Autor: Lluch Martín, Ernest. 
 Viabilidad de los acuerdos. 
 El futuro del pacto de la Moncloa     
 
 Diario 16.    23/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Viabilidad de los acuerdos

El futuro del pacto de la Moncloa

Ernest Lluch (Diputado de Socialistes de Catalunya)

En la tarea de explicación de ios acuerdos de la Moncloa siempre surge la incógnita de cómo serán

aplicados y, sobre todo, cómo se controlará su aplicación. La aplicación la deberá hacer evidentemente el

Gobierno de UCD mientras que el control de la aplicación deberá ser realizada a través de las distintas

comisiones parlamentarias. La utilización de las comisiones es el camino democrático o, mejor dicho, el

único camino democrático. Sin embargo, estas contestaciones no cubren una parte esencial del futuro de

los acuerdos. Nos referimos fundamentalmente a que puede presentarse la necesidad de revisar algunos

extremos a causa de modificaciones de la realidad o a la búsqueda de nuevos o mejorados instrumentos.

Rigidez y cambio

La determinación de este doble nivel de negociaciones con control parlamentario y revisiones continuas

no es algo que los Socialistas de Cataluña digamos ahora, sino que ya era nuestra postura ante la

Comisión de Economía y Hacienda desde el pasado 9 de agosto. Semanas después, el 27 de septiembre,

insistíamos en "un acuerdo programático acompañado de un proceso de negociaciones continuo, en el que

se revisen las actitudes, tos posiciones y la forma en que st> aplica este acuerdo". E! compañero ..Enrique

Barón se expresaba en términos parecidos, y algunos periódicos, como D16, lo recogían a cuatro

columnas: "Frente al Gobierno de concentración los socialistas proponen el pacto programático." Las

distintas fuerzas políticas tardaron en cambio algunos días en aceptar la propuesta que durante dos meses

los socialistas mantuvimos en solitario. Antes de recoger la primera parte de nuestra propuesta su rechazo

Fue contundente. El portavoz del grupo comunista afirmaba que "la solución no puede venir por un

camino de concordia nacional simplemente, o de pacto o acuerdo programático", a su vez el de Alianza

Popular citaba elogiosamente el premio Nobel Millón Friedman, aunque también asesor del general

Pinochet, y, por último, el portavoz del Gobierno insistía en que presentaría unilateralmente un programa

ante el Congreso.

No se trata ahora ¿e recordar estas faltas de concordancias con la propuesta que se ha mostrado como la

única realista, ni incluso de alegrarnos por haberse aceptado la fórmula que nos parecía la más adecuada

para salir de la grave crisis económica. Si hacemos este recordatorio es simplemente con el objetivo de

dejar bien claro que las necesidades de revisión de medios y objetivos (lo que es distinto del indispensable

control parlamentario de lo acordado) no es algo que enunciemos ahora, sino que viene siendo nuestra

línea. Lo seguimos manteniendo por ÍE, simple razón de que la rigidez ante una realidad cambiante puede

ser peligrosa. Peligrosa puesto que acarrearía uno de los principales defectos que puede tener una política

económica: falta de credibilidad. Al decir esto somos también conscientes de que una modificación

continua de la política puede inocular escepticismo e inseguridad.

Entre ambos extremos, la posición correcta sería la de aceptar el reciente acuerdo como las grandes líneas

maestras, mientras que periódicamente se revisan en aspectos concretos. De esta manera se recogería la

segunda parte de nuestra propuesta, lo que nos parece indispensable. Pensemos en los errores que pueden

provenir de tres orígenes:

1) Cambios imprevistos de ¡a situación económica internacional.

2) Falta de efectividad de algunas medidas concretas.

3) Necesidad de matización o de complejidad en algunos medios aplicados, Un importante informe sobre

política económica nos recordaba recientemente:

"Conviene sin duda admitir que la elección de objetivos no debe ser considerado en absoluto como

irrevocable, y que hace falta no dudar en abandonarlos o sustituirlos por otros si dejan de ser

significativos." En resumen, que dentro de unas líneas maestras inamovibles la adecuación periódica

durante estos quince meses es algo imprescindible.

Negociaciones periódicas

Un campo en el que podemos dar un ejemplo claro de nuestra propuesta es e! de la política económica. El

compañero Joan Revenios al mostrar nuestro apoyo a los acuerdos ya puso de relieve que no existe una

evidencia empírica de que exista conexión inequívoca entre disponibilidades liquidas y crédito. Utilizar

exclusivamente a la primera variable parece simplista y que en momentos determinados no asegura el

volumen de crédito que es en definitiva lo que afecta al sector productivo y, por tanto, al volumen de

empleo. Lo que estamos afirmando no es algo "diferente", sino más bien lo habitual en la mayor parte de

países. Robert Raymond en las conclusiones de un seminario sobre política monetaria afirmaba en base a

las distintas políticas que se aplican que "un número creciente de países se refieren a objetivos

concernientes al crédito". La relación entre masa monetaria y crédito presentan evidentemente problemas

de coherencia y de prioridad que habrán de calibrarse detenidamente. Plantear este tema no significa en

absoluto modificar lo que es el objetivo central de la política monetaria de los recientes acuerdos: "Se

moderarán los ritmos de avance de las magnitudes monetarias para contribuir a una desaceleración

progresiva del proceso inflacionista", sino poder examinar si el mismo hecho de controlar magnitudes

monetarias en singular no es ya inadecuado con una lectura ai pie de la letra de lo pactado.

La elección de este ejemplo no es casual y tampoco viene justiíi-cado porque creamos que éste es un

extremo tan determinante como piensan algunos monetaristas. Lo hemos elegido por la razón de que aun

alejados del mecánico moneta-rismo, sí es pertinente dejar bien claro que desde posiciones socialistas la

política monetaria es una piedra de toque fundamental. Pasando del ejemplo al caso general: los recientes

acuerdos son positivos y los asumimos. Su control lo deben ejercer las comisiones parlamentarias, pero si

no se establecen unas negociaciones periódicas se corre el grave peligro de que aparezcan dentro de poco

tiempo como un traje no absolutamente bien cortado y cuya percha ha experimentado cambios.

 

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