El momento actual exige un compromiso de colaboración, dice Suárez  :   
 Necesitábamos afrontar una solución pactada para nuestros graves problemas y acometer colectivamente esta etapa preconstitucional. 
 Ya.    12/11/1977.  Página: 12-13. Páginas: 2. Párrafos: 25. 

EL MOMENTO ACTUAL EXIGE UN COMPROMISO DE COLABORACIÓN, DICE SUAREZ

El programa elaborado sobre el consenso de las fuerzas políticas que lo han suscrito no contiene ningún

pacto secreto

Si el acuerdo político es el resultado de una confluencia de voluntades, el económico viene avalado por la

asistencia activa de todas las fuerzas políticas

Necesitábamos afrontar una solución pactada para nuestros graves problemas y acometer colectivamente

esta etapa preconstitucional

El presidente del Gobierno explicó al Senado el alcance de los pactos de la Moncloa

La espera de los textos constitucionales no se podía convertir en una prolongación de la inseguridad

jurídica de los ciudadanos

El presidente del Gobierno. Don Adolfo Suárez, pronunció el discurso siguiente ante el pleno del Senado:

Señor presidente, señoras y señores cenadores:

En esta mi primera intervención ante eeta Atta Cámara quiero que mis primeras palabras sean de saludo

cordial y expresión de sincero respeto a todos ustedes. Mi condición personal de diputado me vincula más

estrechamente al Congrego, donde. tengo el mandato de estar presente. Sin embargo, como presidente del

Gobierno, me siento vinculado por igual a ambas Cámaras, porque ambas constituyen las Cortes y ambas

son la representación del pueblo español.

Este hecho define el sentido de mi intervención ante este Pleno, en el que se presenta un programa

elaborado sobre el consenso de las fuerzas políticas que lo han suscrito y que no contiene ningún pacto

secreto.

El pasado dia 25 de octubre, tofos esos partidos políticos firmaban en la »ede de la Presidencia del

Gobierno un acuerdo sobre actuación económica. Dos días después, los mismos partidos, con una sola

excepción, firmaban un documento de acción política. Ambos acuerdos fueron considerados el día 27 por

el Pleno del Congreso de los Diputados con un sólo voto en contra La aceptación del contenido de los

pactos ha sido tan amplia, y sus efectos en la sociedad española pueden ser tan positivos, que es obligado

significar que el Gobierno se comprometa en que su contenido se lleve a la práctica en las mejores

condiciones y «n un clima de absoluta transparencia.

Permítanme sus señorías que no insista ahora en el detalle de los acuerdos que ya han sido explicados

suficientemente. Pero sí quiero hablar del hecho político de indudable trascendencia que constituyen los

acuerdos; de las causas que nos movieron a convocar las reuniones de la Moncloa: de las intenciones

auténticamente nacionales con que hemos actuado y de la necesidad de afrontar una solución pactada a

nuestros más graves problemas y, sobre todo, de acometer colectivamente la actual etapa

preconstitucional.

Una situación singular

Señoras y señores senadores: Los pactos de la Moncloa tienen varios aspectos que han sido ya expuestos:

recorrer, con las mínimas tensiones posibles, el camino que nos falta para llegar a la Constitución. Es

evidente que hemos utilizado un procedimiento singular, con escasos antecedentes. Y hemos actuado así

porque la situación de España es también singular.

Recientemente he hablado del claroscuro del día 16 de junio, veinticuatro horas después de que los

españoles depositáramos nuestros votos en las urnas. Un claroscuro definido por estas realidades:

— Un país que ese día se despierta en plena democracia, con una legislación que en muchos aspectos

dista mucho de ser democrática.

— Un sistema parlamentario renaciente, pero sin tradición parlamentaria inmediata.

— Unos partidos políticos alejados durante casi medio siglo de los compromisos de .poder y que ahora

debían asumir una nueva y renovada representatividad.

— Una sociedad sin estructurar debidamente, sin interlocutores y sin pilares ´suficientes e nivel

social para garantizar una mínima estabilidad.

Las notas de acompañamiento de estas deficiencias son bien conocidas de todos ustedes: la situación

económica atravesaba niveles de tal gravedad que hacían pensar en ella como en un peligro de

desestabilización, y los responsables .de la acción política teníamos como primera obligación conducir al

país hasta una Constitución durarera, válida para todos y aceptada por todos.

Llegar a la Constitución sin dramatismos

La espera de los textos constitucionales, que darán a España su plenitud democrática a nivel legal, no se

podía convertir, sin embargo, en una prolongación de la inseguridad jurídica de los ciudadanos. No

podíamos permitir que fuera una simiente de confusión por el desfase entre la legalidad y la realidad del

país.

Por eso las fuerzas políticas hemos convocado al pacto: desde la conciencia—creo que compartida por

grandes sectores de la sociedad—de que debemos llegar a la Constitución sin dramatismos; de que el

camino que falta debe tener un soporte legal adecuad»; de que, por exigencias de la acuciante realidad,

ese soporte había de ser urgente, y de que las soluciones que exigía la breve crisis económica no podían

esperar ni un día más.

Y si la Constitución deberá partir del consenso de todas las partes de una sociedad plural, pienso que no

podemos aplicar ni otras medidas, ni otros principios, ni otra inspiración -a un conjunto de normas que

están llamadas a cubrir esta etapa preconstitucional durante loe próximos meses. •

Pienso que el éxito que los partidos pueden brindar a los treinta y seis millones de miembros de nuestra

comunidad es haber conseguido una auténtica convergencia nacional de voluntades. Esa convergencia no

nació del vacío, sino sobre el dato •previo que nos había proporcionado el pueblo español, identificado

con el espíritu de la Corona: el propósito firme de construir una democracia. Eso es lo que se decidió al

refrendar la ley de Reforma Política y «so e« lo que se ratificó al votar masivamente las candidaturas

democráticas el pasado 1S de junio.

Las líneas del acuerdo político

A ese mandato popular obedecen a mi juicio las tres grandes líneas del acuerdo político:

Primera, concebir al Estado como promotor y garante de las libertades públicas, cuyo ejercicio tratan de

regular las acciones legislativas previstas.

Segunda, un orden basado en la igualdad jurídica, social y política de los ciudadanos.

Y tercera, una concepción del orden público como dice el propio acuerdo, que se funda en el "libre,

armónico y pacífico disfrute de las libertades y en el respeto a los derechos humanos".

Política y economía

Pero parece evidente que la normalización política que se busca podría resultar inalcanzable si al propio

tiempo no se trata, de garantizar un adecuado funcionamiento de la economía, a cuya situación me he

referido antes como posible factor de desestabilización. Sus señorías no necesitan una especial referencia

a esos signos, que van desde el creciente número de parados hasta el desequilibrio del comercio exterior,

pasando por unía complicada red donde se mezclan

los factores políticos, la falta de inversiones y productividad y la consiguiente posibilidad de desencanto

social ante la propia democracia. Demasiados males, demasiados peligros como para evitar un

planteamiento g 1 o b ti I desde perspectivas comunes que permitan sanear y reformar las estructuras

económicas y sociales dentro del marco de una economía de mercado.

El Gobierno cumplirá los acuerdos

Creo que si el acuerdo político ea el resultado de una confluencia de voluntades, el económico viene

avalado además por las mejores aportaciones técnicas, por la asistencia activa de todas las fuerzas

políticas e incluso por e´ respaldo internacional, claramente expresado por los organismos especializados.

Es posible que cupieran otras soluciones. Pero nos parece que las fuerzas políticas que lo han suscrito han

escogido la via de mayores seguridades en un momento excepcional. Por ello, pienso, sin triunfalismos y

sin juicios apresurados, que es posible afirmar que no sólo se mejoró la comunicación y transparencia

entre los partidos, sino que, como alguna vez he señalado, las posibilidades de entendimiento entre los

españoles son hoy mayores que hace solamente unas semanas.

Si esto es así, es normal que el Gobierno pueda, quiera y esté obligado a comprometerse en las esferas de

su competencia a la ejecución eficaz, honesta y plenamente responsable de los acuerdos:

— Porque entran de Heno en «1 contexto d« los objetivos coherentes señalados por la Corona y por •1

pueblo español, y que ya han colocado a España en una situación democrática irreversible.

— Porque constituyen un nuevo y sólido pilar para contar con una» instituciones sociales estables, ca-

paces de resistir los lógicos vaiven ue» políticos

— Porque permitirán que la Inseguridad jurídica desaparezca y se produzca una mayor aproximación

entre legalidad y realidad.

— Porque pueden garantizar la evolución económica y social del país con una clara esperanza de

superar las dificultades v de conseguir que nuestro pueblo viva en una situación más progresiva v más

justa.

— Y porque, en definitiva, han hecho posible que la política española no sea más el resultado de las

decisiones unilaterales de unos pocos, sino el fruto del entendimiento, el pacto, el diálogo v la

negociación entre todos los grupos.

Los pactos no son un Gobierno paralelo

El pacto de la Moncloa, señorías, no sólo no limita las funciones del Parlamento, sino que las afirma. Los

pactos han sido presentados al Congreso y al Senado, y es el Parlamento quien, a partir de ahora, deberá

elaborar las leyes que lo pongan en práctica y controlar con grave responsabilidad su ejecución.

No es un hurto tampoco a la singularidad de cada partido, sino que representa concesiones parciales y

temporales de todos, sin que ninguno renuncie a su personalidad y a su propio programa. Así lo

demuestran las declaraciones de sus líderes en el Congreso de los Diputados, en el Senado y también

aquellas que se han efectuado a través de las pantallas de televisión.

No es tampoco la Instauración de un Gobierno paralelo ni elimina las funciones del legalmente

constituido. Al contrario, el Gabinete mantiene la iniciativa política que le corresponde y asume en

plenitud su responsabilidad del gobierno del país y de la ejecución de los acuerdos, con la participación

de los partidos políticos que los han firmado y bajo el superior control de estas Cámaras en cada una de

las funciones que a cada grupo corresponden.

Y no es, señorías, ningún fruto tampoco de afanes personalistas, oportunistas o de ansias de

espectacularidad, sino el resultado de la coherencia de un pensamiento y de la justa comprensión de ,una

necesidad1 histórica. Pienso que por parte de todos los partidos políticos que lo han suscrito sería cuando

menos injusto calificar de oportunistas a unos hombres y unos partidos .que, distantes en sus ideologías

supieron unirse en beneficio de España y con el exclusivo deseo de servir más eficazmente a todos

nuestros pueblos.

Conseguir un estado democrático firme y plural

Y pocas palabras más, señorías. Estos son ya momentos de acción, da trabajo y esfuerzo. Sólo deseo

reafirmar la certeza de que nuestro empeño es conseguir un Estado sólido y democrático, firme y plural,

asentado en una inamovible armonía de libertades, derechos y obligaciones. Pienso que lo conseguiremos

desde una clara definición de objetivos inmediatos, que nos han sido proporcionados en gran medida por

loa acuerdos de la Moncloa. Y lo conseguiremos entre todos «i construimos una sociedad fuerte, con

recursos, para defenderse a el misma. Esa sociedad, estructurada por un sólido entramado de Instituciones

solventes y de mecanismos de respuesta y de recambio, permitirá que España mantenga su estabilidad

política y supere con éxito las dificultades derivada* de su propia transformación interna y esa especial

situación que constituye su posición estratégica, • que la convierte en destinataria y reflejo de todas las

tensiones de su entorno geopolítico.

Pienso que es obligación de todos conseguir esa sociedad con anchura de miras. Es evidente que cada

partido puede tener y tiene, a medio y a largo plazo," un modelo diferente. Pero es también evidente que,

a corto plazo, existía y. existe un trozo de camino que podíamos recorrer en común, como es común la

obligación de asentar nuestra convivencia en la estabilidad y en el imperio de la ley. Ese es el significado

último del hecho político que .he venido a exponer a sus señorías. En esta tarea, que considero de

compromiso colectivo, creo que el Senado tiene u´n papel de riguroso protagonismo. No necesitan sus

señorías que nadie recuerde en esta tribuna las altas funciones del Senado.

Petición de control a las dos Cámaras

Pero sí quiero señalar que, si la más específica es la legislativa, en los pactos de la Moncloa existe un

amplio campo de desarrollo normativo en el que su colaboración es imprescindible. Quiero señalar que, si

les corresponde una función de control, el Senado, al igual que el Congreso de los Diputados, tiene la

obligación de velar por el cumplimiento de los acuerdos y la pureza del procedimiento, como así han

puesto de manifiesto los diferentes portavoces de los grupos parlamentarios. Y en estos instantes de

creación de nuevas bases para una nueva sociedad más justa, el Senado puede encontrar en los acuerdos

un punto de partida para desarrollar su función de promoción de los intereses generales del pais.

Por ello, no en nombre de mi partido, ni siquiera en nombre del Gobierno, sino desde nuestro común

sentido de la responsabilidad ante el pueblo español, he querido afirmar de nuevo ante esta Alta Cámara

el compromiso de colaboración que nos exige a todos el momento actual de España.

Sé que esa colaboración no faltará. Mi gratitud por ella, como presidente del Gobierno; mi respeto y mi

compromiso de estar aquí, ante sus señorías, siempre que sea necesario o lo demanden los superiores

intereses de nuestro pueblo.

Señoras y señores senadores, muchas gracias.

 

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