Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Convencer sin asustar     
 
 Informaciones.    03/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Convencer sin asustar

Por Abel HERNÁNDEZ

EL presidente Suárez pretendió anoche, en su mensa- je a los españoles, convencer sin asustar. Las

reacciones, en general, han sido positivas, si se exceptúan los grupos extraparlamentarios, que no aceptan

el pacto de la Moncloa. Parece que los empresarios y los trabajadores van recobrando la confianza.

Empieza a haber coincidencia en que se ha elegido el único camino posible para salir de la crisis, y que ya

no hay marcha atrás. Empieza a verse la luz al final del túnel.

El primer ministro dio la sensación de que era sincero y honesto con el país. Pidió austeridad, trabajo y

solidaridad. Es una buena trilogía. Prometió que el Gobierno iba a dar ejemplo limitando despilfarros. Ya

era hora. Los programadores de TVE. no tuvieron reflejos suficientes para suplantar el espectacular y

carísimo programa musical de Lazarov, grabado en Canadá, que siguió al discurso presidencial. Estos

detalles que parecen pequeños tienen su importancia a la hora de crear una imagen convincente. También

choca al pobre contribuyente, dispuesto a apretarse el cinturón, la retahila de vistosos anuncios

televisados, invitando a comprar tabacos rubios de importación, «whiskies» escoceses y perfumes de

París.

La acuciante invitación a trabajar fue una novedad. La necesidad de aumentar la productividad —que

tiene el índice más bajo de Europa ahora mismo— no aparece en los acuerdos de la Moncloa ni había sido

demasiado remarcada (con excepción del señor Fraga) por los políticos que han desfilado por la pantalla

de TVE. ¥, sin embargo, éste es uno de los puntos claves. No hay más remedio que trabajar si queremos

reconstruir este país y lograr la prosperidad con una democracia consolidada. El que no trabaje o no rinda

en su trabajo (a no ser que esté involuntariamente parado) no tiene derecho a protestar, ni a comer.

Todavía hay en España, seguramente por reflejo condicionado de cuarenta años de dictadura, el

convencimiento en muchas gentes de que las mejoras sociales, económicas y políticas corresponden sólo

«a los de arriba». Todavía se piensa en el Estado-nodriza. Aún no se ha asumido, con todas las

consecuencias, la soberanía popular. Todavía existe un divorcio patente entre el pueblo llano y la clase

dirigente. Muchos no se han dado cuenta de que los problemas no se solucionan ya por decreto ni

enviando a la Guardia Civil. Los hábitos democráticos no se adquieren de la noche a la mañana. ¥ sin

hábitos democráticos, sin verdaderos cuerpos sociales intermedios nacidos de abajo arriba, la apremiante

llamada a la responsabilidad y a la solidaridad no consigue la eficacia necesaria. A pesar de todo y como

índice de la confianza de los inversores, la Bolsa hoy se ha disparado hacia arriba. Algo es algo.

 

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