Autor: Massa, Pedro. 
 Julián Marías, en "La Nación", de Buenos Aires. 
 El Rey de España, punto de convergencia y encuentro de la Comunidad Hispánica  :   
 Entorno a él podrían agruparse las figuras interesadas en promover el mundo de la cultura española. 
 ABC.    31/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ABC. VIERNES 31 DE DICIEMBRE DE 1978.

JULIÁN MARÍAS, EN «LA NACIÓN»* DE BUENOS AIRES

El REY DE ESPAÑA, PUNTO DE CONVERGENCIA Y ENCUENTRO DE LA COMUNIDAD

HISPÁNICA

En torno a él podrían agruparse las figuras interesadas en promover el mundo de la cultura española

BUENOS AIRES, 30. (De nuestro corresponsal, por télex.) Julián Marías, asiduo colaborador del

diario «La Nación», publica hoy una extensa crónica con este título: «El horizonte hispánico de España»,

rótulo sugestivo, si los hay. Uno se adentra en las reflexiones de Marías, y le van saltando afirmaciones de

este tenor: «España y todos los países hispanoamericanos constituyen una unidad no política, sino social;

no saturada, sino tenue, sin más poder conjunto que un poder espiritual: un repertorio de vigencias

comunes, cuyo principal elemento, vehículo o excipiente de todos los demás es la lengua española.

Est» comunidad lingüística es, probablemente, lo más valioso que poseemos los países hispánicos». Y

estampa el filósofo seguidamente: «Algún día las regiones españolas que poseen además una lengua

particular pedirán cuentas a los que, en nombre de ello, tan positivo y valioso en al mismo, están

intentando despojarlas de la lengua española, hacer que sientan «ajenas» a ella, que no la consideren

como «suya, en el más colosal propósito de empobrecimiento que pueda recordar».

FUNCIÓN DE CONVOCATORIA.—Más adelante, escribe Marías: «A España le corresponde una

función de convocatoria y convergencia para las actividades de carácter general hispánico. Pero esto no

puede hacerlo el Gobierno español, ni menos aún debe depender de tal o cual política. Estas funciones son

aquellas que podrán ser propias del Rey. no como Jefe del Estado, sino como «cabeza de la nación».

Acto seguido, Julián Marías recuerda que. en algún momento, el Rey de España «fue nombrado arbitro

por dos países hispanoamericanos en litigio—don Ramón Menéndez Pidal fue el experto lingüuístico

designado por el Monarca— Desligadas de la política, las actividades de la comunidad Mísprlca hispánica

podrían encontrar en el Rey un punto de convergencia y encuentro; de Inspiración y fomento, de

estímulo. En torno de él podrían agruparse, sin distinción de país, menos aún de ideología política, las

figuras interesadas en promover la vitalidad de ese mundo de lengua y cultura españolas».

Siguen las especulaciones de Marías sobre el valor global del mundo hispánico, y así llega a estas tres

últimas líneas: «Permítaseme soñar lo que podría ser el peso de la palabra española en el mundo de fines

del siglo XX».—Pedro MASSA.

 

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