El Presidente del Gobierno, en RTVE. 
 "La situación económico es grave pero no insoluble"  :   
 "Conseguida la libertad, vamos a ganar la justicia". 
 Arriba.    03/11/1977.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 78. 

EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO EN RTVE

«LA SITUACIÓN ECONÓMICA ES GRAVE PERO NO INSOLUBLE»

«CONSEGUIDA LA LIBERTAD, VAMOS A GANAR LA JUSTICIA

"Garantizaremos que la politices fiscal haga pagar más a quien más tiene y recibir más del

Estado a los que tienen menos"

"Todos los españoles tenemos que ahorrar más"

«En una situación plenamente democrática en lo político, carecemos, en cambio, de unas

normas legales democráticas»

"El motor básico de la reactivación ha de ser el espíritu de trabajo"

"Sí sabemos dar respuesta adecuada a este reto, los sacrificios se transformaran en días de

esperanza y de libertad"

"Los acuerdos de la Moncloa, un esfuerzo de todos los grupos políticos para construir una

palanca que levante la economía»

MADRID. (De nuestra Redacción.)—A las diez de la noche de ayer, el Presidente del Gobierno,

don Adolfo Suárez, se dirigió en un discurso radiotelevisado. que fue emitido como cierre de la

serie de intervenciones protagonizadas esta semana por los líderes firmantes del Pacto de la

Moncloa.

El Jefe del Gabinete pronunció las siguientes palabras:

Buenas noches, señoras y señores:

Vengo a hablarles en momentos de especial preocupación para todos: para ustedes y para el

Gobierno. Y al hacerlo, sólo pretendo explicar cuáles son las acciones y orientaciones de mi

Gobierno y cuáles deben ser los compromisos de nuestra sociedad en este tiempo.

Sé con cuánta preocupación vivimos todos los españoles las dificultades económicas.

Sé que todos los hogares y, sobre todo, los más modestos, se encuentran cada día con

mayores problemas para acomodar sus ingresos al constante incremento de los precios.

Sé que cada día es más difícil encontrar una colocación para nuestros hijos cuando llegan a la

edad de trabajar.

Sé de la angustia de muchas familias donde falta un puesto de trabajo.

Sé de los desvelos de las amas de casa para hacer frente a los problemas que plantea la diaria

cesta de la compra.

Y sé de las penalidades de muchas casas en las que repercute la dificultad para el simple pago

de una letra y del trance penoso de muchas pequeñas, me-dianas y grandes empresas que no

encuentran un cauce fácil de financiación para sus necesidades vitales.

Sé que todas esas son sus preocupaciones, de los hombres y de las mujeres, de los jóvenes y

de nuestros ancianos, porque también son las del Gobierno.

Estamos viviendo una situación económica difícil, incluso grave, pero no-insoluole. Y, en todo

caso, pienso que hoy se ofrecen mayores grados de optimismo que los que vivíamos hace

solamente unas semanas.

Las elecciones, un punto de partida

Jamás consideré —y así lo he dicho muchas veces— que las cosas resultarían fáciles a partir

de las elecciones generales. Con la mayor claridad advertí el 13 de junio que las elecciones no

iban a resolver por sí mismas los problemas, aunque fueran el primer paso para lograrlo. En

efecto, las elecciones han sido el punto de partida para iniciar un diálogo con interlocutores

representativos. Y ese diálogo ya dio sus primeros frutos.

Las elecciones del 15 de junio iniciaron un nuevo período, ya estabilizado, que culminará una

vez aprobada la Constitución que ahora preparan las Cortes. Esta -etapa se ha caracterizado y

se caracteriza por el contrasentido de que una situación plenamente democrática en lo político

carece, en cambio, de un contexto general y de unas normas legales democráticas. Nos

correspondió gobernar a un país en un sistema parlamentario sin tradición parlamentaria

reciente. Los partidos políticas, o bien resurgían después de muchos años de silencio, o bien

aparecían por primera vez en el escenario de la política nacional. El ejercicio de las nuevas

libertades hizo que los problemas se agolparan en nuestras mesas de trabajo como nuevos,

aunque muchos tuvieran su origen en épocas anteriores.

Ante tales circunstancias, resultaba evidente que un Gobierno que quisiera enfrentarse a la

realidad con sentido práctico y nacional, tenía que conjugar la firmeza de sus decisiones con el

equilibrio y la prudencia. Y los aspectos más acuciantes de nuestra vida colectiva sólo podían

ser enfocados desde la perspectiva del diálogo.

Desde esta perspectiva fue posible avanzar en el camino de la reconciliación nacional; es

posible establecer el marco de las autonomías sin rozar materias constitucionales y promover

una urgente reforma fiscal. Desde esa perspectiva han surgido, claras y definidas, las

necesarias alternativas de poder.

También desde esa perspectiva de diálogo, que me sigue pareciendo la forma más útil y

conveniente de garantizar la convivencia de España, hemos podido llegar a Importantes

acuerdos, a partir de los cuales será más estable la normalidad democrática de nuestro país y

será más fácil contribuir a la consolidación de organizaciones empresariales y de sindicatos

responsables y fuertes.

Hoy creo poder hacer antes ustedes, sin falsas ilusiones, una rotunda afirmación de fe en

nuestro futuro y transmitirles la seguridad de que nuestro proceso político es irreversible y de

que las nuevas formas y modos de convivencia política que estamos creando entre todos,

nacen con vocación de permanencia y están asentadas en los firmes cimientos del consenso

colectivo y de la concordia nacional.

Pero, si esto es así en el campo político, no ocurre lo mismo en nuestra economía. Se ha dicho

con frecuencia que la situación económica es grave. Y se ha dicho con verdad. No hace falta

contemplar la elocuente frialdad de las cifras y las estadísticas para comprobarlo. Basta mirar

las preocupaciones que señalé al principio y que, desgraciadamente, cada día son comunes a

más hogares españoles. Basta repasar el panorama de las empresas que, presionadas por los

costes de producción y la dureza de los mercados, están perdiendo el ánimo para sostener las

inversiones. Y una sociedad de mercado sin inversiones es una, sociedad sin perspectivas de

desarrollo y sin apuestas de futuro.

En descargo de las administraciones que en España se han sucedido en los últimos años, hay

que decir que esos males no son exclusivos de nuestro país, sino que han sido males

comunes, provocados por la crisis general que e! mundo ha sufrido desde 1974.

En España, la posibilidad, de soluciones se vio retrasada por la coincidencia con un proceso de

cambio político que limitaba las expectativas y los márgenes de. maniobra. Porque, s! este tipo

de medidas debe ser negociado con todos los sectores de nuestra sociedad, ¿quiénes iban a

ser antes de ahora los protagonistas de acuerdos que afectan a toda la comunidad, con muy

distintas ideologías e intereses?

¿Acaso unos partidos políticos que antes del 15 de junio no sabíamos qué asistencia popular

tenían?

¿Acaso unos sindicatos que, o bien eran clandestinos, o bien tenían una difícil existencia, fruto

de su prohibición durante casi medio siglo?

¿Acaso unas organizaciones empresariales en las que no se consideraban representadas las

empresas?

¿Acaso todo un entramado de relaciones sociales en período de cambio, y cuyo consenso no

podía ser en ningún caso garantía para el cumplimiento de las medidas que se adoptaran?

Interlocutores válidos

Mientras no hubiera interlocutores válidos, no podía haber soluciones pactadas. En ese

diagnóstico coinciden estudios tan imparciales como los informes de la OCDE sobre nuestro

país.

Y hay que decir, en justo reconocimiento del grandioso testimonio de madurez de nuestro

pueblo y de la función integradora y de moderación de la Corona, que el precio pagado por la

transición a la democracia no ha sido tan elevado como correspondía a tales deficiencias

políticas y sociales. Y hay que decir también que, una vez superadas, era Inaplazable tratar de

encontrar una solución inmediata a ios problemas económicos de cada día.

Ya el pasado 13 de junio, dos días antes de las elecciones, al solicitar su voto, dije

textualmente:

«Puedo prometer y prometo dedicar todos los esfuerzos a lograr un entendimiento social que

permita fijar las nuevas líneas básicas que ha de seguir la economía española en los próximos

años.»

Prometí también gobernar desdé ía moderación, el diálogo y el pacto. Y ahí están los primeros

resultados. Los acuerdos que se conocen, como el «Pacto de la Moncloa», constituyen un

encomiable esfuerzo por parte de todas las fuerzas políticas para construir una palanca que

levante la economía del pais.

Las líneas de actuación de los acuerdos se alcanzaron desde posiciones ideológicas muy

distintas. Son, por tanto, una respuesta de pleno sentido democrático ante la crisis económica.

Los acuerdos constituyen una demostración del sentido de la responsabilidad de los grupos

políticos del país. Todos ellos han dado una gran muestra de su capacidad de transigencia

para encontrar soluciones comunes ante la gravedad del momento.

Coherencia política

Pero, ademas, los acuerdos con sus clara demostración de la coherencia de una política que

partiendo de las metas propuestas en los mensajes de la Corona, ha tenido siempre un claro

horizonte de objetivos y no ha renunciado a ninguno de ellos por razones coyunturales o de

pragmatismo político.

Todos ustedes han podido oír en esta pantalla, la voz de cada uno de los firmantes del Pacto;

la voz de los partidos políticos que obtuvieron, con los votos de los españoles, la totalidad de

los escaños del Congreso de Diputados. No voy a añadir ni un solo acento a sus opiniones.

Sin embargo, creo que es rni obligación, como máximo responsable de la acción política,

explicarles a ustedes en qué consiste el programa de saneamiento y reforma de nuestra

economía y, sobre todo, cuál es el papel que nos corresponde lugar para que tenga éxito a

corto plazo, a todos nosotros, y, por tanto, también a ustedes, protagonistas y destinatarios de

los errores y de los aciertos que tengamos.

Existen básicamente cuatro variables sobre las que podemos y vamos a actuar para que la

economía nacional y, por tanto, la de cada familia española, se sitúe en niveles de normalidad,

seguridad y bienestar.

Primero, hay que evitar y vamos a evitarlo, que suban los precios de una manera disparatada.

Segundo, es imposible que no suban los precios si el alza de los salarios y de las rentas fuese

superior a lo que permite la situación general de nuestra economía

Tercero, también es imposible que no suban los precios si no se disciplina y reduce el

crecimiento de la cantidad de dinero y del crédito.

Y cuarto, hay que evitar y vamos a evitarlo, que España deba a otros países o a organismos

internacionales más de lo que nos deben a nosotros o de lo que podamos devolver sin

excesivas tensiones y dificultades. Para ello hay que exportar más y hay que reducir las

importaciones, I0 que hacía inevitable actuar, como se hizo, sobre el valor y la cotización real

de la peseta en relación con las otras monedas.

Compromisos

Pues bien, a la vista de estos hechos, el Gobierno y los partidos políticos nos hemos propuesto

los siguientes compromisos que vamos a cumplir:

— Hacer que la cantidad total de dinero no crezca en 1978 más de un 17 por 100, porque si no

se disciplina el crecimiento del dinero y el crédito la inflación no disminuirá.

Lograr que los salarios no crezcan más de un 22 por 100 en su masa global, pero con un

horizonte muy claro: conseguir que crezcan más los salarios más bajos.

— Asegurar que las alzas de precios no superen los límites tolerables, que para 1978 han de

estar en ese mismo tope del 22 por 100. Para lograr este objetivo habrá que conseguir una

desaceleración, es decir, una reducción en el ritmo de crecimiento mensual de los precios

durante todo el año 1978, de forma que ese ritmo de crecimiento sea al final del año la mitad

del de los últimos meses de 1977.

— Garantizar que la política fiscal haga pagar más a quien más tiene y recibir más del Estado

a los que tienen menos.

— Introducir toda una serie de modificaciones en nuestros comportamientos, de manera que el

sistema económico sea más eficiente, más justo y más progresivo.

— Conseguir que exportemos más y que limitemos las importaciones a los mínimos

necesarios para no frenar la producción.

— Si todo esto se cumple —y es seguro que se cumplirá— habremos conseguido frenar la

inflación, equilibrar nuestro comercio con los demás países y, en definitiva, sanear nuestra

economía y reformar sus estructuras.

Todo está entrelazado. Como he dicho entes, frenaremos los precios si los salarios se

mantienen en los niveles establecidos, si se disciplina y reduce el crecimiento de la cantidad de

dinero y del crédito. Y si los precios se frenan nuestra economía será más competitiva y

podemos ganar nuevos mercados exteriores y exportar más.

Hay que invertir

Pero hace falta mucho más, señoras y señores. Hace falta, aunque no sea más que para paliar

ese gran cáncer social que es el paro, invertir y crear nuevos puestos de trabajo. El Estado va a

dar ejemplo, aumentando los gastos de inversión y limitando el crecimiento de sus gastos de

consumo. Pero la labor del Estado sería ineficaz sin la colaboración de todos los ciudadanos.

Ustedes se preguntarán cómo han de prestar esta colaboración. La repuesta es muy sencilla:

para relanzar las inversiones, entre otras medidas, es absolutamente imprescindible aumentar

el ahorro. No existe —quiero que quede perfectamente claro— otra fórmula mágica. Los

españoles, todos los españoles, tenemos que ahorrar más.

En resumen, con la mirada puesta en nuestro presente, lo fundamental es que seamos

capaces de limitar nuestras pretensiones de ganar más, aceptando ajusfar nuestros ingresos a

las posibilidades globales de la economía española y que seamos capaces de reducir el

consumo.

Sobre la base de una estabilidad asegurada y de un equilibrio económico rea!, es esencial para

el futuro de nuestra economía promover y reactivar las inversiones canalizándolas hacia los

sectores más productivos y hacia aquellas actividades capaces de generar un mayor número

de puestos de trabajo.

Ahora bien, este planteamiento tan sencillo, aparentemente elemental, debe tener un motor

básico que lo anime: un renovado espíritu de trabajo por parte de todas las clases sociales.

«Tenemos que trabajar más»>

Porque, señoras y señores, seamos sinceros: tenemos que trabajar más. España no puede

permitirse el lujo de seguir perdiendo decenas de millones de horas de trabajo al año. España

no puede permitirse el lujo de seguir teniendo una de las productividades más bajas de Europa.

Un país se construye sólido sobre el reconocimiento de los derechos de los ciudadanos, pero

también sobre el trabajo de todos, sobre el esfuerzo de todos, sobre la asunción por todos de

sus responsabilidades, que empiezan por el cumplimiento de las propias obligaciones.

De nada servirán pactos y acuerdos, por muchos votos que hayan tenido detrás los firmantes,

si el conjunto de los ciudadanos, hombres y mujeres, todos nosotros, no ponemos la parte que

nos corresponde en la recuperación de la economía, con un consumo adaptado a las

posibilidades de cada uno; con un estricto cumplimiento de las funciones públicas; con un pago

puntual e íntegro de los impuestos; con una clara conciencia de nuestra responsabilidad,

eviando gastos superfluos y reduciendo el uso de la energía a lo imprescindible.

Si todos sabemos dar respuesta adecuada a este reto, tengo la seguridad de que los sacrificios

se transformarán en días de esperanza y, a breve plazo, en días de bienestar.

La austeridad, protagonista

Si hablo así, señoras y señores, es porque estoy seguro de que lo podemos conseguir. Porque

el acuerdo de la Moncloa permitirá que sean corregidos los comportamientos viciosos de

nuestra economía. Porque vamos a convertir la austeridad en protagonista de nuestra vida en

los próximos meses. Pero vamos a ser austeros todos. El Gobierno y los ciudadanos; la

Administración Pública y las administraciones privadas. En la asunción de sacrificios no habrá

más exclusiones que las de los más necesitados: las de aquellos que, aunque quisieran, no

pueden soportar más cargas ni más esfuerzos.

Nos espera un duro período de saneamiento económico. Cuando lo anuncio, soy consciente de

que no estoy ofreciendo vivir en ningún país de maravillas. Pero soy consciente también de que

con estas condiciones podremos alcanzar a medio plazo una sociedad más próspera y más

justa.

Nos hemos propuesto reformar y relanzar la economía desde perspectivas de justicia y

eficacia. Y esta es la petición del Gobierno y de los partidos: que confíen en nosotros, que

participemos todos en esta apasionante tarea de conseguir que les españoles vivamos mejor,

que ahorremos y nos sacrifiquemos un poco ahora para que nosotros y nuestros hijos podamos

tener una vida más humana, más confortable, más tranquila, más libre y, sobre todo, más justa

lo antes posible.

Como he dicho antes, la situación económica es grave, pero no e$ insoluble; es difícil, pero es

superable si se parte de la colaboración y el esfuerzo de todos y si se llega por esa vía a un

auténtico clima "le solidaridad social, desde el que toda empresa común será factible.

He citado la palabra "solidaridad". Antes de escribirla ho reflexionado mucho sobre ella. Supone

un gran compromiso apelar a su significado. ¿Podremos utilizarla, cuando nuestra Historia

demuestra que sólo se consiguió a través de instrumentos de autoridad?, ¿podemos utilizarla,

cuando centenares de normas se quedaron sin cumplimiento porque les faltó di apoyo social?,

¿es lícito que apelemos a ella cuando, sin ningún tipo de demagogia, muchos de nuestros

males ss basan justamente en la más absoluta ausencia de solidaridad?

Llamada a la solidaridad

Mi respuesta es que sí, que podemos apelar a la solidaridad, porque esta palabra y esta

llamada no vienen, en esta ocasión, solas. Vienen acompañadas de unas reformas profundas

que hasta ahora siempre faltaron cuando a los ciudadanos ss les pidió algún sacrificio y alguna

renuncia. Y lo que es tanto o más importante: vienen secundadas por todas ¡as fuerzas

representativas de la izquierda de la derecha y del centro. Unas medidas que consiguieron

tales avales traen consigo todos los certificados de validez para el tiempo presente.

Les pido, señoras y señores, la comprensión y el sacrificio. Pero tengan la absoluta seguridad

de que el Gobierno está decidido a que ese sacrificio sea repartido equitativamente.

Por primera vez en nuestra Historia reciente se dan cita todas las condiciones para el éxito de

una acción concreta de Gobierno:

Primero, absoluta solvencia de las medidas, que han sido preparadas por los mejores equipos

técnicos del Gobierno y de los partidos políticos que ustedes han votado.

Segundo, absoluta coincidencia entre todos los partidos para establecer el diagnóstico de la

enfermedad que sufre nuestra economía.

Tercero, compromiso de todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso para

hacerlas cumplir.

Ahora es obligado el compromiso de colaboración de todos los ciudadanos.

Aceptación internacional

Señoras y señores:

Es bien sabido que la forma española de construir ana democracia asombró al mundo.

También existe expectación por la forma española de iniciar la solución de la crisis económica,

pero no sólo de esos testimonios podemos vivir, sino de nuestra propia capacidad para

consolidar lo que con tanto esfuerzo y renuncia hemos logrado crear entre todos.

Puedo decir, porque personalmente lo he vivido, que nunca España fue recibida en Europa con

tantos brazos abiertos como ahora, y puedo decir, con la información que poseo como

Presidente del Gobierno, que nunca como ahora estuvimos en condiciones de situar al país en

el lugar que ´e corresponde en el concierto de las naciones.

Todo ello no tiene otro fundamento que el admirable ejemplo de un pueblo apiñado en torno a

su Rey, en buena de unas condiciones objetivas de superación nacional. Hoy, en nuestra

política interior y exterior apenas quedan borrones. Podrá haber nuevos atentados contra

nuestra convivencia, podrá haber asaltos a ¡a paz civil, podrá haber dificultades de todo tipo,

pero con un Gobierno que se compromete a la firmeza desde la autoridad democrática con la

colaboración ciudadana desde la normalidad, con una calma que no debe verse alterada por

posibles acciones de grupos antisociales, es posible contemplar con optimismo el futuro que les

estamos construyendo a nuestros hijos.

Es obligación colectiva hacer que ese futuro no se deteriore por el lado más débil que ahora

tenemos: el económico. Pero tampoco éste será problema si, una vez encontradas las bases

de relanzamiento, las convertimos entre todos en realidad.

En busca de la eficacia

Sé muy bien que la consecución de las metas propuestas comporta la puesta en práctica de

medidas que no son populares. Pero no es el aplauso lo que buscamos, sino la eficacia ante

unos evidentes problemas de la nación. Y no vamos por ello a claudica* de nuestra

responsabilidad, porque esa es la principal obligación de un gobernante.

El pueblo español ha conseguido pasar de una situación de libertades muy limitadas a otra de

plena democracia. Con ese mismo pueblo, pero ccn ilusiones renacidas y con enorme

esperanza, vamos a edificar un nuevo sistema económico abierto a todos los ciudadanos.

Vamos a hacer una política y una sociedad más rentables, en un clima de normalidad

institucional, con una sociedad entramada, protagonista de sus propios hechos, que no tenga

que depender de los avatares personales de los líderes políticos.

Vamos, una vez conseguida la libertar, a ganar ilusionadamente la justicia.»

Jueves 3 noviembre 1977

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