Autor: INDONIO. 
   Pacto y dinámica social     
 
 Arriba.    23/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

PACTO Y DINÁMICA SOCIAL

EL pacto de la Moncloa se ha visto desafiado una vez más por la segunda huelga nacional de

aeropuertos. Se ha pactado una colaboración para elaborar una normativa socioeconómica que permita

rehabilitar nuestra situación económica y un compromiso para el tratamiento y pacificación del sector

laboral en sus conflictos. El pacto no erradica por sí mismo la conflictividad que surge en la realidad

sociolaborai y de los problemas reales y graves que amplios sectores padecen. Es decir, no se puede

pactar que no haya conflictos. Aceptado que son y serán inevitables, hay que subrayar la diferente

posición en que se encuentra el Gobierno y los partidos políticos, particularmente los llamados de

militantes y de masas. Surgido el conflicto —sobre cuya floración y desarrollo la influencia de las

centrales sindicales ofrece un abanico desigual, desde el control total hasta el descontrol total— los

partidos políticos con bases laborales, clásicamente comunistas y socialistas, pueden con muy buena

voluntad apaciguar, persuadir y templar su mayor dureza, pero no pueden —aun cuando la naturaleza y

planteamiento del problema lo mereciera— desautorizarlo. Es inconcebible que estos dos partidos estén

dispuestos a impedir —esta fuera de su alcance en muchos casos— o desautorizar las reclamaciones de

los trabajadores. Es inconcebible ontológicamente. porque estarían quemando sus bases y en dos años

habrían perdido su credibilidad. Por ello, insisto que con buena voluntad, los partidos comprometidos en

e! pacto y las centrales sobre las que influyen, UGT y CC. OO., se verán obligados a buscar y practicar

actitudes positivas con los sectores en conflicto. Actitudes tales como la mediación, el arbitraje, buenos

oficios, etcétera, que les permitan en equilibrio casi Imposible cumplir sus compromisos nacionales y

quedar bien con los trabajadores. El mejor conflicto es el que no se produce, el que se evita, pero una vez

abierto, no esperemos condena o descalificación terminante por parte de comunistas y socialistas.

Primero, porque la condena radical es bien difícil éticamente sobre un telón de fondo de crisis general y

de flagelo penitencial sobre las economías salariales. Segundo, porque los partidos marxistas no pueden

—y es políticamente comprensible— hipotecar su crédito en los dos próximos años. En todo caso tienen

ante sí una espinosa papeleta, porque una actuación honesta les comporta inevitablemente costos

políticos.

¿Pero y el Gobierno? ¿En qué posición se encuentra? Hay que considerar que al Gobierno le apoya un

conglomerado de formaciones políticas, heterogéneas y ninguna de masas. Las posibilidades de operar en

el interior de los sectores laborales desde el ascendiente de un partido político o una central sindical, no

existen para UCD. No existen para el Gobierno.

Mientras que cada conflicto supone un reto a la imaginación y a ía dinámica política de los partidos

políticos, y ello es bueno, a pesar de sus eventuales costes, para un partido, porque lo mantiene vivo, en

debate y en gestión, al Gobierno sólo le cabe una actitud de severo gendarme y en las actuales

circunstancias. El Gobierno tiene invariablemente que negarse con la mayor firmeza ante reclamaciones

que excedan el tope salarial convenido. Ese es su papel, su gloria y políticamente su tragedia. Si se

apartara del pacto, si pretendiera tratar políticamente un conflicto de esa naturaleza, los demás partidos

denunciarían el incumplimiento por parte del Gobierno de sus propios pactos y sería el fin. El juego

político, en el sector laboral, es todo para la izquierda. Y en el alguna forma, para Alianza Popular, que ni

está en el Gobierno ni se encuentra comprometida con los trabajadores de un modo interdependiente

como el PSOE o e! PCE, con diputados trabajadores y con directivos del partido que son miembros de las

ejecutivas de las centrales sindicales respectivas. Las oportunidades de Alianza Popular son

esplendorosas, puede pronunciarse como más convenga, atenta a la evolución política de los

acontecimientos laborales.

Y también en alguna forma ha recibido una prima gratuita, excepcional. La CNT, los anarquistas, que

pueden actuar sin compromiso porque los han rechazado y en línea de purismo con una ideología tan

interesante en el plano de la vivencia personal como devastadora e inviable en el social, pueden hacer

estragos sobre una población laboral nada anarquista, pero capaz de razonamientos tan simples e

insolidarios como el expresado por algunos trabajadores de los aeropuertos. «Pedíamos al Gobierno

trescientos millones, la huelga ha costado más de cuatro mil, lo que podrían haberse ahorrado.»

¿Ahorrado quien, despilfarrado quien? ¿Y con esa lógica es pensable organizar ética, política,

económicamente una comunidad

Si fracasamos en la rigurosa observancia del pacto —por insolidaridad, por inmadurez, por apetito

político oportunista o por debilidad— la fase siguiente —que no añade una nueva y específica seguridad

de éxito —es un Gobierno de concentración. Y después de esta fase no queda nada, excepto la autoridad

divinizada. La autoridad como principio supremo y sagrado, la autoridad sobre la libertad, como

metafísica de! hombre, como filosofía y praxis cotidiana. la autoridad como habitat espiritual del hombre.

Ese monstruoso y desestimulante horizonte de pobreza espiritual y material puede conjurarse todavía.

Tiene que conjurarse. La clave de toda razonable esperanza está en el desarrollo de las centrales

sindicales y de las patronales en la instrumentación —sin prevenciones ni trabas oficiales— de agentes

realmente representativos, responsables y lúcidos en el plano socio-económico. Se autentificaría así lo

que hoy es inauténtico y se desplazaría la función de los partidos políticos de un escenario que no les es

propio, evitando costos y oportunismos políticos que a largo plazo —muy breve es el largo plazo en una

situación tan dinámica y fluida como la nuestra— arruinará la política y el prestigio de los políticos. Y sin

respeto por la política y los políticos una nación vive descerebrada, es decir, vive en forma animal, entre

la epilepsia y el sopor, que no son síndromes de libertad.

Es preciso desarrollar nuestro nuevo sindicalismo con el mayor empeño, con la mayor esperanza, con

urgencia. Sencillamente porque no es posible que una sociedad de trabajadores funcione en libertad sin

organizaciones sindicales y empresariales desarrolladas.

INDONIO

 

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