Silencio, se vota     
 
 Diario 16.    11/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Silencio, se vota

Usted no sabe cómo se ha puesto el tema GRAPO de chismes y rumores desde que lo han condenado a la

clandestinidad. Ayer por la tarde se oían las cosas más inverosímiles, contadas por las fuentes más

peregrinas, la madeja se desenredaba y se volvía a enredar por vericuetos sorprendentes. Es una de las

grandes ventajas de darle palos a la Prensa: como no se puede informar seriamente, los bulos proliferan

que es un gusto y el ciudadano acaba perdiendo el norte, el sur y el meridiano. Todo es posible,

probablemente todo es mentira, pero no hay siquiera manera de saberlo.

Estamos ya en el segundo día de candado en la lengua. Esperamos de un momento a otro la declaración

del Gobierno que ponga fin a la inquietud ciudadana creada por él mismo al imponer silencio sobre la

gran tarea desestabilizadora del país. Todas las fuentes indican que la solución del jeroglífico está al

alcance de la mano. Pero seguimos sin saber por que nos han ordenado este mutis por el foro, y se

guimos esperando una explicación a fondo del Gobierno.

Como estamos callados por la fuerza, nos da por pensar, y ello produce resultados sorprendentes. ¿Cómo

van a celebrarse elecciones si el Gobierno utiliza antiguas facultades para sellar las bocas cuando quiere?

Las elecciones libres van a ser una traumática experiencia en esta sociedad cerrada donde hay palabras

tabúes impronunciables, donde hay corrientes de opinión anatematizadas, donde tantas cosas no pueden

decirse y tantas gentes apenas tienen derecho a salir del calabozo. No va a ser nada fácil.

Imagínense que un partido dice cosas que desagradan al Gobierno —y va a haber muchos así—, y el

Gobierno le pone una mordaza en la boca al candidato. Con susurros y programa de rumores, el partido

de marras puede sacar menos votos que García López. En esas condiciones, las elecciones pueden ser una

delicia o un esperpento.

 

< Volver