Pacto y conflictividad laboral     
 
 Arriba.    12/11/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Pacto y conflictividad laboral

CON la presentación de los pactos de la Moncloa en el Senado por el Presidente del Gobierno

y el primer Consejo de Ministros para la instrumentación de las medidas contenidas en los

programas económicos y políticos respectivamente, la situación ha entrado en la fase que

podría denominarse preejecutiva. La elaboración y desarrollo de las medidas acordadas y su

ejecución es el objetivo de la actividad del Gobierno en el período actual. La vigilancia de la

identidad entre las medidas acordadas y las que efectivamente se promulguen, así como la

verificación práctica de su cumplí, miento, sin desviación es la vocación funcional que se

asignan los partidos políticos pactantes, alguno de ellos explícitamente. A los acuerdos en el

marco político los agentes económicos reales respondieron sin entusiasmo, como era de

esperar, pero sin rehusarlos. Es más, formalmente el grado de aceptación de la necesidad de

cumplirlos parecía suficientemente alto como para permitir pensar en su viabilidad general.

Sin embargo, en un breve repaso de la situación sociolaboral, el pa. net conflictivo de la

semana a escasos días del logro de la puesta en común de las fuerzas políticas— no es

alentador. Los aeropuertos están cerrados al tráfico y España incomunicada por vía aérea por

tres días. No entramos en las razones de los trabajadores, sólo decimos que el daño inferido a

la comunidad nacional es sencillamente gigantesco. Daño económico, daño psicológico, daño

de imagen interior y exterior, molestias múltiples generalizadas e indiscriminadas. Esta

situación pone en absoluta y emergente actualidad las conclusiones de la Asociación para el

Progreso dé la Dirección que consideran la regulación laboral como un problema inaplazable.

Insistimos que cualesquiera que sean las razones que asistan a los trabajadores, la

desproporción entre su interés afectado y el interés de la nación es demasiado acusada como

para que el país entero padezca una distorsión semejante. Le hemos dicho ya y nos vemos

obligados a insistir; nadie en una comunidad organizada puede disponer de un poder tal que

ponga en crisis, en peligro o en grave quebranto a todo su país. Desde la reivindicación justa

hasta la adopción dé medidas de semejante gravedad tiene que instalarse un itinerario de

negociación, de consideración, de información pública, de arbitraje, de intervención estatal o de

lo que sea.

En los aspectos que conciernen al cumplimiento del Pacto, el Gobierno es el Gobierno pero

además es mandatario de la voluntad de todas las fuerzas políticas y no puede unilateralmente

desentenderse u obrar por su cuenta en esos temas. Tiene que respetarse a sí mismo, a los

compromisos contraídos y al mandato de que es custodio y ejecutor.

Pero el panorama preludia! de conflictos no se agota con el comentado. Los trabajadores de

Obras Públicas, Ips amenazas de paro en los centros dependientes de la Seguridad Social, la

huelga de transportes en Madrid, la anunciada guerra interprovincial del maíz. Nos

preguntamos si no es posible en nuestra fértil imaginación para la composición —somos un

país de juristas— encontrar medidas intermedias entre la paz y la guerra.

El Gobierno no puede ceder y según la concurrente opinión de les especialistas económicos de

todas las tendencias ideológicas el diagnóstico de situación de nuestra economía no admite

mayor erosión.

Estamos porque el Pacto se cumpla rigurosamente, proporcionadamente e

indiscriminadamente. Pero nos preocupa un punto de equidad: nadie debe ser penalizado por

la contención y austeridad con mayor intensidad que otros. Nos referimos al posible efecto

retroactivo de las medidas ´económicas sobre las expectativas jurídicamente convenidas con

anterioridad. En estos casos la penalización se retrotrae, y el Pacto de la Moncloa comienza

para algunos sectores laborales e! año pasado. No nos parece justo. El rigor no debe llevar a la

injusticia. Puede pensarse que el momento obligue a recortar parcialmente las expectativas

generadas en la certeza de un convenio en razón a un análisis que ha demostrado la gravedad

de nuestra situación económica pero no su dramática desarticulación. Pacta sunt servanda, los

pactos deben ser cumplidos, sobre todo cuando los precios se han disparado superando

cualquier previsión contenida en los convenios que se cumplirán ya en déficit adquisitivo

sensible.

Si por cumplir el Pacto de la Moncloa se incumplen los pactos ya convenidos en tiempo, forma

y libertad todo el pactismo padece. Nadie tendrá certidumbre de que los acuerdos lleguen a

buen fin y se resentirá el espíritu y la utilidad da la negociación.

Si Iq situación es tan grave cedamos todos pero con ecuanimidad, no unos más que otros.

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