privada. Este comentario era

«la cuestión de honor» que le obligaba a pedir el reingreso al Ejército.

El teniente coronel çValverde, según consta a este periódico, no exteriorizó su contrariedad con ninguna

afirmación hecha en el transcurso de la reunión, participó en los comentarios sobre el tema tratado y no

abandonó la sala hasta que se dio por finalizado el encuentro.

El ministro del Interior, según ha sabido EL PAÍS, tuvo palabras muy duras para la actuación de

miembros de la policía en el funeral por el general Ortín y por su comportamiento respecto al teniente

general Gutiérrez Mellado.

Oficiosamente comentaba a EL PAÍS una fuente próxima al Gobierno que no deja de ser sorprendente

cierto sentido del honor ante un supuesto comentario de alcance restringido ante cuatro personas y la

pasividad de comportamiento ante insultos públicos al ministro de la Defensa, que «también es militar»,

al presidente del Gobierno y al propio Jefe del Estado.

En otro orden de cosas, ayer fueron diversas las reuniones de trabajo en torno al orden público. Además

de la reunión de la Moncloa antes aludida, el ministro del Interior mantuvo un almuerzo de trabajo con

mandos de la policía, y por la tarde el director general de Seguridad despachó con todos los jefes

superiores de policía. Por otra parte, ayer se reunió en Madrid el Consejo Superior del Ejército.

 

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