Autor: Attard Alonso, Emilio. 
   Teoría y práctica de la reconciliación     
 
 Ya.    23/12/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 14. 

Teoría y práctica de la reconciliación

A tres meses vista será convocada la, ciudadanía para concurrir a unas elecciones generales cuya

trascendencia es innegable, ya que las nuevas Cortes, Congreso y Senado, deben fraguar el pacto político

de convivencia que toda constitución entraña, por lo que es ya urgente la clarificación de las ofertas

partidistas para que sepamos, con Independencia de las etiquetas, cuál es el auténtico contenido

ideológico y programático de los partidos políticos que así, limpiamente, tratarán de lograr la confianza

del electorado.

Los hombres del Partido Popular - cuya base federativa nació en Valencia, en la asamblea de 23 de

octubre último, y, tras su presentación, en Madrid, el 10 de noviembre, celebramos en Sevilla la segunda

asamblea, el 13 de noviembre, preparatoria del acto masivo de Madrid, del 1 de diciembre, ante más de

doscientos periodistas en el hotel que más tarde albergó al Congreso del PSOE - ofrecemos al país una

opción ideológica definida, amplia y concreta, la que significa una alternativa democrática de centro que

integre a cristianos, liberales, socialdemócratas e independientes, superando ideologías ancladas en el

pasado y con el propósito de buscar soluciones, al margen de todo apriorismo, que puedan ser

compartidas por extensos sectores de la sociedad.

La conferencia pronunciada por Ortega y Díaz Ambrona en el Club Siglo XXI el pasado día 6, ha

contribuido a clarificar el fundamento doctrinal de la integración de demócratas cristianos independientes

en un partido no confesional, como nueva síntesis ideológica que exige la hora presente, asumiendo del

liberalismo político la doctrina de las libertades públicas y del Estado de derecho, con asimilación de

fórmulas socialdemócratas en el plano económico y social e incorporando, de nuestra ideología

específica, el humanismo personalista, el principio solidario y el pluralismo, sin ostentar etiqueta

confesional, ni hacer de ella mercadería política, ni discusión estéril de patentes y exclusivas, concedidas

allende nuestras fronteras.

INÚTIL decir, porque es pública, la favorable acogida de muchas gentes y de los medios de

comunicación a este nuevo planteamiento que pretende superar la peligrosa polarización del país en

bloques antagónicos y se abre a la federación con todos aquellos que participen de los principios que

inspiran el ordenamiento político de esta síntesis ideológica.

Y cuando así acontece y se pone en práctica, hay quienes se rasgan las vestiduras por el

protagonismo que en nuestras filas han adquirido personalidades de la más reciente vida política española,

como don José María de Areilza, primer ex ministro de Asuntos Exteriores de la Monarquía, o Pío

Cabanillas y Ricardo de la Cierva, que participaron del poder en la etapa final del régimen en trance de

extinción.

Es, pues, llegado el momento de clarificar nuestro pensamiento sobre este particular; sobre la

circunstancia concreta de nuestra relación con quienes de buena fe, limpieza de conductas y afines

ideológicamente sirvieron en el régimen del general Franco y hoy se les considera en entredicho o en

trance de una "depuración", que tan trágicos precedentes históricos tuvo a raíz precisamente de la victoria

de su titular.

Los partidos populares, claramente se dijo en el acto de su presentación, no aspiran a integrar a la llamada

sociología franquista.

Pero ello no quiere decir que apriorísticamente condenen al aislamiento o al ostracismo a quienes, limpios

de corrupción - y ésta alcanzó a muy diversas Áreas, desde la puramente económica hasta la ideológica,

quizá más grave aún que la primera -, traten de acercarse a nosotros con rectitud de intención, con

continencia de personalismos y dispuestos a servir a España, como antes entendieron que lo hacían en el

propio régimen del que muchos quisimos marginarnos voluntariamente.

NO estamos dispuestos a incidir en los errores de aquel sistema, ni a propiciar la condición prevalente de

las "camisas viejas" de la democracia, porque España es de todos y, como dijo el Monarca, constituye una

empresa común que e todos nos incumbe.

Y con la misma firmeza que estamos dispuestos a desvelar las incidencias de la corrupción de aquellos

que hicieron del poder patio de monipodio, teniendo al solar nacional como bien privativo patrimonial,

estamos también dispuestos a recibir con respeto a quienes, en nuestras filas, aspiren a seguir sirviendo a

España en la hora presente.

Sin perjuicio de que todos debemos tener en cuenta que el país quiere hombres nuevos que sepan

comprender que la democracia significa convivencia en la libertad, respeto mutuo y tolerancia..

Y quienes siempre hemos sido demócratas, y por ello precisamente no hemos participado en autoría

política alguna del régimen autocrático, somos los más obligados a reconocer que cuarenta años de

sistema implicaron en el mismo a la sociedad entera, por acción o por omisión y aunque no

participáramos en la gestión política, ni en el ejercicio de poder administrativo, nos beneficiamos todos de

su propia existencia, sin perjuicio de la insolidaridad ideológica que hicimos patente, con ocasión o sin

ella.

Ya está bien de mirar al pasado, porque lo que exige la hora presente es una política de reconciliación, de

brazos abiertos y de reconstrucción nacional económica y social, de devolución de la confianza al hombre

de empresa, que permita superar la grave crisis que atravesamos, asegurando al trabajador que el fruto de

su trabajo permitirá, con la contención de la inflación, que no se siga envileciendo su poder adquisitivo y

que la evolución imprescindible de las estructuras impondrá, porque así lo exigiremos, una mejor y más

justa redistribución de la renta, nacional, como lo demanda nuestro sentido humanista y solidario.

En conclusión: la democracia entendemos que es de todos y para todos, no sólo para los demócratas, ni

para los que la patrocinamos, ni es exclusiva ni excluyente de nadie que acepte las reglas del juego

político en la nueva hora de España, que con alegría debemos, alumbrar bajo el signo sincero de la

reconciliación.

Emilio ATTARD ALONSO

 

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