Entre el colonialismo y la estretagia. 
 Los editores, más cerca del Estado que de los intelectuales     
 
 Informaciones.    30/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

PUNTO DE VISTA

ENTRE EL COLONIALISMO Y LA ESTRATEGIA

Los editores, más cerca del Estado que de los intelectuales

MADRID. 30.

NUESTRA industria editorial atraviesa la crisis más sombría de nuestro siglo. La crisis, históricamente,

coincide con otro y más funesto drama: quizá nunca en nuestra historia los intelectuales españoles han

sido menos editados que ahora. Las grandes editoriales del país apenas incluyen en sus catálogos a un 15

por 100 de autores españoles. Esta medida de política cultural, que no es en modo alguno achacable más

que a la arbitrariedad de nuestros editores, causa un dar ño incalculable a la malparada vida moral de

nuestra colectividad.

Periódicamente, el sector editorial denuncià públicamente la falta de auxilios que recibe por parte del

Estado para justificar el deterioro industrial de los negocios del libro. Desde estas páginas" hemos

defendido en tan innumerables ocasiones las opiniones de los editores; qué nada nos cuesta, una vez más,

recordar sus reivindicaciones: mayores créditos a la exportación, desgravaciones, seguros contra riesgos

imprevistos (devaluaciones de las monedas hispanoamericanas, que causan verdaderas catástrofes a

nuestras empresas editoriales), facilidades de transporte aéreo.

Todas estas medidas, que los editores consideran imprescindibles para sobrevivir, y siempre subrayan, en

los momentos de negociación con la Administración o con editores americanos, los aspectos más

(realmente) dramáticos de su situación, llamando la atención en un hecho notable: nuestra industria

editorial sólo ha progresado a través del mercado americano. Cuando éste se ha erosionado

gravísimamente, nuestros editores naufragan empresarialmente. Esta temporada, varios editores modestos

han tenido prácticamente que suprimir su producción, reduciéndola a menos de media docena de libros

por trimestre.

DESCRÉDITO DEL PRODUCTO LOCAL

Nuestros editores, invariablemente, hacen aflorar sus problemas de exportación, planteándolos como

única alternativa y, no sin fina demagogia, subrayando el «drama» que supone para nuestra cultura «no

estar presente en el continente americano». Quizá, sin duda, desde el punto de vista puramente mercantil,

el drama sea cierto. Desde el punto de Vista puramente cultural, intelectual y moral, se trata de un cierto

tipo de chantaje, ya que no existe una industria editorial en todo Occidente que tenga mas abandonados a

los autores de la propia cultura.

La revista «En Punta» publicó no hace mucho un sabroso informe sobre las cifras de autores españoles y

extranjeros que publican nuestros editores. Se trata de datos bien elocuentes del aprecio Que nuestros

editores sienten por nuestros intelectuales, novelistas, poetas, dramaturgos, etc. Plaza & Panés, según este

informe, nutre "su fondo con un 85 por 100 de autores extranjeros. Aguilar publica un 70 por 100 de

libros extranjeros, Y los grandes consorcios continúan la misma tónica. El tanto por ciento de autores

extranjeros que publican nuestros editores es bien alarmante: Siglo XXI, un 80 por 100; Alianza Editorial,

un 80 por 100; Noguer, un 70 por 100; Labor, un 90 por 100; Bruguera, un 85 por 100; Barrai Editores,

un 83 por 100; Península, un 75 por 100; Alberto Corazón, un 95 por 100. Sin duda, insisto, no existe en

Occidente un caso semejante de abandonó absoluto, por parte del gremio, editor, de los productos locales.

COLONIALISMO CULTURAL

Esta política empresarial, que nuestros editores pusieron en marcha en los años sesenta, ahora está dando

sus frutos: pérdida alarmante de lectores en el propio pafs, con el consiguiente deterioro del mercado, qué

se arruina precisamente, entré otras cosas, porque el comprador ha soportado diez años de inflación

exportadora, con malas, traducciones, desprecio absoluto de los valores, específicamente culturales en

beneficío de la estrategia mercantil, y el colonialismo cultural que se fomenta nutriendo nuestra cultura

con más de un 80 por 100 de libros solamente extranjeros, que, dañando los intereses de nuestros

intelectuales,: sólo contribuyen al estancamiento de nuestra cultura, a cambio de bienes de consumo

estratégico

Aducir, ante los problemas actuales, a LOS "tradicionales lazos de amistad» con los países americanos; es

igualmente un sofisma de elemental mal gusto. Por estas razones, entre 1935 y 1965 los autores

americanos, salvó excepciones, nunca fueron publicados regularmente en editoriales .españolas, que

tampoco hicieron posible, la presencia cultural de nuestros intelectuales en tierras americanas. Entre 1965

y los primeros años de la decada actual se produjo el difundo «boom» de la literatura hispanoamericana,

que supuso el descubrimiento espectacular del que se han beneficiado una docena de autores, pero que ha

tenido como contrapartida la ignorancia absoluta de los millares de intelectuales que llegaron a tiempo a

la empresa publicitaria. Tras ese paréntesis, el vacío editorial, cultural, ha vuelto a adueñarse de la

situación: por razones de estrategia mercantil, los libros de los más grandes autores americanos, cuando se

editan en México o Buenos Aires, tardan meses y años en llegar a Madrid y Barcelona, y los autores que,

por las razones más diversas, no caen dentro del calificativo de «grandes», sencillamente no circulan

nunca en nuestra cultura. Otro tanto ocurre con los autores españoles en América.

MEROS APÉNDICES DE LA ESTRATEGIA

Nuestro colega «El País», en un enjundioso editorial, comentaba ayer estos problemas, afirmando que «el

apoyo estatal» es «la única manera de impedir su desaparición -la de los intereses de los consorcios

exportadores de libros— de las naciones americanas que hablan nuestro mismo idioma en provecho de los

libros fabricados —material y culturalmente— en Estados Unidos, Japón y la Unión Soviética»; Opinión

que refleja bien elocuentemente las necesidades de la estrategia mercantil dé las industrias exportadoras,

pero que, una vez más, deja a los intelectuales alarmantemente desamparados, como si ellos, los

productores, precisamente, de cultura libresca, fueran meros apéndices en las necesidades de una

industria.

Los intelectuales del país han sido relegados al 10 ó el 15 por 100 de las necesidades de nuestra industria

editorial. Ni los intelectuales habían sido antes considerados tan ineptos, ni nuestros editores se habían

desentendido jamás de los negocios de nuestra cultura de modo tan alarmante. El desamparo del

intelectual no puede caer más bajo ni su descrédito puede ser más elocuente. Los editores, por el

contrario, creen que sólo «el apoyo estatal» puede solucionar sus problemas. Sin duda, será cierta su

opinión, fundada en buenas razones mercantiles. Así, el trabajo del intelectual, Ja, difusión de sus

productos, que antaño sostenía algún diálogo con la esfera «espiritual» dé la vida humana, ahora es un

mero accidente, una «necesidad», qtte los editores deben soportar para llevar a cabo sus empresas

mercantiles. Seria, pues, prudente, por parte del gremio editor, expresar sus proyectos, necesidades,

búsquedas de «apoyo» (del Estado), sin necesidad de recurrir a sofismas relacionados con la «vida

espiritual», ya que la crudeza de sus proyectos está lejana, precisamente, de nuestra vida moral (sólo

detentan, como vemos, un 10 ó un 15 por 100 de dicha vida moral), y bien vernos cómo nuestras

mercaderías puramente espirituales ni siquiera son útiles como apéndice accidenta) de su estrategia

comercial.

31 de diciembre de 1976

 

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