Autor: Medina González, Guillermo. 
   La estrategia del Pacto de la Moncloa     
 
 El País.    29/10/1977.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

POLÍTICA

EL PAÍS, sábado 29 de octubre de 1977

TRIBUNA LIBRE

La estrategia del Pacto de la Moncloa

GUILLERMO MEDINA Secretario de información de la UCD

Si la propuesta de un Gobierno de coalición la descartan todos los partidos interesados, lo cual convierte

en impracticable y voluntárista su planteamiento, la tesis del Gobierno de concentración tiene sus

partidarios y una mayor capacidad de argumentación y de lógica. Sin embargo, la propuesta de un

Gobierno de concentración nacional es de difícil materialización, no porque deba ser excluida por

principio, sino porque hoy por hoy la mayoría de las fuerzas políticas que habrían de integrarlo, con la

sabida excepción del PCE, su principal sostenedor, no lo consideran necesario. Unos temen las

consecuencias del eventual fracaso de un hipotético Gobierno de concentración; otros, como el profesor

Tierno, creen que no hay que quemar el «último cartucho», la última posibilidad en caso dt emergencia.

Otros aducen con lógica que´ comenzar a definir ahora un programa mínimo para un Gobierno de

concentración paralizaría el país durante dos o tres meses, tiempo mínimo necesario para que ese

Gabinete resultara operativo.

A todos estos argumentos, ciertamente de peso, liay que añadir otro que a mi juicio es fundamental,

porque no sólo tiene en cuenta la gravedad dé la_ crisis económica y las limitaciones del cuadro político

actual, sino que trata de preservar las posibilidades futuras de estabilidad democrática. Todos estamos de

acuerdo en que es.preciso salir de !a crisis económica para consolidar la democracia. Esto exige

solidaridad y corresponsabilidad de las fuerzas políticas, pero no olvidemos que contemporáneamente a

las soluciones económicas debemos definir un cuadro político estable dentro del cual las fuerzas que

gobiernan deben diferenciarse de las que ofrecen una alternativa democrática válida.

Política de diálogo

Lo anterior vale tanto para la hipótesis de Gobierno de concentración como para la propuesta de Gobierno

de coalición. Insisto que me parece más seguro para la democracia, más propicio a la futura

normalización de una dialéctica Gobierno-Oposición, incluso más operativo, viable y práctico en las

actuales circunstancias, la práctica de una política de diálogo, la definición por el Gobierno de un

programa de consenso, negociado con y apoyado por las fuerzas políticas, sin quemar por eso las

posibilidades de alternativa política de la Oposición. La estrategia del Gobierno de pacto es la única que

permite afrontar negociadamente la crisis sin aplazar peligrosamente la definición de un cuadro con

alternativa democrática estable.

Asumir la responsabilidad de Gobierno rio es hoy un caramelo. Fuerzas políticas hay que renunciaron a

priori para «no gastarse». Todos lo sabemos y muy pocos lo reconocen. Momentos hubo en que los

socialistas podrían haber .entrado en el Gobierno, tras las elecciones. Suárez no lo consideró oportuno y

no explicó porqué. Pero quiero avanzar una hipótesis de análisis político personal." Metiendo a la

principal fuerza de Oposición en el Gobierno, Suárez habría obtenido una amplia mayoría parlamentaria

al tiempo que privaba a sus principales adversarios de los beración era posible si se tiene en cuenta que

UCD practica una política de reformas y que los socialistas llegaron a afirmar que el Gobierno estaba

plagiando el programa del PSOE (o su primera fase). ¿Por qué, entonces, no se hizo la coalición? Porque

dejaba al país sin alternativa política y esto no le interesaba a UCD ni al PSOE, pero sobre todo no le

interesaba al país. Suárez debió renunciar así a un beneficio circunstancial a cambio de no comprometer

la estabilidad política futura, Suárez intenta encontrar soluciones a los problemas de hoy, pero sin perder

de vista la definición de un cuadro político estable a más largo plazo. Probablemente así lo vio también

Felipe cuando su partido se plantó en el no al Gobierno de coalición.

Una alternativa válida habría sido el Gobierno de pacto (no coalición) UCD-PSOE. Ambos partidos, con

gran mayoría de los votos en las pasadas elecciones, podrían haber organizado una relación bipolar y

bilateral tjue hubiera sido a la vez de negociación y de oposición. Ese es el camino que presagiaban las

buenas relaciones PSOE-UCD tras las elecciones. Pero después se ha vuelto impracticable por el apremio

del PSOE en convertir la «alternativade Poder» en estrategia para desplazar de inmediato a UCD después

de intentar dividirla.

En esta´ compleja cuestión debemos distinguir entre la responsabilidad del Gobierno y la gestión de la

crisis. El primer deber de un Gobierno es gobernar, por lo cual recae sobre el que preside el señor Suárez

la responsabilidad, como ejecutivo, de llevar la iniciativa en .la acción política frente a la crisis. El

Gobierno está respaldado por un resultado electoral y debe asumir plenamente la función de gobernar,

que posteriormente. Serán los electores los llamados a juzgar. Pero el Gobierno y la UCD no pueden

asumir aisladamente toda la responsabilidad política que requiere la gestión de. la crisis.. Igual sucedería

si &1 PSOE estuviera en el lugar de la UCD o incluso si ambas fuerzas formaran Gobierno, Y no porque

esfé sea o no débil, tenga mas o menos respaldo electoral, sino porque aún no estamos en una democracia

normalizada, ni los problemas a los que nos enfrentamos son los ordinarios en una dialéctica

convencional Gobierno-Oposición. •

Acción frente a la crisis

No equivoquemos el enfoque. Cuando oigo o leo que el problema reside en que el Gobierno no tiene la

mayoría en el Congreso (sí en las Cortes), siento que oigo o leo una peligrosa simplificación del

problema. Conseguir el apoyo permanente de los diputados con quienes lograr un Gobierno mayoritario

es posible y conveniente, pero no soluciona por sí solo todo el problema. Lo que requiere ésta fase de

periodo constituyente, de consolidación democrática en medio de amenazas de desestabilización y de

urgente necesidad de saneamiento económico, es que el Gobierno, mayoritario o no, practique una

política de consenso mínimo mediante el diálogo y la negociación- con las fuerzas políticas del arco

constitucional. Pero entiéndase bien: esta necesidad depende en primer lugar del Gobierno, a quien

corresponde la iniciativa, pero también de que las fuerzas políticas de la Oposición respondan con una

actitud dialogante y con la disposición a ofrecer su contribución positiva a la gestión de la crisis. Negarse

a ello porque supuestamente significaría facilitar la tarea del Gobierno sería infantil e irresponsable.

En la etapa crítica que atravesamos hay que recordar la distinción entre área del Gobierno y área del

Poder. Todos" los partidos con representación parlamentaria tienen su cuota en el área del Poder, y todos

pueden perderla si una desafortunada gestión de la crisis condujera a la. búsqueda de soluciones ajenas al

sistema democrático. Recientemente decía el presidente Giscard d´Estaíng: «Es imposible gobernar en un

clima de adhesión y de asentimiento nacional un. país que tiene que hacer frente a las dificultades que

conocemos, sólo con la mitad de la población. Yo estoy sorprendido de ver-que tos hambres de la

Oposición creen que bastaría que consiguieran algunos puntos de ganancia en las elecciones para

gobernar Francia como ellos entienden. Es un error profundo. Los mismos factores que explotan hoy

contra la mayoría se volverían rápidamente contra ellos.»

Una de las posibilidades del PSOE

Las frases del presidente francés son plenamente aplicables a la realidad española; como a la

italiana,,donde un acuerdo programático de los partidos políticos apoya un Gobierno minoritario. Una

estrategia parecida es la que ha establecido Adolfo Suárez con su iniciativa para el pacto de la Moncloa.

Poi cierto que se trata de una de las cinco posibilidades que Luis Solana sen alaba en El Socialista del

pasado día 9 con estas palabras: «Se convoca a los partidarios para formar una empresa de programas

básicos y políticos y unos plazos explícitos. Esta seria la operación política más ambiciosa que se pueda

suponer pase por la cabeza de Suárez. Bien es verdad que les últimos pasos dados —sobre todo en las

Cortes— están justamente en las antípodas de este modelo.» El mismo día que el diputado del PSOE

publicaba esto, Adolfo Suárez había tomado ya la iniciativa para et pacto de la Moncloa ...

Las reglas del juego

Opiniones que hasta ayer reprochaban a Suárez gue no negociara con la Oposición, afirman hoy, después

de haber dado comienzo la nueva estrategia de pacto, que se trata de una situación de debilidad. Un

comentarista ha escrito: «Ya no es (Suárez) el jugador que decide y reparte el juego. Es, él mismo, una

carta más entre otras muchas posibles.» Yo diría que esto no es negativo. Sería frivolo desconocer que

Suárez no contaba con que el proceso democratizador que él impulsó como el primero iba a desplazarle

de un dominio prácticamente completo, pero circunstancial, del juego político. Después de las elecciones

las cosas tenían que ser forzosamente de otra manera y había que gobernar contando con las Cortes y con

una Oposición potente. No es que Suárez sea menos capaz que antes, que «domine» más o menos, sino

que sencillamente hay unas reglas del juego democrático que son limitadoras del Poder tal como éste se

desenvolvía antes del 15 de junio; que hay un área del Gobierno y otra del Poder, que e| Gobierno

comparte con otras fuerzas con representación política; que el Gobierno, al avanzar en un sistema de-

mocrático, se ve forzado a un ritmo más laborioso y lento —dicho .sea sin desprecio de la democracia—

que el expeditivo y no más eficaz sistema del régimen anterior; que estamos, además de todo esto, en una

situación de crisis excepcional que requiere una acentuación de los mecanismos de diálogo y negociación

de las fuerzas políticas con independencia de su carácter gubernamental o no.

La estrategia del pacto de la Moncloa, perceptible sin duda, es en líneas generales la más viable para las

actuales circunstancias. Un diario de Madrid escribía recientemente: «Si la casi totalidad de las fuerzas

políticas en presencia llegan aun pacto mínimo que permita gobernar y resolver la crisis económica, en

España va a haber democracia para lustros.» Así es, en efecto, con la condición de no olvidar que la

defensa de la democracia tiene que ser una actitud permanente y diaria y que el acuerdo no puede

reducirse a un pacto, sino extenderse a la aplicación del mismo.

 

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