Autor: Delgado, Alberto. 
   Ganadores, todos     
 
 Arriba.    28/10/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

GANADORES, TODOS

Fue una sesión muy larga, muy densa, con un prólogo en forma de firma de pacto político. En

principio se había pensado que fuera en el despacho del Presidente de las Cortes. Pero en

seguida se vio que solamente con los informadores gráficos y con las cámaras de televisión

estaban como un vagón de Metro en hora-punta, y se decidió que la firma se celebraba en el

«salón de Ministros», que no suelen emplear los Ministros, sino la mesa de las Cortes, la Junta

de Portavoces, la Comisión de Competencia Legislativa..., firmaron todos (menos el señor

Fraga, que no era partidario), y dio comienzo el Pleno. Era un Pleno de dicursos. Y lo inició,

con ese tono entre profesoral y convincente que le caracteriza, el Vicepresidente señor Fuentes

Quintana. La radiografía de la crisis, de las posibles soluciones, y unas palabras finales de

confianza, de economía a! servicio de la democracia. En una Cámara que no suele prodigar el

aplauso, la acogida generalizada al discurso del señor Fuentes Quintana fue favorable.

Vino después el señor Sánchez Ayuso, que empezó la serie de los «sí..., pero no», es decir, de

los aspectos del pacto que no le convencen, de los que se han introducido por las aportaciones

de su grupo, y de lo que se ha quedado fuera. En esa línea intervino el señor Raventós,

subrayando, más si cabe, la crítica a sistemas anteriores, pero insistiendo en que, ya hacía dos

meses, su grupo había anunciado la necesidad del diálogo entre Gobierno y oposición. El señor

Raventós, que es socialista, ve a largo plazo una alternativa socialista, lo cual es perfectamente

coherente con su pensamiento.

El señor Carrillo, como aperitivo de la conferencia que iba a pronunciar después en el Club

Siglo XXI, estuvo en el tono campechano, con ribetes de humorismo, y con claras ironías, que

había utilizado en sus anteriores intervenciones parlamentarias de esta etapa. Lanzó un «viaje»

a televisión, y pidió al Gobierno que redujera los sueldos de los Ministros y presidentes de

empresas públicas, así como que renunciaran a sus coches, para dar ejemplo, sin renunciar,

por su parte, a las «puyas» al partido socialista a las que también nos tiene acostumbrados.

Luego intervino el señor López Rodó, más agresivo que otras veces, defendiendo al

empresariado, y advirtiendo a su izquierda que es donde se sitúan los grupos de izquierda:

—¡Sin amenazas!

El señor Pujol estuvo conciliador. El señor Pérez Llorca, breve y ajustado, defendiendo, como

es lógico, el pacto, sin grandilocuencia, con sencillez.

Los dircursos se sucedían, y cuando el señor Sodupe iba por la mitad del suyo regresó el señor

Fraga, y luego el señor Carrillo, y algunos diputados salían a estirar las piernas, y las tribunas

de público, que estaban repletas, y en consecuencia incómodas, seguían los acontecimientos,

y la flamante vicepresidenta femenina, doña María Victoria Fernández España, tomaba notas

sin parar en un bloc, que a distancia parecía cuadriculado.

Habló don Felipe González. Lo hizo sin leer, con contundencia, yendo derecho al grano.

Comenzó diciendo:

—El mejor favor que se puede hacer a la Cámara es la brevedad, después de una sesión que

se está volviendo muy pesada.

Bueno, pues breve, breve, lo que se dice breve, no fue, porque tenía que decir muchas cosas,

responder a varios argumentos, especialmente del señor Carrillo, al que le recordó su frase:

«Dime de lo quep resumes, y te diré de lo que careces», para resaltar los grandes esfuerzos de

algunos grupos por demostrar que son demócratas. Algunas frases del señor González hicieron

sonreír al señor Suárez. Lo que el señor González vino a decir, aparte de insistir en que su

partido asumía responsablemente la totalidad del compromiso establecido, era que a cada uno

lo suyo. Que él no va a defender los intereses de los empresarios, porque no se lo van a creer.

Y que el partido socialista cuenta con lo que tiene, no con lo que dice que tiene (otro «viaje»).

Y, por último, don Adolfo Suárez. El Presidente del Gobierno empleó, creemos que a propósito,

un tono coloquial, bajando el volumen de su voz, con los brazos apoyados sobre el pupitre.

Huyó deliberadamente de posibles triunfalismos:

—En la preparación del programa, y en su aceptación, no hay más ganador que el pueblo que

un día nos otorgó su confianza a cuantos estamos sentados en estos escaños.

Lo que se ha establecido con el pacto de la Moncloa, dijo el Presidente, es la plataforma básica

de convivencia aceptada por la mayoría de los españoles, cualquiera que sea su ideología o su

proyecto de sociedad. Es, en consecuencia, un punto de partida, un compromiso en el que

cada parte tiene que cumplir el papel que le corresponde. Por su parte, el Presidente anunció

que «el Gobierno asumirá íntegramente los compromisos que este pacto implica».

Al final, felicitaciones mutuas, aplausos, y una votación a la que sólo el señor Letamendia faltó

para la unanimidad. Con el largo pleno de ayer no se ha hecho sino empezar una etapa llena

de dificultades, un reto en el que están en juego muchas cosas importantes.

Alberto DELGADO

Viernes 28 octubre 1977

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