Autor: Vicent, Manuel. 
   La dicha de un papel firmado     
 
 El País.    28/10/1977.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

-CRÓNICAS PARLAMENTARIAS

La dicha de un papel firmado

MANUEL VICENT

Frente al palacio de las Cortes, antes de comenzar la función, había esta tarde una manifestación de

farmacéuticos. Realmente era muy propia. Porque la sesión del Congreso se ha establecido hoy en un

clima medicinal, lo que se dice una pura farmacopea económica. Es decir, que los líderes de los grupos

parlamentarios, constituidos en equipo médico habitual, después de firmar el pacto de la Moncloa sobre el

consabido tumor fibroso de este país, se han acercado al hemiciclo para explicar el cuadro médico.

Sucedía una cosa rara. En el ambiente de las Cortes estaba establecido un optimismo reservado, una

mezcla de consulta de cirujano y de despacho notarial después di la firma de unas capitulaciones

matrimoniales. El alivio se deriva del hecho de que los doctores han coincidido en el daño, de que las

partes contratantes no se hayan tirado los trastos a la cabeza. Se trata de esa clase de dicha que producen

siempre las pompas de la formalidad, el descubrimiento de las minas del rey Salomón llena de claves o

soluciones sobre el papel. De momento ya sabemos que lo nuestro es cáncer. A ver qué vida.

El turno ha comenzado por el cirujano mayor, Fuentes Quintana, que ha hablado con la mascarilla puesta,

golpeando el síndrome de la economía con el puño en el vacío, a borbotones, con una tonadilla de

revolución pendiente. Con una rudeza poco protocolaria, para abrir boca, ha quitado la venda y las gasas,

como un catedrático que muestra a los internos la herida del enfermo, rodeando el camastro. EL Gobierno

en este sentido está equipado perfectamente. Fernández Ordóñez es el fino analista. Martín Villa está a

cargo de la anestesia. Fuentes Quintana ejerce de duro cirujano. Y Suárez, por su parte, tiene una gracia

especial para explicar la desgracia a los familiares.

En esta consulta médica en torno a la crisis económica, cada grupo parlamentario ha dado su opinión.

Primero Sánchez Ayuso, del PSP, con un fru-fru de remedios con una voz opaca. Después Revenios, con

una lección marxista contra el capitalismo en general, y contra los responsables de esta crisis, en

particular. Luego ha llegado Carrillo, muy puesto en vedette, precedido por un murmullo de expectación.

Y es que este hombre nunca defrauda al público. Habla con buena voz, matiza las tarascadas, divierte a la

parroquia con una ironía campechana, emplaza al Gobierno y, al final, siempre acude, en un efecto que

nunca falla, a su fijación predilecta de poner unas banderillas llenas de ternura a los socialistas.

Durante el entreacto en el bar,- la gente removía el azúcar del té con un bisturí. Y comentaba que Carrillo

habla con una autoridad de primer ministro, con una convicción de hombre de Estado que reparte

consejos, da avisos, vaticina desgracias, promete venturas según sea el comportamiento de los

muchachos. Lo mejor de Carrillo es la respuesta que provoca en los socialistas, que están siempre en eso

de no dejarse pisar el terreno. Y la cosa queda establecida en el mismo rito: una lucha irónica entre los

ardores del neófito y los malabarismos dialécticos de la veteranía, entre una voluntad apasionada y los

resabios de un quinqueño.

La sesión del Congreso continuaba por la noche con la intervención programática de los grupos

parlamentarios, una música de buena voluntad, un fondo de asentimiento al pacto económico sincopado

de advertencias, de reservas, de deseos de que el papel firmado se cumpla. Lo más esperado eran las

matizaciones de Felipe González. Y el cierre del diagnóstico del presidente del Gobierno, Tampoco es

necesario oír más. Adolfo Suárez sube por primera vez a la tarima del Parlamento a representar un papel

que le va a la medida. Lo suyo es lo del galán en peligro, lo del protagonista maravilloso en ¿«puros que

pide ayuda. Es como un duro que juega a antihéroe y disfraza sus habilidades con un toque de humildad y

asume con resignación cristiana una culpa colectiva. Suárez tiene una dicción muy adaptada al relato de

esta desgracia. Pero el parte medicó se ha firmado, se ha explicado. Ahora hay que operar.

 

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