El "programa común" de Suárez     
 
 El País.    07/10/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

OPINIÓN

EL PAÍS, viernes 7 de octubre de 1977

El "programa común" de Suárez

UNA CONSTANTE en el comportamiento político del señor Suárez ha sido, hasta ahora, su tendencia a

descomponer, los problemas globales de U gobernación de) Estado en sectores parciales, a los que suele

tratar de manera aislada y sin reparar en las implicaciones que pueden tener en el resto de la vida pública.

Esa práctica le ha permitido alcanzar éxitos espectaculares en determinadas; cuestiones y durante breve

tiempo. Sin embargo. 1a factura que ha tenido que pagar por esos triunfos parciales y momentáneos, fruto

de su innegable habilidad, ha sido, a la larga, muy elevada. Su imagen pública ha sufrido un

impresionante deterioro en el último mes. Y no solo el señor presidente del Gobierno ha salido

perjudicado por ese estilo de hacer politica. La gravedad de la situación económica en el «oí.,de 1977 se

debe, en gran pane, al descuido cor. el que el primer Gobierno Suaréz, concentrado injustificadamente en

lemas sólo políticos, trató las cuestiones económicas durante el año largo de su mandato. Y también es un

hecho público que la enorme tensión producida en el mes d¿ abril por la legalización dc¡ PCE en ciertos

sectores de las Fuerzas Armadas se debió, en parte, a unas imprevisoras palabras pronunciadas en

septiembre de 1976 ante altos mandos militares por el señor Suárez, preocupado, n es momento, sn

reparar en el futuro, por ganarse 1a confianza del Ejército.

Peto las elecciones del 15 de junio, la entrada en funcionamiento de las Cortes y el ejercicio de la libertad

de expresión hacen ys.imposible el mantenimiento dr esas prácticas de Gobierno. La experiencia política

adquirida bajo el franquismo, la capacidad para la maniobra a corto plazo o la descomposición en parcelas

aisladas del conjunto de problemas con los que tiene que enfrentarse el Estado se hallan en las antipodas

de la; cualidades que se precisan para gobernar en una democracia. Y más todavía, en el caso de un

Gabinete con un respaldo minoritario en el Congreso, una grave crisis económica por resolver, elevadas

expectativas sociales de cambio en la vida cotidiana y una oposición activa y ¿10 amordazada.

En las pasadas semanas, las acciones del señor Suárez bajaron casi tanto como los valores bursátiles. No

solo en U Oposición sino incluso en el seno de la propia UCD ganó terreno la creencia de que el

presidente del Gobierno que supo desmontar las instituciones del franquismo no lograría ponerse a la

altura de las nuevas circunstancias de una España democrática.

No obstante, la invitación cursada por el señor Suárez a los protavoces de todos los grupos parlamentarios

para discutir los términos de un acuerdo a plazo medio para afrontar de manera solidaria los graves

desafíos con que se enfrente el país cambia la situación. Las posibilidades de reconversión del presidente

del Gobierno desde los hábito* del wrteríu autoritario cerrado * Us costumbre» de lo* sistemas pluralistas

abiertos, aunque no parecía muy elevadas. Umpoco son inexistentes. Evidentemente, lo que propone el

señor Suarez es una fórmula cas calcada de b situación italiana de lo» ultimos meses: ua Gabinete

monocolor —como el de Andreotti— encargado de ejecutar un programa de gobierno comun negociado y

suscrito por todas las fuerzas políticas del creo constitucional.

Los puntos a los que hace referencia el señor Suarez en su carta de invitación son indiscutiblemente

pertinentes: la necesidad de sanear U economía y de liquidar todos los vestigios del sistema Franquista

«incompatibles coa el camino democrático emprendio». Esta por ver, sin embargo, hasta donde esta

dispuesto a llegar el partido del Gobierno en la democratización del aparato estatal y de la sociedad

española. La reforma del Código Penal, un replanteamiento radical del orden publico y el control de los

medios de comunicación social del Estado — expresamente citados en la carta— pueden ser

interpretados, tanto en su alcance como en su contenido, de formas muy distintas. En cuanto a las

medidas económicas, la debilidad y !as luchas intestinas de las centrales sindicales, fomentadas desde

distintos niveles políticos, constituyen un formidable obstáculo para ese pacto social en el que los

trabajadores, a cambio de la congelación de sus salarios reales, reciban dentro de las empresas los

instrumentos de información y de participación que (es permitan comprobar que sus sacrificios están

justificados.

Por lo demás, tampoco es seguro que se dea en España las peculiares condiciones históricas y políticas —

fundamentalmente las presiones exteriores y del Vaticano contra la entrada en el Gobierno de un

poderosísimo Partido Comunista— que hacen inevitable, en Italia. el Gabinete monocolor. La alternativa

de un amplio Gobierno de coalición, con participación, al menos, de los dos grandes partidos, es hoy en

España histórica y politicamente posible, por no decir deseable.

En cualquier caso, bienvenida sea la iniciativa tomada por el señor Suárez, aunque venga con retrajo.

 

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