Ahora, a gobernar     
 
 Diario 16.    29/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Ahora, a gobernar

Con la firma del segundo pacto de la Moncloa, que contempla la reforma de la legislación política

represiva heredada de la dictadura, se completa la plataforma programática para la transición elaborada

por el Gobierno y los grupos parlamentarios. Casi cuatro meses desde su toma de posesión ha necesitado

el Gobierno para dotarse de un programa que si ha tardado demasiado en elaborarse tiene en contrapartida

la ventaja de estar basado en un acuerdo casi general. La negativa de Alianza Popular a firmar el pacto

político es la única sombra que ha deslucido la unanimidad casi lograda. La alergia a la libertad fruto de

viejos hábitos, explica seguramente su rechazo de un programa que, a pesar de todo, puede calificarse de

nacional. Hay que remontarse mucho en nuestra historia para encontrar un consensos tan amplio de todas

las fuerzas políticas al servicio de unos objetivos compartidos que, en nuestro caso, son la consolidación

de la democracia y la superación de la crisis económica.

A partir de este momento, Suárez está obligado a demostrar que su prestigio como gobernante no debe

basarse sólo en su habilidad para lograr golpes de efecto, sino en la capacidad para afrontar y resolver la

difícil situación del país tanto en lo político corno en lo socioeconómico. El amplio respaldo que ha

conseguido le compromete muy seriamente. Ya no caben las vacilaciones oi los palos de ciego, sino una

acción gubernamental a la altura ¿de las éxpectatívas de la opinión pública, que con su eficacia y rapidez

compense el retraso que arrastramos. Nadie espera, por supuesto, remedios mágicos porque de una

situación tan deteriorada como la presente no se sale con facilidad. Quedan todavía malos momentos,

pero a Suárez y su Gobierno les corresponde la tarea de restablecer la confianza de un modo inmediato,

haciendo sentir a todos que a pesar de los previsibles abstáculos se sabe a dónde, vamos y cómo vamos a

llegar.

El éxito no se puede dar por descontado si se consideran los problemas que Suárez tiene en su propia

casa. Nos referimos a la patente crisis de UCD, incapaz de superar sus malformaciones congénitas y

debatiéndose, casi desde antes de las elecciones, en una búsqueda de su propia identidad, que acaso nunca

logre esclarecer. El drama de UCD consiste en que no es un partido sino una ficción de partido, una

coalición de personalidades sin más aglutinantes que el propio Suárez y el disfrute de un poder que a

algunos ya parece cansarles y que para otros ha actuado no como factor de aproximación, sino como

elemento catalizador de los conflictos latentes. Han existido grupos cuyo talón de Aqui les era la carencia

de ideología. El de la UCD es, por el contrario, la plétora de ideologías que se disputan la oficialidad.

Esta esquizofrenia ideológica de la UCD es uno de los obstaculos más serios para hacer operativo el

pacto. En el propio Gobierno hay ministros, por supuesto; favorables al pacto, pero hay otros que no han

disimulado su oposición. Y para mayor complicación existen otras líneas divisorias y no coincidentes

entre sí, como las que separan a los procedentes de la oposición democrática de quienes iniciaron su

carrera en el franquismo o la que diferencia a los "laicos" de los diversos retoños de] tronco

democristiano. La UCD no se presenta, en consecuencia, corno un instrumento eficaz al servicio de una

política, sino como un amasijo de rivalidades en busca de la hegemonía. Y no está el país para peleas de

gallinero.

El pacto no exime al Gobierno de la responsabilidad plena. A él corresponde aplicar los acuerdos. Esto no

quiere decir que los partidos que no están en el Gobierno (¿se. puede seguir hablando de oposición, a

secas, en las presentes circunstancias?) no deban también asumir una importante función. El tema merece

un comentario aparte.

 

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