Autor: Aguilar Navarro, Mariano. 
   Cinco preguntas en torno al "pacto de la Moncloa"     
 
 El País.    09/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL PAÍS, miércoles 9 de noviembre de 1977

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

Cinco preguntas en torno al "pacto de la Moncloa"

MARIANO AGUILAR NAVARRO Catedrático de Derecho Internacional Privado

En toda teoría del conocimiento se destaca la significación que en ei «conocer» tiene el preguntar. De la

forma de enunciar la pregunta puede, hasta cierto grado, condicionarse la respuesta. El saber es un

constante esfuerzo iníerrogativo. Todo lo dicho tiene más valor tratándose de la vida política. En ésta lo

determinante es alcanzar unas cuantas claves con las qué, a manera de utillaje, podamos intentar captar y

maniobrar la misma realidad de los puros hechos. Es por esto por lo que he entendido que no sería labor

superflua preguntar, al igual que hace el médico antes de todo intento de proceder al diagnóstico. Yo voy

a preguntar, o tal vez seria más apropiado decir: voy a sugerir que nos preguntemos colectivamente, a

nivel de ciudadanía, cinco cosas en relación con el pacta de la Moncloa.

Primera pregunta: ¿Qué razones y qué acontecimiento, o qué situaciones, indujeron al Presidente Suarez

proceder a ese llamamiento, a esa convocatoria de las fuerzas políticas, y más en segundo término de las

sindicales, que conocimos por la lectura de la prensa al comunicar el texto de la carta de Suárez Más de

un lector se sentirá instintivamente obligado a decirme (en el supuesto de que pudiera hacerlo) que la

respuesta está dada desde tres niveles: arrancando del mismo programa inicial del Gobierno Suárez,

repetido en no pocas ocasiones (desdramatizar, concordia, nuevas formas de entendimiento entre tos

españoles, visión de futuro, confianza en el pueblo español y en sus fuerzas políticas, etcétera), acudiendo

a la lectura de los textos en los que ha cristalizado la negociación.´ simplemente releyendo la intervención

del Presidente al cerrar el turno de oradores en la sesión del Congreso. No margino esos razonamientos.

Los estimo insuficientes, y no sería nada difícil alegar otros para demostrar que hay más bien una ruptura

con la línea de dirección de Gobierno que Suárez había fijado después de las elecciones. Yo, por mi parte,

y siempre a título de pregunta, aludiría a estas cuestiones: ¿pudo influir la sensación de que se estaba

frente al peligro de una operación de desestabilización, que actuaba con protagonistas, medios y razones

muy diversas? ¿Es lícito ignorar la parte alícuota de influencia que en la decisión de Suárez pudo tener la

situación de crisis económica, que lo es igualmente política? Suárez no pudo pensar lo que en el

hemiciclo diría Revenios recordando la célebre exclamación de Carner, y comprender que era necesario

que la democracia acabase con las crisis de rio querer suicidarse? ¿Podría omitirse la faceta internacional,

los condicionamientos de ia-negociación con las Comunidades Europeas? No podemos olvidarnos que

uno de los «puntos fuertes» es el relacionar la admisión con el proceso de democratización de España... Y

no seré yo quien excluya de este ejercicio intelectual el dato de la misma crisis o de la difícil tarea de

maduración que está realizando ta UCD. Me remito a lo dicho por miembros nada marginados del pensar

político como son los destacados miembros de UCD señores Meilán y La Cierva.

Segunda pregunta: ¿Qué elementos objetivos y subjetivos, accidentales o de mayor sustanti-vidad, se

conjugaron para que la Oposición aceptara la negociación, especialmente la de matiz nudamente

socialista? ¿Estamos simplemente ante un «gesto», muy en consonancia con esa interpretación teatral y

representativa de la política de la que desde estas mismas páginas de EL PAÍS se viene hablando? No

descarto la influencia que haya podido tener en la actitud de la Oposición el malestar que se palpa en la

calle, la extremada sensibilidad con la que muchos reactivan pasadas y tristes épocas: preguntándose

hasta qué punto se estará «siguiendo» un proceso de «deterioro», como sucedió después de la

implantación de la República. La Oposición quiere presentarse, al mismo tiempo, como continuadora de

pasadas legitimidades; pero igualmente como responsable, en el sentido de valorar críticamente Jo que

sobre ella misma puede cargarse pasivamente de aquellas prete´ritas frustaraciones.-La Oposicion. es

lógico que no desee que de ella-se diga lo que se afirmó en Francia al regreso de los Berbenes. Y para

concluir no seré yo quien ahora, al referirme a la Oposición, descuide su «condicionamiento»

internacional. EL.«Euro-comunismo* en el PCE, y el Socialismo autogestionario, en libertad y en

democracia del PSOE, tiene sus inmediatas implicaciones internacionales, y sus exigencias incluso

teniendo la vista puesta exclusivamente en la sociedad industrializada del neo-capitalismo.

Tercera pregunta: ¿Qué puede suponer el pacto de la Moncloa en la «dinámica» de los partidos políticos,

especialmente en los verdaderamente democráticos? Por de pronto, una tensión dialéctica entre una

concepción nudamente democrática del mismo partido y una rigurosidad en cuanto a la disciplina de sus

militantes; y aún más de sus «cuadros» y parlamentarios. No se trata ahora de resucitar polémicas

conocidas en cuanto al concepto del centralismo democrático, de !a democracia interna en el partido, de

la carta de libertades de sus militantes, de la pluralidad de concepciones, etcétera. Lo que es urgente es

plasmar en la realidad actual estas cuestiones. Hay que hacerlas descender del nivel de un mero debate

teórico, que por cierto no está resultando demasiado enriquecido por nuevas aportaciones igualmente

teóricas. Lo que resulta imprescindible es «emplazar» la cuestión en nuestra hora. Es decir, saber cómo

vamos a plantear el problema en una fase preliminar tanto en relación a la democratización de la

sociedad, como respecto a la normalización en la vida de unos partidos, en los cuales la larga noche de la

clandestinidad ha ejercido sus efectos, Y en este clima o entorno socia.1 hay que insertar las secuelas, las

exigencias que lleva consigo el pacto de la Moncloa. Los partidos se han obligado como tales. Es la hora

en que los «cuadros» de los partidos se mentalicen de tal modo que comprendan hasta qué grado es cierta

la afirmación gramsciana de que el partido tiene que ser, entre otras cosas, un gran educador, algo así

como un alertador de voluntades y conciencias...

Cuarta pregunta: ¿Qué influencia puede tener en la acción de las Cortes, en la misma forma de articular

sus dos Cámaras, el precedente creado por el pacto de la Moncha*! Más de un lector se dirá, ¿no está

explicado hasta la saciedad el modus operandi en la ejecución del pacto en lo que a este punto se refiere?

Y, efectivamente, se nos ha dicho, y hay elementos más que suficientes en los textos para apoyar esas

afirmaciones, que e\pació de la Moncloa no menoscaba en modo alguno la acción de las Cortes. ¿Esto es

igual a decir que en nada les afecta en el sentido estricto del. término afectar? Permítaseme que acuda a

los conocimientos que me da mi profesión. Como internacionalista, tengo que decir que cuando unos

sujetos internacionales se comprometen en un acuerdo, ese compromiso muy posiblemente influya en la

actuación legislativa, y puede hacer responsable internamente al sujeto de los actos del legislativo, tanto

por haber aprobado normas que contradicen lo estipulado en el acuerdo como por no haber promulgado

aquellas de las que puede depender su ejecución y cumplimiento. No neguemos la realidad.

Persiste la inciativa legislativa de las Cortes, pero esta iniciativa tiene que moverse «dentro» del cuadro

impuesto por la aceptación del pacto de la Moncloa.

He hablado de la influencia que el pacto de la Moncloa puede tener incluso en relación con la

diversificación de tareas entre las dos Cámaras. ¿No podría pensarse que el Senado sería un adecuado

protagonista en cuanto a dotarle de iniciativa respecto a la descubierta de nuevas áreas de negociación y

de consensos. La negociación ha comenzado...;hay que seguir negociándole ha dicho en el Congreso. Y si

es así, ¿no estaría justificado que en esa negociación el Senado participara, no ya como interlocutor, pero

sí como sugeridor?...

Quinta pregunta: ¿Qué influencia puede ejercer el pacto de la Moncloa en la dinámica política futura?

Sólo quiero hacer una llamada de atención a esta cuestión, y lo haré siguiendo el mismo género discursivo

que he elegido en esta colaboración. La actividad política, al menos la «grande», la que corresponde

representar a los principales «actores», está sometida a unas dimensiones de escenario, y éstas, en cuanto

a planos y decorados, quiero proyectarlas fundamentalmente sobre este nuevo círculo brechtiano:

negociación, consensué y alternativa democrática. ¿Qué puede suponer en estos tres centros de gravedad

el pacto de la Manchal Evidentemente, estamos ante un buen tema de reflexión política.

 

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