Autor: Pérez de Armiñán, Gonzalo. 
   ¿Otro más o algo distinto?     
 
 Ya.    02/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

¿OTRO MAS O ALGO DISTINTO?

ME gustaría mucho poder quitar los signos de interrogación y afirmar tajantemente el segundo término de

la alternativa. Pero sería prematuro hacerlo. El Partido Popular - sin adjetivos ´- que ayer se ha presentado

públicamente ante unos periodistas para anunciar que quiere, al fin, jugar en serio, va a despertar algunas

ilusiones y puede canalizar bastantes adhesiones. Pero no es más que una expectativa. Y son muchos los

riesgos que le acechan. Pasar de las tertulias al partido, convertir los cenáculos de intelectuales o

profesionales en una auténtica organización de masas exige mucho tiempo y esfuerzo. Se ha perdido

mucho tiempo y se ha derrochado mucho esfuerzo. No se ha capitalizado suficientemente un clima inicial

ilusionado en la basa y se han sobrevalorado discrepancias de matiz y recelos personalistas entre

promotores y dirigentes.

TIENE, sin embargo, a su favor varias cosas. Sus promotores aportan una importante concentración de

materia gris por metro cuadrado. Y aunque la inteligencia, medida con los haremos que adjudican el éxito

profesional en la sociedad actual, no sea siempre lo más importante para la vida política, tampoco es

despreciable arrancar de ahí para las iniciales etapas de organización. Cuenta con brillantes

personalidades políticas, pero no tiene un líder indiscutible, con lo que evita el peligro de convertirse en la

cuadrilla de Fulano, riesgo que eliminaría automáticamente muchas futuras adhesiones. Y en principio no

parece que vaya a emborracharse con palabras grandilocuentes o encenagarse con exclusiones

discriminatorias por, que el espectro ideológico en que se mueve, humanismo cristiano, aunque no

confesional, concepción democrática, talante liberal y preocupación social, son coordenadas que

delimitan un campo de muy amplia coincidencia.

NO sé si los miembros de nuestra clase política se dan bien cuenta de hasta qué punto está desprestigiada

la imagen del profesional de la política. Es explicable, por supuesto, tras cuarenta años de dictadura y un

par de siglos de pronunciamientos, revoluciones, caciquismos y orgías constitucionalistas. Pero es

lamentable porque la democracia requiere una profesionalización de la política. Y en un mundo cada vez

más sofisticado y tecnificado sería paradójico que la política pudiera quedar en manos de aficionados.

Son muy pocas las auténticas opciones ideológicas que se ofrecen a los lectores; no pueden ser, por tanto,

numerosas las estructuras de encuadramiento que aspiren a protagonizar el futuro. Por eso, el intento del

Partido Popular, que se encuadra en la línea de simplificar el panorama político, va a exigir a sus primeros

militantes grandes dosis de realismo y muchas pruebas de espíritu de sacrificio para ganar una

credibilidad que todavía no tiene y sin la cual nada tiene que hacer.

SI el Partido Popular, cuyos promotores parece que quieren cambios sustanciales, es capaz de extenderse

por su derecha para incorporar a quienes pretenden conservar, todo pero sólo, lo que merezca la pena

mantener, y por su izquierda hasta atraer a quienes pretenden eliminar, sólo pero todo, lo que deba

desaparecer, ciertamente que sintonizará con un sector importante de esa centro sociológico del país, que

es, en sociedades comparables a la española, la fracción cuantitativamente más voluminosa del

electorado. Podría así el nuevo partido ofrecer un cauce a los que buscan algo distinto de las tradicionales

estructuras de encuadramiento; democracia cristiana, socialdemocracia o liberalismo. Responder a las

exigencias de muchos que quieren una liberalización de actitudes culturales, una democratización de

mecanismos políticos y una socialización de estructuras económicas, pero desconfían de etiquetas

ideológicas y rechazan personalismos basados en legitimidades históricas, es una gran oportunidad para el

Partido Popular. ¿Sabrá aprovecharla ?

Gonzalo PÉREZ DE ARMIÑAN

 

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