Autor: Domínguez, Manuel. 
 Entre el Rock y la Política. 
 Nuevas canciones con olor a "permisividad"     
 
 Informaciones.    28/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ENTRE EL «ROCK» Y LA POLÍTICA

Nuevas canciones con olor a ((permisividad»

Por Manuel DOMÍNGUEZ

MADRID, 28. —El año que finaliza ha sido generoso en actuaciones, aunque a un nivel diferente al ´del

anterior, en que hubo un mayor porcentaje de artistas extranjeros en nuestros escenarios.

El «rock», que cuenta con un desarrollo muy débil en nuestro mapa, salvo en la zona catalana, ha visto

disminuidas sus manifestaciones. El gran acontecimiento «roquero» lo constituyeron los Rolling Stones y

las 900 pesetas que costaba la entrada a la plaza de toros de Das Arenas en la noche del 11 de Junio.

Incluso aquellos sectores que no sienten especial interés por la música fijaron en ellos su atención. Trece

años de espera para verlos, y en qué condiciones.

También actuaron en España, Cat Stevens, con un sorpredente «show» lumínico; Tangerine Dream, con

sus artilugios electrónicos, y Patti Smith, cuya carrera no na hecho más que comenzar.

En el ámbito de la canción, los hispanoamericanos se han portado mucho mejor. El uruguayo Alfredo

Zitarrosa, instalado en España, dará más que hablar durante el año que está, al nacer. Soledad Bravo,

aprovechó su estancia para grabar un disco y ganarse a un amplio sector del público. Nacha Guevara,

cuyo espectáculo deja conmocionado a quien decide presenciarlo, ha sido una de las visitas más

inesperadas. Sus compatriotas, Cuarteto Cedrón, corrieron peor suerte y sus actuaciones sólo atrajeron a

una centena de iniciados. Algo similar sucedió con Roy Brown, puertorriqueño; sin embargo, él tuvo la

precaución de presentarse en un terreno más propicio, el universitario.

La representación más nutrida de América Latina fue la cubana. Carlos Puebla, el gran cantor d« su

pueblo, actuó en el festival folklórico de La Rábida, y La Nueva Trova, con Pablo Milanès a la cabeza,

realizó una importante gira por toda la Península.

De nuestros vecinos portugueses, salvo José Alfonso, varias veces anunciado, vinieron todos los cantantes

de renombre: Fausto, Vítorino, Adriano Córreia de Oliveira, Sergio Godinho, y Luis Cilla, quien no llegó

a actuar en Madrid por falta de público en un mes de junio muy cargado de recitales.

RAIMON

Centrándonos en nuestros intérpretes, hay que destacar el despliegue de posibilidades que se ha abierto

ante ellos. Han sido autorizados mas festivales que en los cinco años precedentes juntos, y no se han

atendido toda» las solicitudes. Este hecho tan simple ha permitido una maduración en algunos cantantes

que han estado en contacto casi permanente con el público. Pablo Guerrero, por ejempío, un hombre

tiranizado por su guitarra, ha adquirido una soltura imprevista.

Al existir una mayor, aunque precaria, seguridad en el. trabajo, muchos cantantes han empezado a

rodearse de músicos y a actuar acompañados: Luis Pastor, María del Mar Bonet, Julia León, etc... Una

tercera consecuencia ae esta mayor permisividad es que, a falta de locales idóneos, los teatros han

iniciado tímidamente la programación de recitales. Primero fue el Benavente y luego le siguieron el Alfil

y el Barceló. En contrapartida, el Pequeño Teatro, por cuya sala desfilaron quienes no podían permitirse

mayores lujos, tuvo que cerrar sus puertas.

Esta coyuntura ha posibilitado que se escuchen en Madrid voces de otras regiones. La plana mayor de los

catalanes desfiló, individualmente, por los mejores locales de la capital, constituyendo en cierto modo un

acontecimiento político cada una de sus actuaciones. La nota destacada la puso Raimon con su recital el

día 5 de febrero en el pa-beltón del Real Madrid y la suspensión de los tres recitales sucesivos. El «rock»

catalán tuvo igualmente su momento en una muestra colectiva de tres dias en el Monumental.

A Madrid vinieron también los vascos, que dirigieron sus cantos a sus paisanos; los aragoneses, y algún

gallego.

EL FESTIVAL DE LOS PUEBLOS IBÉRICOS

Pero a pesar de Raimon, de loe cubanos y de los mismísimos Stones, el suceso más trascendente fue sin

duda el Festival de los Pueblos Ibéricos, celebrado el 9 de mayo en el «campus» de la Universidad

Autónoma de Madrid, a cuyo reclamo acudieron 50.000 personas. Participaron en él 35 músicos y hubo

un total de 25 actuaciones, mientras los asistentes, entusiasmados, hacían ondear banderas y pancartas.

Los mejores en ei improvisado escenario fueron Pi de la Serra, Labordeta y Mikel Laboa.

El festival tuvo sus secuelas; una de las más vergonzosas fueron los problemas suscitados al repartir el

dinero, con la participación nada airosa de un conocido grupo político. E] exito del recital y las pesetas

parece que cegaron a más de un organizador. Intentando reproducir la hazaña se programó una ambiciosa

semana de Santander, que se pospuso para celebrarse en Lisboa y que al final se quedó en la Primera

Semana Universitaria de la Complutense, en cuyo día dedicado a la mujer cantaron tres intérpretes

femeninas.

Peor suerte corrió el homenaje a Miguel Hernández, que pudo haber supuesto la salida a la calle de la

cultura y se convirtió en un trauma para más de un artista. Igualmente se frustró el homenaje a León

Felipe, que se iba a realizar en un teatro de Madrid.

En cuanto a actuaciones de españoles en el extranjero, destaca la nutrida representación de cantantes que

participaron en la Bienal de Venecia.

 

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