Los acuerdos de Bucarest subrayados en la Moncloa. 
 Pacto Suárez - Carrillo  :   
 Dos totalitarios con rostro se estrechan la mano. 
 El Alcázar.    26/10/1977.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL ALCÁZAR

Director Antonio IZQUIERDO

Los acuerdos de Bucarest subrayados en la Moncloa

PACTO SUAREZ – CARRILLO

Dos totalitarios con rostro se estrechan la mano

ESTAS manos sallan un pacto en al que no hamos participado tos que vamos a sufrir sus

errores. Entra Suárez y Carrito se ha llegado a un acuerdo que, para al segundo, es la etapa

penúltima da una trama, cumplida minuciosamente y programada en el Congreso de Bucarest.

Ni las leyes que siguen vigentes, ni las instituciones da la democracia han sido tenidas en

cuenta al pactar. Dictatorial, Suárez ha salado al acuerdo con el astuto representante da una

Internacional. Si al pueblo eligió la reforma democrática y la puso en manos de la U.C.D., se

encuentra, ahora, con el avance espectacular y trágico de un partido totalitario, al que apenas

voto una minoría. Una bien montada campaña de imagen pretende confundir a este pueblo,

siempre sufrido y confiado, de que hay un comunismo malo —el de to U.R.S.S.— y otro bueno

—el del antiguo responsable de la Seguridad publica—, cuando tos cementerios se llenaron de

seres que, antes de ser asesinados, eran profanados y torturados.

Las fuerzas sindicales fueron ignoradas: soto U.G.T. y Comisionas Obreras han sido llamadas

al diálogo, y cuando ya todo estaba hecho. Además, el presidente se ha permitido decir que tes

conversaciones no podían variar un ápice el programa aprobado. Por lo demás, ¿qué

trabajadores decidieron la eliminación como interlocutores de los sindicatos no marxistes? ¿En

qué queda la pretendida libertad de unas organizaciones obreras, a las que no se oye ante una

reforma económica y sólo se escucha, a posteriori, a dos Centrales, por rara casualidad

partidarias del pacto?

Las manos tronzadas de Carrillo y Suárez han tejido una cesta por donde rezuma el agua de

España: ese agua viva, interior, que afloraba desde el alma del pueblo por el brocal de la

esperanza, ahora, una vez más, tronchada.

 

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