El pacto: Ni bueno, ni malo, inevitable     
 
 Diario 16.    27/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Jueves 27-octubre 77/DIARIO 16

EL ESCRITORIO DE MENDIZÁBAL

El pacto: Ni bueno ni malo, inevitable

Con un cierto parecido con la situación española al principio de la década de los 30, nuestro país estrena

democracia en el fondo de una grave crisis económica mundial. No hemos tenido suerte por segunda vez.

Esperemos que el país sepa resolver su crisis por vías más civilizadas que las de entonces.

Esta maldición que nos persigue, hace que muchas personas asocien democracia y caos económico como

una relación de causa-efecto. Para ser justos, sin embargo, hay que decir que la crisis y el desajuste de la

economía española empezó a finales de 1973, dos años antes de morir Franco, y que si hoy todos

reconocen la gravedad de la situación, es porque durante estos cuatro años tal situación se ha dejado

degradar, y en ello tienen tanta responsabilidad los últimos gobiernos de Franco como los de la

monarquía.

Volver a encontrar el equilibrio perdido de una economía con las ruedas pin chadas, es sin duda, tarea

prioritaria, si no queremos acabar entre todos con una democracia que tiene cuatro meses de edad y que,

por supuesto, tiene muchos defectos, pero que, por lo menos tiene el mérito de existir a la que el país ha

accedido, sin grandes convulsiones. No es poco.

Partiendo de esta base hay que sanear la economía española urgentemente. Para conseguirlo contamos

con pocas soluciones técnicas y harán falta no menos de dos años de dificultades hasta ver la luz. Por

desgracia, la ciencia económica no dispone de recetas milagrosas, sino solamente de medidas bien

conocidas; como contener el crecimiento de las rentas salariales y no salariales, una política monetaria

restrictiva, devaluación, control financiero del sector público, etc.

Un Gobierno como el actual, sino cuenta con una mayoría en el Parlamento, emanado de una coalición

centrista formada la víspera de las elecciones de Junio, no es ciertamente el más indicado para acometer

semejante tarea. El resultado sería en lo político la sentencia de muerte del actual Gobierno y con ella la

volatización de la Unión del Centro Democrático al desaparecer del poder el único cemento que la

aglutina: Suárez. Las consecuencias políticas de un posible naufragio del centro son hoy imprevisibles. Y

en lo económico, el resultado sería igual de peligroso: otra oportunidad perdida de saneamiento

económico mientras los desequilibrios aumentarían considerablemente.

Por todo esto la ejecución del programa Fuentes Quitana necesitaba algún tipo de acuerdo con las fuerzas

políticas salidas de las primeras elecciones de la democracia. En términos muy pragmáticos, habría que

decir que el acuerdo de la Moncloa no es ni bueno ni malo, sino simplemente inevitable, la única salida si

se quiere sanear la economía española en este momento. Recordar que en 1959 se hizo una operación

parecida sin necesidad de pactar nada con nadie, es olvidar que entonces el país era una dictadura sin

partidos, sin sindicatos y sin prensa. Aparte de que el contexto económico mundial es hoy mucho menos

favorable que entonces, y esto significa que ahora el ajuste será más difícil, los sacrificios mayores y la

recuperación, más lenta.

¿Qué tipo de acuerdo se precisa? Aquí es donde se producen distintas alternativas. Hay solamente un

punto esencial: Aceptar la necesidad de reequilibrar la economía española y los medios antes citados para

lograrlo. En términos del documento de la Moncloa, prefijar la política económica para 1978 y 1979. El

resto son solamente contrapartidas que se ofrecen a los partidos de izquierda a cambio de que éstos

acepten el programa básico y convenzan a las centrales sindicales para que no lo boicoteen. Se trata de

medidas de redistribución, vía servicios públicos (educación, urbanismo, Seguridad Social) y de

modernización (agricultura, sistema financiero).

De los aspectos concretos se ocupará Mendizábal en próximos artículos.

 

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