Autor: CROMWELL. 
   El lujo de la austeridad     
 
 Arriba.    03/11/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA AUSTERIDAD

COMO primera Imagen, como mensaje dominante, al término de la intervención del Presidente

del.Gobierno ante las cámaras de Televisión Española, a u o o te ha quedado una Inequívoca invitación a

la austeridad general. Vamos a hacer abstracción de otros propósitos, también expuestos en la misma

alocución —explicar la razón, las causas y los posibles efectos del pacto de la Moncloa—, para

detenernos en esa finalidad, probablemente, predominante y prioritaria del discurso. Se nos ha reiterado,

por diversos líderes políticos, que la situación de la economía nacional se encuentra en estado critico. Y,

quien más quien menos, todo líder político ha preferido detenerse ahí. Que un líder político de la

oposición, cualquiera que sea la talla de su grupo, solicite sacrificios, no» parece resultar estratégicamente

recomendable, en la expectativa de una próxima convocatoria electoral. Y es sabido que todo líder que no

se encuentra en el poder tiene siempre en su mira las elecciones siguientes. En ninguna campaña se

«vende» la necesidad de sacrificios; en el mejor de los casos, se envuelven tales sacrificios en el celofán

de un futuro más justo, digno, equitativo y saludable.

Al Presidente del Gobierno, en cambio, sí le corresponde la adopción de esta suerte de medidas prácticas,

incluidas, o preferentemente, las medidas menos gratas. Para hacer viable ese futuro, más o menos lírico,

y utópico. Adolfo Suárez se arrojó anoche a la arena para solicitar austeridad y sacrificios. E insistió

reiteradamente en que se dirgía a todos y cada uno de los ciudadanos españoles. A usted y a un servidor,

se nos acaban de pedir, con toda suerte de argumentaciones —de patriotismo, de civismo, de reparto de

cargas—, medidas de ahorro y de autocontrol de gastos.

El señor Fraga expresaba hace un par de días, ante la misma pantalla, la mala impresión que le había

causado el que una familia amiga se trasladase al extranjero para pasar el largo fin de semana de Todos

los Santos. Por supuesto: esa familia ño parecía mostrarse excesivamente partidaria de apretarse el

cinturón. Salvo que en sus planes el viaje tuviera por meta Nepal o el Tíbet, y a la vista de las exigencias

de la economía nacional redujese su recorrido hasta Londres o Venecia...

Y a ese punto queríamos llegar: Se ha solicitado el sacrificio y la austeridad a cada uno dentro de sus

posibilidades, y con el propósito, más o menos manifiesto en esta y en otras ocasiones, de hacer menos

distantes tales posibilidades entre los ciudadanos del país. Que para unos sea sacrificarse el viajar

«únicamente» a Londres, y no a Katmandú, y que para otros suponga reducir sus gastos el disponer de

cuatro o de seis bombillas, no es una extrapolación irrelevante o imaginaría. En este país, aquí y ahora, las

tasas de paro y ta existencia de hambre «de supervivencia» han sido denunciadas reiteradamente por

numerosos líderes políticos y sindicales. Y, paralelamente, cada cual conoce casos de «calidad de vida»

distante miles de salarios mínimos por encima. A los primeros, es evidente que no les sirva esa

convocatoria, ese ruego de austeridad. La suya es constante y obligada. La austeridad es un lujo que

podremos permitirnos quienes, en grados muy diversos, hayamos superado unos mínimos.

Aunque sólo fuera para evitar el escándalo, la austeridad debiera ser una norma permanente de conducta...

CROMWELL

Jueves 3 noviembre 1977

 

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