Autor: Pérez Sánchez, Pedro. 
 Entrevista. 
 Habla Gómez Reino     
 
 El Europeo.    14/02/1976.  Página: 36-38. Páginas: 3. Párrafos: 26. 

EUROPEO 14-2-76

ENTREVISTA

HABLA GÓMEZ REINO

«...El nuevo Gobierno es fruto de las estructuras del franquismo y, por tanto, uno más de los Gobiernos de

los últimos cuarenta años...»

«...No cabe otra salida que la democracia y, en ella, el papel del socialismo democrático es evidente...»

La polémica socialista está a la orden del día. De cara al futuro del país es obvio que esta ideología va a

ser una de las principales tendencias de la sociedad española. En esta discusión está jugando un papel

importante el Partido Socialista Democrático, que acaba de celebrar su III Asamblea, en preparación de

su próximo Congreso. Manuel Gómez Reino es una de sus primeras figuras dirigentes, abogado,

sociólogo, consejero delegado de Data, S. A., autor de numerosas publicaciones, es un joven político

volcado sobre la problemática social española. Es indudable que será uno de los principales portavoces de

la ideología socialdemócrata en nuestro país en su propio partido o en un amplio partido socialista

unificado que recoja todas las diversas y variadas tendencias del socialismo español. Es un veterano

luchador democrático, pese a sus cuarenta y un años, dispuesto a aunar esfuerzos por la consecución de

una sociedad democrática.

• ¿Cuál es tu opinión sobre el nuevo Gobierno?

—La muerte del general Franco ha supuesto de hecho un cambio importante en la vida política de nuestro

país. Con él finaliza una larga época de poder personal y se abre una etapa de expectativas, no bien

definidas por ahora, que puede conducirnos a la democracia. Pero la desaparición de Franco desde el

punto de vista formal ha hecho cambiar poco las cosas. Se ha hablado mucho del nuevo Gobierno como

un paso importante para conducir al país a la democracia. Yo pienso que esto es más un deseo de los

comentaristas que el resultado de un análisis objetivo de los hechos. El nuevo Gobierno es fruto de las

estructuras del franquismo y, por tanto, uno más de los Gobiernos de los últimos cuarenta años. Además,

creo que en cierta medida supone un retroceso con respecto a los dos anteriores, y que podría compararse

con los Gobiernos de antes de la estabilización. Para que todo esto que he dicho no sea cierto, el Gobierno

tendrá que demostrarnos con los hechos que se ha producido un cambio real con respecto a los otros

Gobiernos de la dictadura.

• ¿Cómo es posible llegar entonces a la democracia...?

—El camino de la democracia es largo y difícil. El problema no es exclusivamente político. Los valores

imperantes en la sociedad española en la etapa en la que nos encontramos son sin duda aún muy

autoritarios. Llegar a la democracia supone, en principio, una nueva orientación valorativa. En ésta, los

valores democráticos deberán ser transmitidos e interiorizados por los españoles. Pero además, como la

democracia es sobre todo una práctica, habrá que realizar los cambios institucionales precisos para que de

hecho pueda ser ejercida por todos. Un paso importante en este sentido es devolverle a las palabras su

contenido real. En los cuarenta años de dictadura no ha dejado en ningún momento de hablarse de

democracia, aunque en ningún momento existiese. Se ha hablado en nombre del pueblo, pero nunca se le

ha dejado expresar se libremente. Y no hay democracia si esto último no es posible. De palabras y buenas

intenciones estamos los españoles sobrados; son necesarios hechos concretos que hagan posible la

existencia de la democracia. Y estos hechos es preciso que se produzcan pronto y de forma inequívoca.

• ¿Qué crees que debería de hacer entonces?

—Las medidas que es necesario adoptar deben de conducir a que los españoles, mediante un proceso

democrático, decidan sus leyes y elijan a sus gobernantes. Ahora bien, es preciso tener en cuenta que ese

es el final del proceso y que, para hacerlo posible, hay que legalizar una serie de situaciones previas, sin

lo cual el proceso constituyente y electoral puede resultar un engaño.

MEDIDAS DEMOCRÁTICAS

• Y estas medidas, ¿en qué deben de consistir?

—Concretamente habrá que:

1. Acabar ya de una vez con la consecuencia de la guerra civil, y el único camino es la amnistía política.

2. Acabar con la violencia, y sobre todo la más difícil de controlar: la que se ejerce desde el poder.

3. Reconocer la libertad de asociación para fines políticos, sin exclusiones.

4. Hacer posible la libertad de reunión, expresión, sindical, de huelga, etc., etc.

Pero todo esto no será posible sin el arbitraje, por un lado, de unas Fuerzas Armadas neutrales que sean

garantía de que las decisiones del pueblo español serán respetadas, y, por otro, unos Tribunales de Justicia

únicos e independientes que garanticen el ejercicio de los derechos de los ciudadanos.

Pero esto no es posible sí desde ya no se propicia una situación institucional de absoluta transparencia. La

oposición debe entablar un diálogo abierto con el Estado, pero éste ha de ser institucional y público, para

que los españoles sepan en todo momento a qué atenerse. Los personalismos pueden ser en estos

momentos nefastos. Creo que es bueno que los amigos de uno y otro lado se vean y coman juntos, pero si

estas reuniones son algo más que de amistad, habrá que hacerlas públicas, ya que si no, nos exponemos a

que las contradicciones que puedan generarse perjudiquen de forma clara a los intereses de la democracia,

que son, en definitiva, los intereses de los españoles.

• ¿Cómo ves el papel de la oposición en el proceso para la democracia?

—Si bien institucionalmente nada ha cambiado, la situación hoy es absolutamente distinta a la de hace tan

sólo tres o cuatro meses. La oposición genérica antirégimen creo que está totalmente superada y, desde

ese punto de vista, tanto la Junta Democrática como la Plataforma de Convergencia han cumplido con su

papel. Creo que ha llegado el momento para la oposición de presentar perfiles claros y definidos de las

diferentes opciones políticas. Esto permitirá a los españoles optar por aquellos programas que representen

y defiendan mejor sus aspiraciones e intereses. No cabe duda que hoy las posiciones unitarias favorecen

más a aquellas ideologías, que bien están ya de alguna forma representadas en el poder, o son repudiadas

desde él. El presentar un frente común, si bien es necesario para unas cuestiones básicas mínimas, no se

hace preciso de forma general para la actuación de los diferentes grupos e ideologías. En estas

manifestaciones unitarias el excesivo protagonismo de algunos enturbia de hecho las situaciones, sobre

todo cara al único destinatario de todo el proceso político, el pueblo español. Las tres grandes corrientes

de oposición: democristianos, socialistas y comunistas, han de ofrecer desde ahora sus perfiles claros a los

españoles. Si todos aspiramos a la democracia plural sin exclusiones, ¿por qué no empezar ya a ejercer

ese pluralismo? La salida de la dictadura es difícil, pero será mucho más difícil sin un período de

clarificación que permita interpretar adecuadamente las aspiraciones del pueblo español.

PAPEL DEL SOCIALISMO

• ¿Cuál crees que será el papel del socialismo español en la construcción de nuestra democracia?

—El socialismo español es, sin lugar a dudas, el eje en el que ha de basarse la democracia española en los

próximos veinticinco años. Sin un socialismo fuerte, y eso es posible en España hoy, sería utópico poder

hablar de democracia en nuestro país. La sociedad española necesita de unas reformas profundas que le

permitan preparar el camino para los cambios que deben de conducir por la vía democrática al socialismo.

Esto, como es lógico, no podrá hacerse sin ese socialismo fuerte y democrático.

• ¿Pero no crees que hoy está muy dividido el socialismo, como para hablar de un socialismo fuerte, eje

de la vida política española?

—Las críticas que últimamente se vienen haciendo de la proliferación, aparente en muchos casos, de la

oposición española, es una crítica parcial e interesada. Creo que es necesario clarificar la cuestión para

que, de una vez, los españoles sepan cuál es la situación en la que realmente nos encontramos. La

situación de nuestro socialismo responde a las corrientes ideológico-tácticas del socialismo europeo de

hoy en día. Considerar en cuanto a su composición ideológica monolíticos los partidos socialistas

europeos es el resultado de la falta de información y conocimiento de las realidades políticas de otros

países. Lo que ocurre, cuando la democracia se vive, es que el «substratum» común de las diferentes

posiciones socialistas une a los que están en ellas con el fin de alcanzar el poder y llevar a la práctica sus

programas. En nuestro caso esto último no ha sido posible. Lo que en otros países son alas o tendencia de

un partido aparecen aquí como grupos independientes. Pero esto es lógico, ya que en el contexto de una

dictadura que persiguió toda acción política que se apartó de los valores del sistema, las afinidades de

interpretación ideológica del socialismo es lo que realmente unió y dio coherencia a estos grupos para su

defensa y subsistencia. Yo diría que hoy en día esta situación en cuanto alas o tendencia resulta

absolutamente clara; por un lado está el PSOE de Suresnes, el ala más radicalizada de nuestro socialismo,

con su posición revolucionaria que rechaza el pacto interclases, un socialismo clasista. Una corriente

socialista que no ha optado aún entre el frente popular o la vía democrática pluralista. Por otro lado está la

posición del PSP marxista, radical popular, pactista con el comunismo. También está la posición histórica

obrerista nacionalista del PSOE de la escisión de Toulouse. Y, por último, la socialista democrática del

PSOE que representa el socialismo de la sociedad industrial y de consumo, superador de las posiciones

convencionales obreristas, antiburocrático y popular. A estas posiciones ideológicas hay que añadir, para

completar el cuadro actual, el fenómeno regionalista. Todo fenómeno político hoy en nuestro país pasa

necesariamente por estas coordenadas. Los partidos, al igual que las fuerzas en el poder, han de resolver

esta cuestión si se quieren enfrentar al futuro con realismo. Pero todos estos grupos o tendencias tienen un

contenido común, a pesar de la interpretación sesgada que de ellos se viene haciendo: llegar a la sociedad

socialista y democrática y, lógicamente, han de unir sus esfuerzos para lograrlo.

UNIR ESFUERZOS

• ¿Cómo crees que se puede lograr eso?

—En primer lugar hay que tener en cuenta lo que antes he dicho: habrá que ir a la vida democrática para

que esto sea posible. Es necesario vida pública de los partidos y objetivos políticos concretos para

conseguirlo. La publicidad reduce la acción de los personalismos y con ello aumentan las posibilidades de

llegar a acuerdos. Pero hay algo que considero central en el proceso de aglutinación del socialismo

español. Nuestro socialismo tiene que aceptar exclusivamente el reto histórico de servir al pueblo, para

poder construir una sociedad más justa, solidaria y democrática. Si en estos momentos acepta el reto de la

derecha en el poder, las contradicciones internas de cualquier ideología, y las del socialismo no son una

excepción, se agudizarán al máximo, beneficiándose exclusivamente de ello la oligarquía. Tener

conciencia de esto creo que es lo más importante para el socialismo español hoy en día. Por esto los

diferentes grupos socialistas han de orientar toda su acción política hacia la defensa de los intereses del

pueblo español, evitando el deterioro que podría producirse por entrar en el juego que se le propone desde

el poder institucional. Esto supone, sin lugar a dudas, una toma de posición en la contraposición da

intereses oligarquía-pueblo.

• ¿Dónde crees que están hoy los límites del socialismo español?

—Fijar los limites de una ideología es realmente difícil. Los límites creo que son, como en todos los

países, una cuestión empírica. Serán por tanto socialistas todos aquellos que participen en la ideología

socialista en cualquiera de sus tendencias. No creo en los inquisidores, y el socialismo democrático ha de

ser de verdad democrático. Pero habrá que descargar a la política española de sus componentes

folklóricos. Últimamente el señor Solís se define en una entrevista como hombre de centroizquierda, y

para ello se declara partidario de la nacionalización de la Banca y de las fuentes de energía. Me parece

bien, pero lo que parece que el señor Solís ignora es que en el contexto en el que se declara de

centroizquierda esto significa, antes que nacionalizar nada, ser partidario de los partidos políticos, de la

libertad de reunión, de huelga, el sufragio universal, etcétera, etcétera. ¿Por qué no empieza por ahí?

Porque han sido muchas las veces que el señor Solís ha rechazado todo eso, y lo siento mucho, pero no se

puede ser, no ya de centroizquierda, sino de derechas, sin aceptar plenamente la democracia como marco

para conseguir lo que el señor Solís propone. Estos y otros muchos son los aspectos que debemos apartar

de la vida política si queremos dotarla de transparencia. Los límites, por tanto, no ya para el socialismo,

sino para cualquier ideología política, han de ser claros y ajustados a situaciones objetivas. Creo que va

siendo hora de que intereses e ideologías discurran en un proceso de congruencia máxima. Creo que pasó

la hora de poder expresar opiniones de moda, izquierdistas últimamente, sin que ello afecte a los intereses

económicos, que hasta ahora están muy bien protegidos por y para la oligarquía.

LAS DUDAS DEL FUTURO

• ¿Cómo ves el futuro del socialismo español?

—Veo el futuro con optimismo. Estamos ante una etapa crucial de nuestra historia. Habrá que trabajar

mucho y duro, pero el proceso es irreversible. No cabe otra salida que la democracia y en ella el papel del

socialismo democrático es evidente. Esto a pesar de que con una crítica interesada se presente

sistemáticamente ante los españoles la imagen de un fraccionamiento del mundo socialista que dista

mucho de ser real, y que lo que no ha podido, hasta ahora, es manifestarse de forma clara. Es necesario,

sin embargo, que cada una de las tendencias del socialismo español sea consecuente con lo que representa

y no intente ser lo que no es. El socialismo español es el conjunto de todos los grupos socialistas y nadie

lo representa en exclusiva. Todos estamos obligados a lograr esa unión necesaria e imprescindible para el

futuro democrático de nuestro país. Yo tengo fe en que esto último se logrará, a pesar de que la derecha

intentará por todos los medios que no se produzca. Para ello los socialistas de uno u otro signo debemos

tener presente el reto histórico del momento; equivocarse puede suponer, aparte de la inestabilidad

política para nuestro pueblo, el quedar marginados durante dos o tres generaciones del protagonismo que

al socialismo le corresponde en el momento actual.

— Pedro PÉREZ SÁNCHEZ.

 

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