La torpeza calculada de TVE     
 
 Diario 16.    27/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

La torpeza calculada de TVE

Durante la retransmisión de la firma del pacto de la Moncloa, ceremonia, a la que se quiso dar una

solemnidad que tal vez las circunstancias aconsejaban, tuvimos ocasión de presenciar, y en directo,

algunos de los vicios que arrastra nuestra televisión cuando se enfrenta con la captación directa de las

realidades, y se se obligada a prescindir de los filtros del "diferido", en los que puede amañarse, con

mayor o menor sutileza, la información y ponerla más al gusto de la casa, fuera de imprevistos.

Efectivamente, nuestra televisión quiso estar, y quiso llevarnos, al corazón de un hecho histórico. Su

gesto es de agradecer, porque no lo prodiga. Pero hay más: incluso en directo se las arregló para visionar

el suceso con una actitud restrictiva de enfoque, y con una evidente parcialidad en la comprensión del

sentido del acto, que fue adulterado por la propia disposición de las telecámaras y la mutilación del

desarrollo de la ceremonia retransmitida.

Había, cuando menos, dos cámaras, pero sólo una fue empleada para la visualización de las firmas. Esta

se colocó en uno de los flancos estrechos de la mesa, de espaldas a Tierno Galván, dejando de perfil,

aplastados e incluso ocultos por el ángulo de enfoque, a todos los miembros de los partidos, para dejar ver

sólo de frente la cara de Suárez, que fue al único que se vio realmente firmar, con excepción de Fraga, al

que le cayó en suerte un hueco en la mesa que permitió distinguirle de la fila anónima y sin rostros. El

resto nos lo tuvo que contar el locutor Delgado, que no paró de hablar, probablemente dándose cuenta de

las oscuras y chatas imágenes-

¿Torpeza o cálculo? Probablemente ambas cosas coordinadas: una torpeza calculada, que quedó

refrendada como tal cuando, a continuación de las firmas, nuestra televisión tuvo ocasión —y la perdió—

de ratificar con su ejemplo el propio sentido del pacto, y hacer hablar de él en directo a todos sus

protagonistas. Lejos de ello, la cámara comenzó a seguir a la figura de Suárez y prácticamente se la soltó

ya hasta el final de la emisión. Sólo 61 habló al país y el resto de los representantes de los partidos quedó

para las cómodas distribuciones "diferidas" del "Telediario". Y la televisión, que quiso estar en el centro

de la historia, estuvo allí para escamotearla una vez más.

En rigor, TVE empobreció en su emisión el espíritu del pacto dé la Moncloa, un pacto, no lo olvidemos,

que también le incluye a ella. Pero genio y figura hasta la sepultura. El acto de la Moncloa pasó por la piel

de este elefante informativo sin que, por supuesto, se diera por aludido. Aferrada a la ley de la lealtad al

poder, ignoró que lo que estaba haciendo ver al país era un reconocimiento del poder de su necesidad de

compartir con la oposición la plataforma de su acción futura, como punto de partida para acabar con la

herencia de la dictadura, una herencia que estaba allí, en pleno ejercicio de sí misma, a través del cálculo,

la torpeza y el carácter reverencial de las cámaras televisivas, pendientes de Suárez y alardeando de un

ostensible olvido de los otros protagonistas, al menos de la misma talla histórica en aquel momento que el

presidente.

Dificultades técnicas, ninguna: tres cámaras, e incluso dos, situadas con mínima intención democrática,

hubieran captado ía totalidad del acto, sus gestos menores, el propio eco personal de su trascendencia. La

firma de Suárez era, en este marco, casi un asunto obvio. No lo era, en cambio, la de González, la de los

catalanes, los vascos, o la de Carrillo: ésa era precisamente la peculiaridad histórica del acto, que TVE no

supo o no quiso —es lo mismo, porque unos profesionales de la información no tienen derecho a no saber

hacerla— asumir.

 

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