Estrategia para la democracia     
 
 Arriba.    31/12/1976.  Página: 4, ?. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

Estrategia para la democracia

" La estrategia para la democracia no es sólo un plan de largo alcance, sino también una actitud y un

talante. Sin un ánimo previo de que efectivamente se entre en un período de reconciliación entre

españoles, articulado finalmente en un sistema de vida pública radicalmente distinto del anterior, no

servirían de nada las declaraciones de intención. Hay que llegar sin duda a las elecciones y a través de

ellas a un Congreso constituyente. Pero hay que afrontar esa campaña electiva dentro de un ambiente no

soto de imparcialidad, sino de verdadero desarme político de violencias, condiciones y amenazas. Parece

ocioso insistir, una vez más, en los condicionamientos que ello requiere, en regiones como el País Vasco,

que tienen la sensación de vivir ocupadas en vez de ser gobernadas. Banderas como la amnistía o la

libertad de presos políticos no deben quedar disponibles - por inexistentes - para la propaganda de ningún

partido a la hora de los comicios. Autoridades locales y provinciales no pueden sentir, se inclinadas al

favoritismo parcial de su familia ideológica personal. Las organizaciones políticas del Movimiento deben

quedar al margen de cualquier beligerancia activa en la lucha. Es solamente un contexto de varios e

importantes factores como esos el que dará a las elecciones su legitimación definitiva de sinceridad y

honestidad, sin amaños, ni manipulación.

Fíense que toda la clase política desde la derecha basta la izquierda debe, de alguna manera, mostrar su

solidaridad con la estrategia general para la democracia. Oponiéndose en primer lugar, de un modo

rotundo y público a los intentos desestabilizadores. Este país es mayor de edad y no necesita gavillas de

agitadores al servicio de mafias internacionales. Va a las elecciones porque así lo ha votado la mayoría

del censo electoral. La clase política ha llegado, difícilmente, después de tantos años de travesía del

desierto, a un espíritu de convivencia civilizada, base fundamental para que un sistema democrático

funcione con normalidad. Aspira a defender sus puntos de vista plurales y diversos, en libertad, bajo la

ley y con libre acceso a las avenidas del poder apoyándose exclusivamente en el consenso popular. Hay

que evitar que tal posibilidad se malogre. Una España desestabilizada sería presa fácil para la

colonización exterior de los consumismos multinacionales. Una nación organizada democráticamente

puede instar, en cambio, un Estado fuerte, con autoridad. Es decir, respetado dentro y fuera de las

fronteras.

La estrategia para la democracia hay que iniciarla, aquí y ahora, entre todos. No secuestrando a los

ciudadanos, sino respetando su vida y su libertad, sea cual fuere su ideología y rango. No encarcelando a

los dirigentes políticos, sino dialogando con ellos en la mesa de la negociación. El esfuerzo colectivo que

se requiere para sacar adelante nuestro país, es considerable, inmenso.

En el terreno económico esa tarea, de plazo extendido a tres o cuatro años, no se puede demorar por más

tiempo, sin poner en riesgo las bases mismas de la convivencia social. Y es impensable que pueda

realizarse ese empeño prioritario sin la activa y bien dispuesta colaboración de los integrantes del proceso

productivo, es decir, Gobierno, empresarios, técnicos y trabajadores.

Sepamos crear en el año que empieza, el espíritu de solidaridad española, que convierta en realidad el

sueño de una Patria en la que tengan cabida todos sus hijos, sin excepción.

José María de Areilza ("El País"). "

 

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