Autor: Funes Robert, Manuel. 
   Un ejemplo que no nos vale: el de Inglaterra  :   
 (respuesta a Garrigues Walker). 
 Pueblo.    29/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

UN EJEMPLO QUE NO NOS VALE: EL DE INGLATERRA

(respuesta a Garrigues Walker)

Manuel FUNES ROBERT

GARRÍGUES, el ministro, ha escrito un articulo importante en «A B C» en defensa de la política de

contención, a cualquier precio, de los salarios como único medio de «sanear» nuestra economía. Y se

apoye en el caso inglés, describiéndonos cómo están doblegando allá la inflación por la vía de la

moderación salarial. El caso y ejemplo no vale. Vamos a verlo.

• De entrada, entre nosotros no se busca el «saneo» por la vía del salario congelado, sino al mismo

tiempo por una restricción crediticia, que pone al empresa-nado español en bloque al borde de la

suspensión colectiva de pagos, sin eficacia antiinflacionista alguna, pues el crédito recortado es buen

tratamiento en los casos en que el crédito excesivo ha sido la causa de la inflación. Entre nosotros se

corresponde perfectamente la dureza crediticia con el aumento da los precios. Y en parte lo explica el

hecho de que la financiacion de stocks al coste exorbitante del dinero, la reducción posterior de series

productivas, con el consiguiente aumento de los costes unitarios, y la necesidad de soportar la usura

financiera ante el cierre de los créditos, suben todos los precios.

• Pues bien, Garrigues no ha tenido en cuenta que en Inglaterra la presión sobre el salario para reducir

sus aumentos se hace paralelamente a ia facilidad crediticia para que la empresa no se hunda. El tipo de

interés básico, que entre nosotros era del 5,50 por 100 en los años brillantes, es hoy, tras el plan de

urgencia, del 8 por 100. Esto es, ha subido en más de un 50 por 100. En Inglaterra hoy día el coste

básico es del 4,5 por 100. Casi un cincuenta por ciento menos, lo que supone un giro respecto a la política

restrictiva anterior, una vez comprobados sus desastrosos efectos Inglaterra pide que los obreros

renuncien, pero no hunde a sus empresas como hacemos nosotros, con la diferencia de que en

España la inmensa mayoría de los recursos financieros son ajenos mientras en Inglaterra son propios

pues allí hay autofinanciación, aquí no. Allí, la inmensa´ mayoría de los fondos ajenos —que son minoría

respecto a los manejados— son fondos a plazo medio y lejano, EN ESPAÑA ESOS FONDOS AJENOS,

QUE SON MAYORÍA RESPECTO A LOS FONDOS TOTALES, se manejan en préstamos a cortísimo

plazo Y aún se han hecho más cortos por obra de la política innecesariamente restrictiva del equipo del

que forma parte Garrigues.

• Pero hay otro hecho que Garrigues siento que no haya tenido en cuenta. Entre nosotros funciona con

cargo al erario público un feroz proteccionismo agropecuario, que cuenta con un formidable aparato de

compra y almacenamiento de excedentes que garantiza que los precios básicos no bajarán nunca. En

Inglaterra, la alimentación del ciudadano se beneficia de la economía de mercado, de la que Garrigues es

partidario..., pero no en España. Es que entre nosotros se protege —también en la CEE— al campesino

por´´ la cómoda vía del precio garantizado. Inglaterra no protege a su población campesina —el 4 por 100

de la total activa, mientras en España es el 25 por 100— mediante el precio, que baja y sube según las

leyes del mercado, sino mediante una renta que recibe el campesino, que es poca para el contribuyente y

suficiente para el agricultor porque allí ya se hizo lo que nosotros aún no hemos hecho, a saber: reducir la

población agraria al 5 ó 7 por 100.

• Puede, por todas esas consideraciones, aceptarse la política inglesa de contención del salario. Porque al

mismo tiempo ayuda y no hunde a la empresa. Porque no hay proteccionismos que financiar en materia

de precios esenciales.

Pero aún queda otro factor. En España padecemos la plaga de maníacos de la balanza de pagos, que una y

otra vez empujan :los precios al alza para defender esa negra balanza. Y no es justo pedir que los obreros

paguen la factura del proteccionismo destructor al campo, de la manía por la balanza y, al mismo tiempo,

se les quite el puesto de trabajo con las agresiones a la empresa.

 

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