Autor: Pi y Torrente, Ramón. 
 Un socialdemócrata quimicamente puro. 
 Antonio García López  :   
 Hacia una democracia pluralista. 
   11/09/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 31. 

UN SOCIALDEMOCRATA QUIMICAMENTE PURO

ANTONIO GARCIA LOPEZ

HACIA UNA DEMOCRACIA PLURALISTA

Antonio García López, pese a lo cotidiano de sus apellidos, es un personaje bien conocido de las «Élites»

de la política en Madrid, aunque, hasta ahora viene pasando prácticamente inadvertido para lo que

podríamos llamar la opinión pública atenta, aunque no «militante» del país. Lo que suele saberse de

Antonio García López es que se trata de un hombre de edad mediana, sorprendentemente seguro de sí

mismo y de lo que afirma, veterano militante en la política de oposición pacífica, estrechamente

vinculado a las corrientes socialdemócratas y sumamente interesado y considerado en su conjunto,

configura una personalidad lo bastante dotada de elementos atractivos, no sólo desde un punto de vista

objetivo, sino también a la hora de tejer. «Mitificaciones» más o menos conspiratorias o rocambolescas.

En realidad, este hombre de ../ años, además de ser todas las cosas relacionadas, es presidente de

«Crédito Federal, S. A.», entidad dedicada a negociar créditos para la industria española procedentes de

fuentes extranjeras y posee una biografía en la que destaca su actividad docente en la Universidad

canadiense de Dalhouse, así corno su estrecha colaboración, por los años cincuenta, con Indalecio Prieto

y el Partido Socialista en el exilio. También ha sido funcionario internacionl. Desde hace

aproximadamente unos dos años se está dedicando con mayor intensidad a la actividad política,

naturalmente bastante lejos del original sistema de asociaciones del Movimiento aprobado en diciembre

pasado en ´una histórica e inolvidable sesión de aquel organismo.

HACIA UNA DEMOCRACIA PLURALISTA

—¿Cómo ve usted el país ahora mismo?

—Pues lo veo con unas enormes ganas de normalidad política, entendida como se entiende en el

contexto europeo al que teóricamente pertenecemos. Con una actitud "de espera hacia un objetivo

democrático, actitud perturbada por las dos minorías extremistas que, de un lado, ejercen la irracionalidad

de la violencia terrorista y, de otro, actúan como si creyeran —y quizá lo crean— que este país es una

especie de finca particular.

—O sea, que usted es uno de los convencidos de que esto va a ir hacia una democracia pluralista de tipo

occidental.

—En efecto, esa es mi convicción.

—En el futuro; claro está.

—Claro.

UN PROCESO DE RUPTURA

—Bien, y ese futuro, ¿cuándo empieza? porque le supongo conocedor de diversas aclaraciones bien

recientes de políticos en vacaciones, según las cuales para el señor López de Letona, por ejemplo, el

futuro ya ha comenzado, mientras que para el señor Cantarero no podrá comenzar hasta que se produzca

la sucesión.

—El futuro, para mí, empezará el mismo día en que termine la guerra civil. Y yo creo que la guerra civil

terminará en el instante en que Juan Carlos, Jefe del Estado, se dirija al país para ofrecerle un proyecto

democrático para España. Naturalmente, el término «guerra civil» no lo empleo en sentido estricto, sino

«como revelador de una cierta mentalidad.

—Señor García López: Para que se produzca un proceso de esta naturaleza, y ce manera pacífica y

asumida por la ciudadanía, parece evidente que esto se acometa desde instancias capaces de hacerlo con

garantías de civilidad y ausencia de crispaciones irracionales, ¿no es así?

—Exacto.

MAS DINERO PARA LA DEFENSA NACIONAL

—Para lo cual, supongo que cuenta usted con la presencia importantísima del Ejército.

— Sin duda alguna, el Ejército habrá de ser una pieza de la máxima importancia.

— Bien, usted pasa por ser un experto en temas militares...

— No, no. Un experto, no. Solamente un observador muy interesado en una de las instituciones

clave de este país como son las Fuerzas Armadas. Eso sí lo soy y estos temas me interesan muchísimo.

— ¿Y cómo ve al Ejército hoy?

— Yo creo que estamos obsesionados con temas que entran más fácilmente en la opinión pública, y

con la crisis económica, y no vemos la encrucijada de seguridad nacional en que nos

encontramos. Creo que hemos de escoger, cuando se. inicie el proceso de la democratización

española, entre una fórmula a la sueca o una fórmula a la italiana. Es decir: o somos los porteros

neutrales del Mediterráneo del modo como Suecia lo es del Báltico, o nos convertimos en una pieza

comprometida en el engranaje de defensa occidental, como Italia. Y para cualquiera de las dos

alternativas veo indispensable la reforma, la modernización y el fortalecimiento del aparato militar,

con el consiguiente aumento impórtame del gasto público destinado a la defensa nacional.

—¿Pero usted ve posible y factible en España una «Forcé de Frappe» semejante a la francesa, pongamos

por caso?

—No es tan caro, créame, una Bomba Atómica viene a costar unos veinticinco mil millones de pesetas.

Lo caro de verdad son ´los cohetes que hayan de situar esa Bomba en el lugar determinado. Pero yo le

digo que bastaría para una operación de esta naturaleza con una cantidad similar a la que, entre los

Bancos y los particulares, se envía cada año a Suiza. Y además le digo esto: sólo con una decidida política

de independenciamilitar de éste por éste podremos evitar la intimidación.

ESPAÑA, ¿PORTAVIONES DE LA N.A.T.O.?

—Esto es, desde luego, sumamente interesante, pero tengo la impresión de que se escabulle usted un

poco del sentido de mi anterior pregunta. ¿Cómo ve al ejército" hoy?

—Yo creo que existe un considerable desconocimiento del Ejército por parte de la población civil, y eso

esta motivado en gran medida. porque existe en los fuerzas Armadas una especie de exceso de austeridad

o de recato que hace que la gente no sea del todo consciente de las necesidades militares, y de cómo es en

realidad el Ejército.

—El Ceseden, según creo, tiene entre sus objetivos el facilitar esa conexión entre los Ejércitos y la

población civil...

—Ciertamente, el Ceseden es un esfuerzo sumamente meritorio, pero me parece que los problemas, los

verdaderos problemas, donde están es en la Comisión de Defensa dé las Cortes, que es a fin de cuentas en

donde se resuelven los temas del dinero y de su administración. Y a la opinión pública le llega el eco de

esa Comisión muy vaga y lejanamente. Le insisto en que una de las necesidades históricas de nuestro

Ejército, ahora mismo, es la de ser un Ejército independiente, bien pertrechado y adiestrado conformé a

los más modernos métodos y armamentos. Eso es necesario, si no queremos acabar siendo un portaviones

de Estados Unidos, o de la NATO.

—Pero, políticamente, ¿cómo ve al Ejército en este momento?

—Aquí suele cometerse un gran error de bulto, que es identificar el Ejército actual con el Ejército que

ganó la Guerra Civil. Y digo que es un error porque el Ejército ha evolucionado de manera idéntica a

como ha evolucionado el resto de la sociedad española, sólo que con mayor sentido de la verticalidad y la

disciplina. Yo veo al Ejército como una institución progresiva, con unos componentes humanos de origen

extraordinariamente democrático. Cosa, por lo demás, demostrada en estadísticas y en libros serios.

—Es decir, que usted ve al Ejército como un reflejo, a escala, de la pluralidad nacionaL

—Más o menos, así es.

EL EJERCITO, ARBITRO Y CATALIZADOR

—¿Y ante qué estímulos cree usted que el Ejército reaccionaría global y unitariamente?

—Mire usted, si no se ataca frontalmente al aparato del Estado, con la vanguardia del terrorismo, el

Ejército será el arbitro y catalizador favorable para la democratización de España. Estoy firmemente

convencido de ello.

—Pasemos, si le parece, a otro tema. Usted es persona conocida por sus convicciones socialdemócratas.

Es to podría, en cieno modo, identificarle con los "socializantes, de que ha hablado el presidente del

Gobierno en alguna ocasión, ¿no?

— Quiero, bueno. De eso «socializantes» habría bastant que hablar. Yo no sé si usted conoce el

siguiente dato, que ha llegado a mi conocimiento de fuentes socialistas alemanas. Cuando la

estancia del presidente Arias en Helsinki, tengo entendido que en sus conversaciones con los políticos

europeos no se refirió para nada a los socializantes, sino a los socialistas en todo momento. De manera

que no estoy muy dispuesto a andar con sutilezas semánticas de esta naturaleza.

— Sin embargo, usted podría definirse como «socialista no marxista», lo cual es otra forma de

distinguir.

—Sí, en efecto. Yo, y los que piensan como yo, opino que hay que defender la convergencia de las clases,

y no la lucha de clases que postula el marxismo. Entre otras cosas, porque la sociedad industrial está

configurada de manera muy distinta a la sociedad del siglo pasado, y no digamos nada de la

postindustrial. Estoy persuadido de que, tácticamente, el planteamiento de lucha de clases únicamente

lleva a perpetuar el dominio indefinido de la derecha entre nosotros. Sin embargo, y pese a todo lo que

llevo dicho, he de añadir que estas divergencias podrían inscribirse en lo que podría llamarse un «pleito

de familia», porque, en realidad, mantengo — y mis amigos igual — unas excelentes relaciones con

personas y grupos socialistas de signo distinto del nuestro.

RAMON PI.

(Multipress)

 

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