Autor: ;Blanco, Alfredo. 
 Polémica: Estalló la guerra en el P. S. D. E.. 
 Antonio García López:  :   
 "Prados Arrarte se fue dando un portazo; eso es todo". 
 Pueblo.    18/02/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 36. 

Dentro del seno de un partido, dos hombres se han enfrentado por puras cuestiones administrativas más

que ideológicas. La guerra en el P. S. D. E. ha estallado violentamente, aunque el secretario general,

García López, asegure que se ha tratado de un incidente sin importancia. En estas páginas hemos querido

recoger la opinión de las dos partes interesadas, en un intento de clarificar el panorama de este polémico

asunto.

ANTONIO GARCIA LOPEZ

"Comprendo que es difícil esto en un colectivo cuando se tiene un carácter colérico, agresivo y

personalista"

Prados Arrarte se fue dando un portazo; eso es todo

Personaje polémico donde los haya. Se autodefine socialista, pero hay discrepancias sobre este punto

entre sus contemporáneos de la clase política. Luego, él hace la matización correspondiente, que es

socialdemócrata, de los de Berstein, y que izquierda sí, revolución no. En los años cincuenta y sesenta

fue del P. S. 0. E. Luego, y sucesivamente, cofundador del Comité de Coordinación Socialista Ibérica,

de la U. S. D. E. —hasta que riñó con Dionisio Ridruejo— y del P. S. D. E. (Partido Socialista

Democrático Español), del que actualmente es secretario general. Lo último de García López es su alianza

con los socialistas históricos de Murillo y los R. S. E. de Cantarero. El resultado es la llamada Alianza

Socialista Democrática, en la que García López tiene puestas todas sus complacencias.

RECIENTEMENTE, algo ha ocurrido entre el secretario general y el vicepresidente, Prados Arrarte, del

P. S. D. E. La versión del primero, que comienza calificando el incidente como «una ingenuidad de

Prados Arrarte, al protestar por un alquiler», es la que sigue:

—Se ha desorbitado una fricción de tipo personal. Prados protestó contra un supuesto exceso de gastos

por parte de un miembro del secretariado, pero lo cierto es que dicho miembro no tiene autorización para

tales gastos, que son controlados por una comisión de cinco miembros y firmados, como supremo

responsable, por el tesorero.

UNA EXPLICACIÓN

— ¿Quiere explicarlo mejor?

—El bueno de Prados no venía para trabajar todas las tardes como trabajamos los demás. Así no se puede

tener una información al día de los gastos que se hacen. Y claro, él quiso utilizar un derecho de veto, que

no tiene. No se puede tener derecho de veto cuando no se trabaja. Y tampoco se puede confundir el

trabajo de una ejecutiva que se reúne cada quince o veintiún días, con el de un secretariado que tiene que

estar trabajando todos los días.

—Esto no es bueno para la imagen de su partido, ¿no?

—Yo no creo que dé mala impresión. Eso indica que éste es un partido transparente donde cada cual dice

y hace lo que quiere. Y cuando no se esta conforme, uno se va sin coacciones.

—Entonces, ¿usted no le da mayor importancia al tema?

—No. Realmente ha sido una bobada. Un problema de incompatibilidad personal. El se dirigió a la

ejecutiva y la ejecutiva no le dio la razón. Así que se fue dando un portazo. Eso es todo. Yo comprendo

que es difícil estar en un colectivo cuando se tiene un carácter colérico, agresivo y personalista. Y esto lo

sabe todo el mundo.

—Después de esto, ¿cuál es el estado de salud del P. S. D. E?

—Excelente, y no es triunfalismo verbal. Estamos organizando las provincias y contamos con unos diez o

quince mil afiliados o simpatizantes. Estamos creciendo rápidamente, porque va desapareciendo la

inhibición política de las clases medias, que no pueden estar con la derecha histórica, con la oligarquía, ni

tampoco quieren la revolución.

EL DINERO NO LLEGA

Luego me cuenta que, de todos modos, hay en el partido un gravísimo problema económico; o sea, que el

dinero no les llega. Y García López se lamenta de que en este terreno anden en desventaja con otros

grupos. El lo ve así:

—Alianza Popular tiene todos los fondos del Movimiento. El Centro Democrático es la gran burguesía

industrial y plutocrática. Y luego en la izquierda revolucionaria está el problema de la

internacionalización política, contra la que nosotros estamos, porque estas interferencias luego se acaban

pagando muy caras, como demuestra la historia de España. Porque el Partido Comunista recibe

centenares de millones del Este y González también recibe dinero.

EL ESPECTRO POLÍTICO

La entrevista transcurre en la sede de Crédito Federal, Sociedad Anónima, entidad negociadora de

créditos para la industria española, de la que García López es presidente.

— ¿Cómo ve usted el actual espectro políticoelectoral del país?

—En mi opinión, hay cuatro grandes fuerzas políticas, una de las cuales somos nosotros, el centro

izquierda, la Alianza Socialista Democrática. Estas cuatro grandes fuerzas o grandes opciones son: la

opción franquista a ultranza, que encarna Alianza Popular; la neoderecha o nueva derecha, que encarna el

Centro Democrático; un frente popular marxista y revolucionario, encarnado principalmente por el P.C. y

el P. S. O. E., y la izquierda moderada o histórica, que es nuestra Alianza.

—¿Dónde pone usted a la democracia cristiana ?

— Es una pieza que no encaja. Creo que va a ser una fuerza residual, porque la derecha en España no es

católica, sino franquista. Y desde el momento en que la democracia cristiana es un fenómeno de

sacristías, de obispos y de Acción Católica, eso no puede funcionar. Máxime cuando hasta los

obispos le retiran su apoyo.

— ¿Y qué representan ustedes, los de la cuarta fuerza, los de Alianza Socialista Democrática?

—Representamos un sector importante de la población. Hay clientela. Hay gentes que no quieren seguir

dirigidos por los grandes Cuerpos del Estado, que dirigen el país al servicio de la oligarquía financiera,

sino que quieren que el país pertenezca a las gentes de la calle. Por otro lado, estas gentes tampoco

quieren ir a las jornadas de lucha y las huelgas revolucionarias, ni que esto sea un país del Tercer Mundo,

como quiere Tierno, ni que se parezca a Rumania o a Cuba, como quieren los Castellano, los Bustelo o

los González. Y de esas gentes que representamos, hay muchas. La socialdemocracia, en fin, es la fuerza

más importante de este país.

— ¿Y no es socialdemocracia Fernández Ordóñez, quien lleva literalmente ese apellido político?

—El señor Fernández Ordóñez, que ha estado veintitrés años de director general o subsecretario, que

equivale a ministro de la dictadura, y que ha hecho fortuna personal y ha estado en situación de privilegio,

mientras los demás estábamos perseguidos y en las cárceles, no puede ser el líder de un partido

socialdemócrata. Eso es una invención de la Prensa y de sus amigos que están en el poder. Esa es una

socialdemocracia inventada para servir de comodín a la gran oligarquía económica que ha organizado el

Centro Democrático. De cualquier forma, la última palabra la tendrá el pueblo a través de las elecciones.

—¿Cómo cree usted que el pueblo repartirá los votos?

—No sé si la izquierda vamos a ser mayoritarios. Creo que no. Creo que de las grandes corrientes en que

está ahora dividida, la marxista y revolucionaria sacará de treinta a cuarenta y cinco diputados —el P. C.

puede sacar unos 18 —, y los no marxistas y no revolucionarios; es decir, la socialdemocracia, sacaremos

de sesenta a setenta diputados. En fin, seremos una minoría, pero una minoría indispensable para

gobernar.

—¿Para gobernar cómo...?

—Bueno, esa es la cuestión. Yo creo que en el fondo todos estamos preparando un Gobierno de coalición

que redacte la Constitución, que establezca reglas del juego y, sobre todo, que prepare las elecciones

municipales, que van a ser claves.

—Bueno, vamos a cambiar de tema. Y me veo obligado a tocar un punto ingrato. En este mismo

periódico el dirigente socialista Pablo Castellano, del P. S. O. E. y de la U. G. T., hizo una acusación

directa contra ustedes. Que de socialistas no tenían más que el nombre y que habían hecho pactos contra

natura. ¿Qué me puede decir de esto?

—Cuando el señor Castellano estaba haciendo los ejercicios de los luises de la España imperial, llevaba

yo catorce años de clandestinidad socialista. Y se le nota cuando dice eso. Porque el socialismo no es una

religión, como cree el señor Castellano, que ha abandonado una religión para coger otra. En el socialismo

no hay dogmas, ni ortodoxias, ni cardenales. El socialismo será lo que quieran que sea los socialistas

españoles, no lo que diga el señor Pablo Castellano, la ejecutiva del P. S. O. E. renovado o los dineros de

Willy Brandt. Por tanto, es irrelevante esa acusación. Llevo desde el congreso del 55 trabajando por la

causa socialista y fui de la ejecutiva del P. S. O. E. durante tres años y mi objetivo siempre ha sido el

mismo: hacer un socialismo popular, no de clase, no un socialismo para los militantes, para la iglesia,

para los de carnet, sino para las grandes masas de la población. No se puede imponer un socialismo con

ocho mil militantes, hay que dejar que la gran masa de la población, que es socialista en un cuarenta y

cinco por ciento, elija el socialismo que desee.

—Si no he entendido mal, usted fundamenta más el socialismo en las tradiciones liberalistas que en las

de la lucha de una clase social.

—No soy un gran ideólogo, pero lo que le puedo decir es que no concibo yo el socialismo sin un gran

respeto al ser humano. Además, el concepto de clase —como unidad histórica— no lo concibo; yo no soy

marxista. Creo incluso que si Marx viviera hoy, o Pablo Iglesias, serían socialdemócratas. Entonces, lo

que no se puede permitir es que vengan los bonzos a interpretar los libros sagrados, porque siempre que

ha venido alguien a hacer eso ha sido para quitar la libertad; ha venido con los comisarios políticos, con la

Policía, llámese Lenin o llámese la Escolástica de Santo Tomás. Y yo no quiero volver a una sociedad

que esté basada sobre la ortodoxia y sobre la Policía. Aquí es donde más tendríamos que vomitar todo

dogmatismo porque, entre otras cosas, hemos tenido cuatro siglos de inquisición. La lucha de la izquierda

ha sido siempre la lucha por la libertad.

POCO CASO

O sea, que García López cree en el individuo, en el pacto social, en la libertad y en el proletariado que

hoy encarna la clase media, el campesino moderno, los trabajadores intelectuales y los que quieren

evolución, pero no revolución. Dice que a él y a los suyos le hacen poco caso en la Prensa, porque les

tienen cogidos en un «sandwich», entre la izquierda marxista y la derecha oligárquica de nueva cara. Aquí

no le hacemos el «sandwich» a nadie.

—¿Qué aprovecharía usted de los políticos en activo, los legales, de la época franquista?

—De la clase política franquista no pueden salvarse ni el quince por ciento. El resto deben irse a casa.

—Termino, señor García López. ¿Por dónde va a ser usted candidato y cuáles van, a ser sus principales

banderas electorales.

—Haré lo que me diga el partido. Lo que queremos es salvar el partido y salvar a la socialdemocracia.

Haremos un esfuerzo para apoyar a los candidatos que tengan posibilidades.

18 de febrero de 1977 PUEBLO

 

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