Autor: Albiñana, César. 
   Ideologías, pactos y comportamientos     
 
 Ya.    10/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

IDEOLOGÍAS, PACTOS y COMPORTAMIENTOS

Mientras los comportamientos económicos no respondan a los postulado» de justicia social no debe

sorprendernos que la historia sea interpretada según concepciones materialistas, señala nuestro

colaborador César Albiñana en este artículo, entre otras consideraciones sobre e! llamado Pacto de la

Moncloa.

EL, llamado pacto de la Moncloa, como acontecimiento reciente, y la coincidencia dé los últimos

objetivos económico-sociales. de las ideologías políticas, como ineluctable fenómeno de la sociedad

moderna, están poniendo sobre el tapete la necesidad de acomodar los comportamiento* a las ideas

proclamadas y a las cláusulas convenidas. La oposición parlamentaria se ha reservado la, vigilancia de la

ejecución del referido pacto económico. Y el Gobierno ha creado una comisión Interministerial que cuide

del cumplimiento de los acuerdos suscritos y del calendario establecido. Ha llegado la hora de que las

disposiciones legales de contenido económico-financiero tengan vigencia real o efectiva en España.

No es de nuestros dias e! divorcio entre las ideologías y los comportamientos en ´el plano económico-

social. Las doctrinas sociales—y, por tanto, económicas—se suelen confesar, pero no profesar. Por ello es

oportuno, así lo estimo, dedicar unas líneas a tan vieja cuestión, cual es la diíerencia existente entre

apariencia y realidad cuando se trata del ordenamiento jurídico de la expresada materia. De esta falta de

paralelismo entre las disposiciones dictadas y las realizaciones logradas, entre las ideologías sustentadas y

los comportamientos efectivos, derivan "el no fue posible la paz" o la "revolución pendiente". Las

banderas económicas que se enarbolan o se requisan no pueden quedar depositadas en el venerable museo

del "Boletín Oficial del Estado", ni tampoco pueden emplearse como un gota-gota que nada va a cambiar

ni a remediar.

ES cierto que en algunas ocasiones—menos de las que se cuentan- es el propio legislador quien incurre en

"voluntarismo jurídico", pues dispone lo que la sociedad no está dispuesta a acatar. La ley entra en desuso

en cuanto la realidad social no acusa su vigencia. Pero en la mayoría de los casos de Inobservancia de las

leyes—constitucionales u ordinarias—con incidencia en las economías individuales, el problema de su

inejecución ya está presente, aunque larvado, en la fase de elaboración >le sus disposiciones. La ley,

como fruto de un pacto, está repleta de ambigüedades o de expresiones escapistas ante las medidas a

establecer. Cuando la ley deja >3e ser la "diagonal" de las fuerzas de una .serie de intereses en lucha,

como la definió Heek. no debe sorprendernos que tan pronto como se inicia su desarrollo notmatlvo o su

ejecución renazcan los intereses contrapuestos que la alumbraron—aunque inviable— y bloqueen su

aplicación.

En otras ocasiones ha bastado negar o regatear los medios jurídicos, personales o materiales necesarios

para la efectiva vigencia de las leyes, consiguiendo asi permanecieran Inaplicadas. En la esfera tributaria

constituye una constante histórica bien el aborto de las reformas propuestas aduciendo la falta da una

Administración tributaria eficiente, bien el fracaso de las reformas promulgadas manteniendo una

organización administrativa inadecuada y unos medios insuficientes para aplicarlas. De aquí las reformas

tributarias "legales" qji e no resultaron "reales". Y de aquí, también, un fraude tributario que apenas tiene

importancia en la base de la pirámide contribuyente.

SE llama, pues, la atención sotare la necesidad de que los comportamientos refrenden ideologías y pactos.

Al expresarme así no hago la apología de los comportamientos, ni afirmo que de éstos, como realidad

observable, hayan (Je extraerse los principios reguladores del orden social. Por el contrario, existe un

orden moral que no depende ni se asienta en la realidad. Pero ha de denunciarse el escaso valor que hoy

tienen las proclamas y las declaraciones económico-sociales que no cuentan con la escolla de los

comportamientos con ellas coherentes. Aún más: mientras los comportamientos económicos no

respondan a los postulados de justicia social que hoy nadie deja de suscribir, no debe sorprendernos que

la historia .sea interpretada según concepciones materialistas.

A la expresada salvedad o aclaración resta añadir que, «a la era social que el mundo ha comenzado a

contar, es ineludible dar testimonio de la ideología que se predica, y ea asimismo obligado calificar de

frivolidad el ostentar una etiqueta que no se compadezca con la conducta, que se siga. Lo que hasta ayer

pudieron ser meras hipótesis de trabajo intelectual, son hoy reglas inexcusables de comportamiento socio-

económico. Ya no caben términos equívocos, ni, menos, restricciones mentales en cuanto afecte a la

solidaridad económica nacional. Habrá que cambiar de rótulo si la ideología y el comportamiento son

divergentes, pues va a ser difícil ofrecer una apariencia que no sea verdadera, esto es, que no se

identifique con la realidad económico-social que se prometa o que se suscriba.

César ALBIÑANA GARCIA-QUINTANA

 

< Volver