Autor: Millet i Bel, Salvador. 
 la dura realidad. 
 Reflexiones liberales sobre el Pacto de la Moncloa     
 
 La Vanguardia.    09/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

LA VANGUARDIA

TRIBUNA

MIÉRCOLES, 9

La dura realidad

Reflexiones liberales sobre el Pacto de la Moncloa

CUANDO un barco corra el peligro de hundirse —y tanto el Gobierno como los representantes de los

partidos de la oposición están de acuerdo sobre la magnitud y la peligrosidad de la vía de agua abierta en

el barco de la economía española— es obvio que. no se requieren pactos: se requiere una autoridad que se

haga obedecer, que inspire confianza y que dicte las medidas de urgencia necesarias para taponar ei

boquete y conducir el barco a puerto. ¿Qué diríamos de un capitán que, conocedor de la grave avería y

consciente deJ peligro que le amenaza, se limitara a convocar a su tripulación y a su pasaje para discutir y

acordar unas medidas encaminadas a reformar; mejorar y embellecer su nave? Me parece que la nave de

nuestra economía se halla en esa difícil situación: mientras no hacemos nada para taponar efectivamente

el boquete que amenaza hundirla, nos hemos puesto d´é acuerdo en pintar la nave de un color distinto. Un

color que, dicho sea de paso, no parece gustar plenamente a nadie.

Cuando, un barco corre peligro de hundirse es necesario, repetimos, que el capitán —en nuestro caso el

jefe de) Gobierno— se decida a «Jercv la ajutoridad que !e corresponde.´ Dé poco sirve Ja mayor

inteligencia, la mayor capacidad de trabajo y de diálogo si en el momento de peligro no se está dispuesto

a hacer uso ´de la autoridad que las circunstancias reclaman. Una autoridad que «3 mes necesario

mantener en un régimen democrático que en un régimen totalitario por una razón sencillísima; porque

mientras en un régimen totalitario la autoridad siempre puede recuperarse mediante un acto de fuerza sin

que por etto el sistema pierda sus características, en un - régimen democrático la autoridad abandonada

sólo se recupera mediante un acto de fuerza que significa,casi siempre, la muerte de la propia democracia.

Si aceptamos ei criterio liberal de que la democracia constituye la base de una .legítima autoridad política

admitimos el hecho, que yo considero Innegable, de que las elecciones del 15 de junio ´pasado fueron las

más democráticas que hayan tenido nunca lugar en nuestro país, deberíamos llegar a la conclusión de que

el Gobierno que preside el señor Suárez as el que, por primera vez desde hace muchísimos años, se nos

aparece como depositario de una mayor y más auténtica autoridad política. ¿Cómo es, pues, qué no la

ejerce? ¿Cómo es que el país —todo al país— se debate en esa crisis de autoridad que, emanada de las

altas esferas gubernamentales, se extiende por todos los ámbitos de la vida pública? Mis lectores de «La

Vanguardia» saben sobradamente que no planteo estos interrogantes como nostálgico de un abuso de

autoridad que me ~ repugnó siempre, sino como nombre temeroso de que la crisis de autoridad que

padecemos no nos lleve, de unos abusos que desearíamos pasados para siempre, a unos abusos todavía

peores; no nos lleve, en definitiva, al hundimiento conjunto de nuestra economía y de nuestra democracia

recién nacida. Escribo estas reflexiones Imbuido por el temor de que el pacto de la Moncloa no sea otra

cosa que el intento —destinado al más rotundo de los fracasos— de mantener "el poder áin arrastrar la

responsabilidad que implica el ejercicio d´é IB autoridad.

Cuando un barco corre peligro de hundirse, es necesario que su capitán sepa inspirar confianza entre

aquellos que más pueden ayudarle a salvar la nave. En Esparta —me decía aquel gran intelectual

conservador´ que fue-Juan Bautista Solervícens— te confianza tiene mucha más Importancia politice que

en cualquier otro país de occidente:´ basta que nuestra burguesía tenga ´un poco de confianza en el futuro

para que la prosperidad se extienda por todo ´el país; ya la inversa, basta un debilitamiento de su

confianza para que fl´l país dé la sensación de que se hunde. ¿Cómo es, pues, que el presidente del

Gobierno, en tugar de buscar la confianza en la burguesía que le elevó al poder, qué tanto interés tiene en

la salvación de la riá´ve y que tanto puede ayudarle, la busque, en cambio, entre aquellos que nunca le

ayudarán eficazmente y que, en secreto, abrigan el deseo de que la nave se hunda? ¿Cómo se explica una

reforma fiscal que en lugar de estimular la confianza, determina el pánico de los ahorradores, es decir, de

los que siendo los más perjudicados por la inflación son, todavía, los que podrían contribuir más a poner

fil buque a flote?

Todos estamos de acuerdo en que España requiere una profunda reforma tributarla que acabe con el -afán

depredador del fisco y con el vicio defraudador del contribuyente, instaurando un sistema de mayor

justicia. £s evidente, sin embargo, que ¡a reforma que el país necesita tiene que ser muy pensada y qué no

puede implantarse precipitadamente en un período de crisis. Una verdadera reforma tributaria sólo puede

Implantarse en un momento de optimismo y prosperidad: sólo entonces tiene .alguna posibilidad de éxito.

Durante ´la crisis ,sólo pueden recomendarse medidas parciales •encaminadas a * estimular la confianza

de los ahorradores y la iniciativa de los empresarios. En el Pacto de la Moncloa no hay nada que apunte

en tal sentido.

Cuando >un barco corre peligro de hundirse no basta que el capitán-.esté despierto y duerme tan sólo

cuatro horas; es indispensable que todo el mundo aporte su trabajo - contribuyendo a achicar las vías de

agua, Sólo trabajando más —el -ejemplo de Alemania es suficientemente Ilustrativo— será posible salir

de la crisis. Sólo aumentando la productividad y disminuyendo el absentismo será posible disminuir el

ritmo de la Inflación. Todo esto es sabido pero ´parece como si en el Pacto rfe la Moncloa se ignorara

totalmente.

Es España la crisis económica es más grave que en los demás países europeos por estos dos motivos

básicos: porque la Administración es mucho más dilapiladora y porque los administrados son mucho

menos trabajadores. Durante cuarenta años de dictadura franquista esos dos defectos de nuestro país han

tendido a agravarse, el primero como consecuencia de la falta total de control democrático de los gastos

públicos y el segundo como consecuencia de la demagogia social en la que" cae siempre todo régimen

totalitario. ´La gran prosperidad de la economía mundial de la que España se benefició a través del

advenimiento del fenómeno turístico neutralizó y enmascaró unos vicios que el momento de la crisis se

nos presentan con toda su gravedad. En el Pacto de la Moncloa no se insinúa )a menor acción tendente a

corregir tales vicios.

Querer ignorar —como se hace en e! Pacto de la Moncloa— que la Ley de Relaciones .Laborales vigente

constituye la causa principal del Incremento del paro y de la paralización del proceso Inversor, es como

querer ignorar Ja gran vía de agua que tiene abierta la nave de nuestra economía. El paro crece de una

forma alarmante porque las empresas que con una modesta reducción de sus plantillas habrían podido

sobrellevar la crisis, se ven abocadas á la suspensión de pagos o a la quiebra, con la consiguiente

paralización de su actividad. SI hace seis meses se hubiera establecido la plena libertad de contratación

laboral puede asegurarse que el paro se habría reducido a la mitad del actual puesto que no sólo el número

de empresas que habrían cerrado sería menor, sino que el número de nuevas empresas que se habrían

creado sería mayor, viniendo a absorber, una parte importante de los obreros parados en otras

actividades» Querer hacer pesar sobre las espaldas de los empresarios el coste del paro resulta, en

definitiva, más oneroso para todos ya que ello tiene como consecuencia una disminución de la

producción, un crecimiento de la inflación y un aumento mayor del número de parados a los que

finalmente, íiens que subvenir el Estado,

No parece, en modo alguno, que los firmantes del Pacto de la Moncloa se hayan dado cuenta de la

magnitud que puede alcanzar el paro en nuestro país. Puede asegurarse que las cantidades presupuestadas

para pagar el subsidio resultarán absolutamente insuficientes. Los firmantes del Pacto ignoran que con el

régimen actual de subsidios te profesion de -parado resurta altamente lucrativa y descansada. Hay

empresas en las que los trabajadores buscan ser despedidos para cobrar subsidio de paro. En La Rioja,

donde los vendimiadores cobran 1.200 pesetas diarlas, ha faltado mano de obra puesto que los

trabajadores parados de la zona han preferido seguir cobrando el subsidio de paro. En la zona de Vic -

extraordinariamente rica— se me informa que Jos «parados» utilizan el subsidio para pagar la gasolina

del coche y comer en el restaurante los sábados y domingos.

Cuando un barco corre peligro de hundirse es necesario que el capitán imponga un poco de seriedad.

Decididamente,, no parece serio dejar entender en el Pacto que, con un aumento de los salarios que en

ningún caso será inferior a! veinte por ciento, podrá reducirse la tasa de inflación al 23 por ciento durante

el año 1978. Por este camino es fácil prever que sr* «I próximo año la inflación será ´todavía superior a la

de 1977. Para ello sobraba el Pacto de la Moncioa.

Cuando un barco corre el peligro de hundirse es necesario apoyar incondicionalmente al capitán. Esto es

lo qu-hubiéramos hecho si hubiéramos tenido representación en las Cortes. Estés lo que recomendamos a

los amigos que tenemos aJIí. Todo Jo que aquí se lia escrito se lo hubiéramos dicho particularmente.

Salvador MILLET I BEL

 

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