Autor: Santiago Castelo, José Miguel. 
   Cantarero del Castillo  :   
 Renunciar a las viejas etiquetas. 
 ABC.     Páginas: 3. Párrafos: 25. 

ABC - REPORTAJE

CANTARERO DEL CASTILLO RENUNCIAR A LAS VIEJAS ETIQUETAS

Santiago CASTELO

«Todo planteamiento político que se haga de cara al pasado está condenado al

fracaso», afirma en la entrevista que publicamos a continuación el presidente de

los Antiguos Miembros del Frente de Juventudes quien analiza la situación

española actual y los diferentes problemas que surgen en el panorama político de

nuestros días.

Esta entrevista fue realizada antes del discurso pronunciado ayer por el

presidente del Gobierno.

HE visto un par de veces a Cantarero del Castillo en los últimos días.

Precisamente en esos días en que su nombre era llevado y traído con motivo de la

presidencia nacional de los Antiguos Miembros del Frente de Juventudes, en esos

días en que de España y de! extranjero andábamos unos cuantos periodistas

al retortero de todo lo que sucediese. Manuel Cantarero del Castillo, malagueño

con todo su acento ceceante, abogado, antiguo falangista, se ha sonreído cuando

le he dicho que quería entrevistarlo. Era en un café madrileño, a primeras

horas de una mañana fría.

- Pero, hombre, si yo puedo contestar a tus preguntas casi con las mismas

respuestas con que hace cuatro años respondía, también en A B C, a Cortés-

Cavanillas... En el terreno político, y a pasar de haber mediado el prudente y

prometedor programa Arias, no hemos avanzado hasta ahora un solo milímetro.

Tal vez hemos, incluso, retrocedido, a juzgar por el absurdo lenguaje de guerra

de país subdesarrollado con que se oye hablar a muchos políticos. En primer

plano, y con altavoces, a muchos de la «posición» y en segundo plano, y con

sordina, a muchos también de la oposición.

- ¿Crees tú que el pueblo español esta preparado políticamente?

- Desde luego. Es absurdo pretender que el pueblo español, que es hoy un pueblo

demográficamente joven y, por ello, despierto e inquieto, acepte mantenerse

indefinidamente al margen de su inserción activa en las grandes corrientes de

pensamiento y de acción política que suscita en Occidente, y en todo el mundo,

la gran crisis de nuestra época. No abrir los canales convenientes para ello no

hará más que radicalizar los impulsos sociales, porque esa crisis, en el mundo

absolutamente intercomunicado en que vivimos, nos envuelve, nos penetra por

todas partes y nos impulsa a todos, como por un fenómeno de gravitación

universal histórico-cultural, a optar por alguna de las distintas alternativas

ideológicas que, en todo si mundo y para todo el mundo, tratan de formular las

bases de una nueva sociedad.

«Hay que ir a planteamientos radicalmente nuevos»

- ¿Y bajo qué planteamientos políticos?

- Creo que todo planteamiento político que se haga de cara al pasado esta

condenado al fracaso. Los españoles están ya hartos de que traten de imponerles

el pasado como futuro. He dicho y escrito que España es un país alienado por su

pasado. Y, por lo visto, no hay forma de superar esa alienación. Hay que ir a

planteamientos políticos radicalmente nuevos que no proyecten sobre el futuro

las sombras fratricidas del pasado. Por ello, cuando se habla de apertura

política pienso que hay que tratar, por todos los medios, de partir desde el

presente. Vengo afirmando que, en base a ello, todos los españoles tenemos

que hacer un esfuerzo, y aun un sacrificio político, renunciando a comparecer en

el marco de la apertura política con las viejas etiquetas. Porque si hacemos que

revivan la Falange, el Requeté, Renovación Española, la C.E.D.A., el Partido

Socialista Obrero Español, el Partido Radical-Socialista, etcétera, lejos

de plantear un pluralismo democrático ideológico de hoy lo que estaremos es

replanteando, de nuevo, el pasado - el trágico pasado - como presente y como

futuro. Y asegurando una nueva frustración nacional.

Hay que ir, por ello, a la formulación de las opciones políticas e ideológicas

rigurosamente actuales en el mundo, en las que los españoles puedan integrarse

no en razón de lo que fueron o donde estuvieron en el pasado, sino en razón de

sus afinidades actúales respecto de los distintos objetivos para el presente y

para el futuro.

- ¿Te opones pues, a todos los inmovilismos?

- Con todas mis energías. Pero es que me opongo tanto a los inmovilistas del

Régimen como también a los inmovilistas del anti-Régimen. Sostengo que el

Régimen no es suficientemente una democracia porque excluye, en la práctica, de

los derechos cívicos y políticos a los españoles de ideologías distintas

de las de los "vencedores; ideologías que, en su gran mayoría, son de curso

legal en todo Occidente. Y también sostengo, por la misma regla de tres, que el

anti-Régimen tampoco sería una democracia, aunque así se denominase, si viniera,

en una hipotética situación de Poder, a excluir de sus derechos cívicos y

políticos a los españoles de las distintas ideologías que estuvieron con Franco

desde el 18 de julio de 1936.

Disponerlo todo

- ¿Cuál crees tú que deba ser una primera medida de futuro?

- Si se desea, de verdad, que la Monarquía establecida para el futuro se

consolide y se fortalezca - y lo digo sin ser monárquico - hay que disponer todo

ya para que pueda venir como marco de un sistema político de definitiva

normalidad institucional en el que queden absolutamente igualados, teórica y

prácticamente, en derechos cívicos y políticos, todos los españoles que,

cualquiera que sea su ideología o su pasado, acepten el compromiso

constitucional y estén dispuestos a ejercitar su libertad dentro de la

disciplina democrática, porque hay que decir que la democracia no es, en

absoluto, la anarquía, sino la más rigurosa de las disciplinas precisamente por

ser la de mayor legitimidad moral.

- Manolo, tu hablas a menudo de «derecha civilizada» e «izquierda civilizada»...

- Bueno, utilizo esas adjetivaciones para distinguir a esas derechas e

izquierdas modernas de las irracionales del pasado.

- ¿Qué presuponen?

- La «derecha civilizada» presupone la necesidad de la existencia de una

«izquierda civilizada». Y viceversa. Si en España se consigue, por fin, un

funcionamiento político asegurado por unas derechas y unas izquierdas

«civilizadas» tal vez pueda nuestro pueblo desarrollar toda su potencia

creadora, en el pasado tan frustrada por nuestra larga historia de

enfrentamientos fanáticos y de turnos excluyentes. Para la Monarquía que

aguarda, ello ha de ser decisivo, porque bien evidente es que sólo en aquellos

países en que han funcionado las derechas y las izquierdas «civilizadas» y que

han podido actuar, en pacífica alternancia democrática, Gobiernos socialistas

con Gobiernos conservadores las Monarquías se han consolidado y han enmarcado

largas etapas históricas de paz y progreso.

Factores de racionalización

- Sintéticamente, Manolo, ¿cómo ves el porvenir?

- Cuando todos los supuestos de una situación son irracionales, el desenlace

tiene que ser necesariamente irracional. Y la irracionalidad en política es

siempre, en última instancia, la coacción, el desorden y la violencia. La única

manera de asegurar desenlaces pacíficos y prósperos en los procesos políticos es

la introducción en los mismos de factores de racionalización. Tal cosa fue, o

quiso ser, en la historia política del Régimen, la Ley Orgánica del Estado y tal

ha sido, y quiere ser todavía, el programa del 12 de febrero del presidente

Arias, si es que las fuerzas irracionales españolas no dan al traste con todo

ello.

- Ahora que hablamos del presidente Arias... ¿qué opinión te merece su programa

político?

- El programa Arias es un primer prudente paso tardío - aunque de ello no se

pueda culpar al presidente del Gobierno - en la evolución necesaria para

articular un sistema democrático que no sea, en manera alguna, el solo sistema

de los vencedores o de sus herederos biológicos o ideológicos, siempre que los

mismos - al igual que los primeros - estén dispuestos a aceptar, de verdad, las

reglas del juego y a observarlas con absoluta disciplina democrática en todo

momento. En última instancia, y como radical garantía de ese orden civil de

todos los españoles, deben estar las Fuerzas Armadas en permanente y discreta

alerta, prestas a impedir, en cualquier eventual momento critico, y en una forma

legalmente prevista, todo tipo de ruptura grave de la rigurosa conducta

constitucional que es necesario exigir imperiosamente - y en tal caso, con plena

legitimidad moral - a todos los españoles.

El programa Arias y las libertades políticas

- ¿Ha llegado el programa Arias al «techo» de las libertades políticas en el

Régimen?

- Ni mucho menos. Sobre todo al «techo» de las libertades políticas que

teóricamente pueden permitir las Leyes Fundamentales. En el programa no se hace

una alusión explícita al pluralismo ideológico que es posible, como aclaró,

haciendo jurisprudencia suprema, nada manos que el Jefe del Estado cuando en su

discurso de presentación de la Ley Orgánica ante las Cortes, afirmó

solemnemente, y comprometiendo con ello al voto afirmativo de muchos españoles

en el referéndum, que «desde los días mismos de la campaña había sido su

preocupación más apremiante establecer un orden político embrionario susceptible

de albergar en su seno todas las ideologías y doctrinas propendientes a un bien

común y respetuosas de las esencias nacionales.»

De ahí que las poderosas minorías que tratan de oponerse a la apertura no puedan

obrar basándose en un espíritu de escrupulosa fidelidad a los Principios del 18

de Julio, porque ya vamos lo que dice sobre ello quien no puede ser mejor

intérprete de los mismos.

No a la subversión

He vuelto a ver a Cantarero del Castillo en su casa de la calle de Tutor. Lleva

una mano escayolada. Y lo encuentro más serio, en medio de un extraordinario

desorden de libros, periódicos, apuntes a mano y carpetas. Hasta el acento

malagueño se le ha quedado más castellanizado.

- Y la libertad en el futuro...

- Bueno, he escrito y dicho muchas veces que si, accedido al uso pleno de las

libertades cívicas y políticas, el pueblo español no mostrara de manera

espontánea el espíritu de autodisciplina y el sentido de la responsabilidad que

hacen posible y creadora a la democracia, abogaría por un nuevo régimen de

autoridad con el mismo tesón con que vengo, desde hace muchos años, abogando por

el establecimiento real de esas libertades. Lo qua ocurre es que, si se

mantienen sin deterioro las actuales constantes socioeconómicas, son posibles

esas libertades porque hoy parece ya apto para ellas el pueblo español.

* La revolución del espíritu

- A menudo, los que provenís del campo falangista habláis de la revolución

pendiente... ¿Cómo entiendas tú esa revolución del futuro?

- El capitalismo moderno da la producción de masas para el consumo de masas, que

la crítica marxista no previo, parece que va a resolver, y en algunos países lo

ha resuelto ya, el problema económico a que respondía la revolución social, bien

que de una manera bastante irracional y amoral. Por ello, y aunque quede todavía

mucha revolución social pendiente en el mundo, la verdad es que la revolución

del futuro no va a ser ya esa revolución, que aún tardará en cumplirse de! todo

universalmente, sino, cumplida ella, la revolución de la razón y de la moral, la

revolución del espíritu.

La revolución social pertenece a la época histórica inferior del salto

cuantitativo. La revolución de la razón y de la moral pertenece a la época

histórica superior del salto cualitativo, a la que nos aproximamos. No es, por

ello, ninguna casualidad que los socialismos democráticos da los países

occidentales más desarrollados pongan cada vez más énfasis proclamatorio en el

enunciado de sus objetivos éticos que en al de sus objetivos sociales y

económicos. Ni es, por ello, ninguna casualidad tampoco que sea precisamente en

los Estados Unidos, al país más desarrollado del mundo, más de producción de

masas para el consumo de masas, en donde al libro «La rebelión de las masas», de

Ortega empieza a ser ahora uno de los libros más leídos. Ortega hizo esa obra

dando un gran salto mental hacia el futuro y adelantándose a la hora del actual

salto cualitativo en los países más avanzados, en los momentos en que se

iniciaba, con el paso del capitalismo de economía indigente al de economía

opulenta, el primer gran salto cuantitativo de la sociedad y en el que, con el

hombre masa, la cultura había de perder en profundidad, y para largo tiempo, los

que había que ganar en extensión superficial.

Santiago CASTELO

 

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