Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Cortes ; Con el tablero electrónico convertido en protagonista. 
 El Congreso aprueba la reforma fiscal en una sesión larga y accidentada     
 
 Informaciones.    26/10/1977.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

CON EL TABLERO ELECTRÓNICO CONVERTIDO EN PROTAGONISTA

El Congreso aprueba la reforma fiscal en una sesión larga y accidentada

Por Lorenzo CONTRERAS

MADRID, 26 (INFORMACIONES).

CON rosones de orden político, ético y económico defendió ayer el ministro de Hacienda, señor

Fernández Ordóñes, la ley de Medidas Urgentes de Reforma Fiscal, que contempla, entre otras

novedades, el impuesto sobre el patrimonio neto, el incentivo fiscal aplicado- a la creación de puestos de

trabajo, la creación del delito fiscal, la supresión de los obstáculos o la investigación de fortunas y la

moratoria para cumplir con el Fisco. Esta ley fue conceptuada por el ministro como «reto» para una

sociedad —la española— «Que vive todavía una doble moral, exigente en las relaciones privadas y

degradada en las relaciones públicas», y que todavía «no ha comprendido que el fraude al Estado es el

fraude a los demás».

ALIANZA POPULAR SE ABSTUVO EN TODAS LAS VOTACIONES Y LOS SOCIALISTAS

PERDIERON SUS ENMIENDAS

Difícilmente cabía imaginar que en una jornada política tan cargada de acontecimientos como la de ayer,

el Pleno del congreso de los Diputados iba a representar uno de los más tensos, curiosos y complicados

debates de la vida parlamentaria. Se esperaba que el proyecto de ley de Medidas Urgentes de Reforma

Fiscal pasara por la sesión plenaria sin demasiadas dificultades, una vez superado el obstáculo inicial de

la Comisión de Economía y Hacienda. No fue así. Las enmiendas socialistas no prosperaron, pero el

trámite de las votaciones se hizo lento tema electrónico funcionó «deliberadamente» mal. Quiérese decir

que los diputados —no todos, claro— hicieron cuanto al alcance de su mano estuvo para amargarle la

sesión al presidente de la Cámara. Y lo que estaba a mano era el pulsador que hacia funcionar el tablero

luminoso donde las votaciones quedaban reflejadas. Una vez tras otra, de modo interminable, las cifras

del tablero dejaron de coincidir con la realidad. No debe extrañar que, rotos los nervios por este nuevo

tipo de «filibusterismo» que consistía en pulsar mal los botones o dejar la llave de cada sistema individual

introducida cuando debía estar fuera, el presidente de la Cámara, señor Alvarez de Miranda, acabara

perdiendo los papeles y en uno de los recuentos llegase a "cantar» nabia trece.

ALIANZA TROPIEZA CON EL P.S.O.E.

El «procedimiento maldito» de la electrónica hizo que la sesión durase más de cinco horas cuando pudo

quedar en tres. Siendo ya bastante tarde, el señor Praga Iribar-ne pidió la suspensión de la sesión hasta el

día siguiente, pero, sometida esta cuestión al parecer de todo el Congreso, fue derrotada en una votación

que también llevó su tiempo y sus discusiones previas. Por si faltaba algo, Alianza Popular tenia

presentado, fuera del plazo que establece el actual Reglamento, un voto particular que no pudo ser

defendido por la negativa socialista. El voto particular hacía referencia al impuesto sobre inversiones

mobiliarios y A.P. quería resaltar que en tiempos de crisis económica y depresión bursátil dar el mismo

trato fiscal a los valores

mobiliarios que a los otros representaría una injusticia, una falta de equidad y, según diría después López

Rodó, cuando le permitieron explicar el voto de su grupo, un incentivo para la «desviación de recursos

financieros hacia objetivos de menor interés social», sean comprar joyas, adquirir terrenos o fijar el dinero

en «inversiones" seguras.

El P.S.O.E., a través del señor Peces Barba, recordó —para detener la enmienda o voto particular de los

alian-cistas— que los compromisos son sagrados y que el Reglamento es el Reglamenta

Incluso habló de «golpismo parlamentario» a la hora de las argumentaciones. Los plazos para enmendar

no habían sido respetados y, en consecuencia, Alianza debía resignarse a perder la partida. El malhumor

de los diputados de este grupo fue ostensible hasta el final de la sesión y se expresó en forma de

abstenciones sistemáticas en todas las votaciones de los artículos, que fueron aprobándose por capítulos

enteros. Sólo en las disposiciones fi-nales y derogatorias, el abstencionismo aliancista quebró, y ello en

base a que el contenido de alguna de estas normas respondía a una propuesta del partido que en cabeza

Manuel Fraga Iribarne.

EL IMPUESTO SOBRS LAS PERSONAS JURÍDICAS

La sesión tuvo, en el plano del debate puro, tres momentos importantes: cuando los socialistas pidieron un

impuesto excepcional y transitorio sobre el patrimonio de las personas jurídicas, cuando los socialistas

catalanes reclamaron la investigación de las cuentas canearlas y sus movimientos a partir del 11 de julio

de 1977 y cuando Pedro Sodupe —diputado del Partido Nacionalista Vasco— trató de que se diera

lectura a un escrito relacionado con el aniversario de la abolición de los fueros vascos en 1879.

En el primer caso, los planteamientos dieron ocasión a una batalla dialéctica, cuyos protagonistas fueron

Baldomcro Lozano, diputado del Partido Socialista Obrero Español, y Jaime García Año-veros, diputado

de la U.C.D. Ambos son profesores, lo cual proporcionó especial altura a la discusión. El señor Lozano

habló de la «alegre sustitución de hombres por maquinas con cargo al fondo fiscal para inversiones», y

advirtió que la preocupación socialista se orientaba hacia la pequeña y mediana empresa, aunque en modo

alguno se pretende desde el Partido Socialista Obrero Español descapitalizar a la grande. García Añoveros

replicaría que no es preciso gravar a las personas jurídicas discrimi-nadamente ni someterlas a controles

adicionales. Hizo un repaso de las industrias que resultarían «penalizadas» y aludió al riesgo de un

«desánimo total de la inversión en un momento económica-mente inoportuno». En muchos casos, las

sociedades gravadas podrían carecer de beneficio y, cuando éste no existe, el impuesto pierde su sentido.

Salieron a relucir las posibilidades de Hunosa, la Renfe, Iberia y, en general, las empresas del I.N.I.

Baldomero Lozano contraatacaría con referencias a las «manos muertas». Antes, García Añoveros había

mencionado como "razonable" el impuesto sobre fundaciones en algunos casos.

TAMAMES SE IMPONE A VOCES

Un turno en defensa del proyecto consumió el «ucedis-ta» Rodríguez Miranda, abogado del Estado, de

Palma de Mallorca, y otro en contra, el socialista Enrique Barón, que ya en la primera parte de la sesión

habla solicitado la nacionalización de la Trasme-diterránea. Dijo Barón Que en el tema de ios impuestos

sobre las personas jurídicas «lo que nos interesa es el ejemplo y la claridad».

Este debate se complicó cuando el comunista Ramón Tamames solicitó la entrada a trámite de una

enmienda «in voce» por la cual el P.C.E. variaba de actitud respecto al asunto y, en vez de abstenerse,

apoyaba la postura socialista. Protestarla Pérez Horca, portavoz de U.C.D., porque «el turno de

rectificación es para conceptos vertidos, no para alterar enmiendas». Pero el caso fu eque, pese a las

resistencias del presidente del Congreso, Tamames logró lanzar su discurso, en ocasiones elevando la voz

por encima de la del señor Alvares de Miranda. Baldomero Lozano concertaría su enmienda con la

precisión de que el gravamen sería del 0,5 por 100. La votación se perdió. Pero fue justamente a partir de

este instante cuando las imprecisiones en los cómputos y los fallos del sistema electrónico determinaron

inútiles v en ocasiones delirantes votaciones sucesivas. Los socialistas catalanes sugirieron que se

abandonase el procedimiento del tablero luminoso, pero éste continuó, alternando con el sistema

tradicional de votar a base de levantarse y sentarse. Los secretarios hacían mal ios recuentos, no se ponían

de acuerdo entre ellos y acababan discutiendo con el presidente, quien, de ves en cuando, dirigía miradas

angustiadas al tablero y comentaba: «El sistema signe sin funcionar.»

Por fin se recurrió al procedimiento de recontar fila por fila de escaños. «No hay otro remedio», adujo

Alvarez de Miranda, como si estuviese descubriendo un recurso heroico. La decisión definitiva fue la

derrota de la enmienda socialista por 147 votos contra 164. Entre estos votos adversos estuvieron los de

algu nos destacados miembros de la minoría catalana (Canyellas, Roca, Trias Vargas, etcétera).

TRIAS PARCAS, CONTRA LA RETROACTIVIDAD

Los catalanes volvieron a dividirse (también los vascos) cuando se votó la enmienda del grupo Socialistes

de Catalunya, que proponía la investigación de las cuentas a partir del 11 de julio, como antes se indicó.

Ernest Lluch razonó la petición recordando que «desde el 1 de enero ha habido un movimiento de

capitales contara el proceso de democratización, además de una serie de maniobras contra el Gobierno».

Trías Far-gas subió seguidamente al estrado de oradores para oponerse a la pretensión socialista en razón

a que «no hay sistema jurídico verdadero si no hay seguridad jurídica, cuya destrucción garantiza la

retroactividad». Otro catalán, el socialista Rodolfo Guerra, replicaría que no cabe hablar de

penalizaciones ni inseguridades, sino de aceptar o rechazar la posibilidad de que se Instruyan

investigaciones «contra quienes han evadido capitales». El voto particular fue derrotado por una dife-

rencia mínima: 142 votos contara 147. Mientras tanto, el tablero luminoso continuaba mintiendo. ES

presidente del Gobierno seguía las incidencias con cara de pocos amigos. Cuando, antes de que la sesión

terminara, se ausentó momentáneamente del hemiciclo, Alvarez de Miranda cedió el puesto presidencial,

también por breves minutos, al vicepresidente primero del Congreso, el socialista Luis Gómez Llorente.

Para entonces, la sesión daba gas últimos «coletazos». Del Valle Menéndez explicaba que la no

abstención de Alianza Popular en las disposiciones finales respondía a que los impuestos establecidos en

el régimen económico y fiscal de las islas Canarias tendrán un plazo de dos meses para «acomodarse».

Pedro Sodupe, en cambio, basaba la abstención de la minoría vasca en el hecho de que la disposición final

segunda prima al centralismo para el caso de Navarra, pues en materia fiscal «se estará a lo dispuesto en

el vigente convenio económico respecto a la armonización de los regímenes fiscales común y foral».

El señor Aizpún, diputado navarro de U.C.D., pidió la palabra para señalar dos cosas: que «también

nosotros estamos contra la disposición final segunda» y que la moción vasca, cuya lectura pretendía

Sodupe, «es también de los navarros».

EL BANCO AZUL

El banco azul había seguido los debates con intensa atención en muchos momentos. Cuando fracasó el

voto particular aliancista, Fernández de la Mora bajó a conversar con Adolfo Suárez. El diálogo fue muy

vivo. Junto al presidente se encontraba el ministro de Hacienda, distante del ministro de Obras Públicas.

Fernández Ordóñez y Garrigues estaban en el centro de la curiosidad política por sus «pactos» específicos

presumibles frente a otros presuntos «pactos» democristianos, dentro todo de U.C.D. Y, sin embargo,

Garrigues está contra el contenido socioeconómico de los acuerdos de la Moncloa y, por tanto, frente a

Fernández Ordóñez en esta cuestión concreta. Un Fernández Ordóñez que decía en su discurso

proreforma fiscal: «El acuerdo firmado hoy (en la Moncloa) demuestra con claridad que el papel

constituyente de estas Cortes no va a limitarse a elaborar una constitución política, sino a profundizar en

alguna de las condiciones que garanticen la pervivencia y estabilidad de una convivencia en libertad». Y

añadía: «En este cuadro de renovación o de reforma, que tiene alcance estructural, se incluye este

proyecto de ley...» Y también: «La reforma riscal no es un mecanismo de cosmética social», sino «una

parte del cambia institucional necesario para reorientar a la sociedad española...».

Fernández Ordóñez terminaba, después de rendir tributo de «respeto y atención a la empresa privada»,

con estas palabras:

(«Esta reforma nos llega tardíamente, con el saber de los frutos largamente madurados. Quizá por ello es

ya el patrimonio consolidado durante muchos años de anos ideales de justicia que se han hecho

irreversibles. Vivimos tiempos difíciles, donde son necesarias más que nunca las grandes pruebas

solidarias. Creo que, modestamente, esta ley es una de ellas. Ojalá podamos decir, una vez más, que allí

donde alienta el peligro, también crece la esperanza.»

 

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