Autor: Crespo García, Pedro. 
   Afirmación española     
 
 ABC.    02/10/1975.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

MERIDIANO NACIONAL

Afirmación española

ORIENTE.

—Las gentes —unas venidas de la Casulla de secano, otras de oficinas y domicilios urbanos— iban

concentrándose en la plaza de Oriente. Primero los de las pancartas, los grupos de las Jefaturas del

Movimiento. Después, los que llegaban sin una mínima organización. La inmensa mayoría ignoraba que,

apenas hora y media antes, comandos terroristas habían asesinado a tres policías armados y herido

gravemente a un cuarto. Hacia sol y varios cientos de miles de españoles aguardaban. En el ambiente no

había crispación ninguna. El tiempo, más que detenerse, parecía haber retrocedido a treinta años atrás.

FRANCO.

—La manifestación tenia como objeto manifestar la adhesión de los congregados hacia la figura del Jefe

del Estado y la repulsa hacia las injerencias extranjeras en la política nacional. Cuando pasaban cinco

minutos de la hora señalada —las doce y media—, Franco apareció en el balcón del Palacio Real. Bastaba

su presencia. Pocos de entre la multitud pudieron escuchar todas sus palabras. Los cantos y vivas le

obligaron a salir, con su esposa y los Príncipes de España, hasta cinco veces más. De pronto, la multitud

gritó para que saliera el Príncipe. Y Don Juan Carlos apareció en un balcón contiguo al utilizado por el

Jefe del Estado para su corta alocución. Indudablemente, los reunidos en la plaza de Oriente señalaban la

línea constitucional del Estado. Y Franco saludaba, agradeciendo sus vivas a la multitud, con las dos

manos.

SERENIDAD.—Luego, sobre la una y minutos, cesaron los vivas y los pañuelos blancos. Serenamente,

cientos de miles de personas de distinta edad, con o sin pancarta, sin banderita o con ella, fueron

anegando las calles contiguas a la plaza. No hubo gritos contra nada ni nadie. Y si felicitaciones, mudos

apretones de manos a los agentes que la multitud encontraba en su camino. Ninguna Embajada fue

violada. Y si los cantos no son atropellos —¿para cuándo un texto al himno nacional?—, nadie fue

atropellado.

PROBLEMAS.—Pese al refrendo popular a Franco y al Príncipe, los problemas siguen. El Gobierno,

ayer, también estuvo de espectador, en los balcones inmediatos al ocupado por el Jefe de! Estado. Franco

se refirió a la agresión exterior y a sus causas, expresando la confianza del pueblo en la valía de las

fuerzas guardadoras del orden público y en la suprema garantía de la unidad de las Fuerzas Armadas.

Pero la nueva provocación sangrienta del terrorismo recrudece interrogantes que aún no han sido

completamente despejadas.

ORACIÓN.—Desde Roma, muy poco después de conocidos los atentados que ocasionaron tres muertos,

el cardenal Tarancón enviaba una nota de condolencia, suplicando en nombre de Dios que se detuviese la

violencia, que ni una gota de sangre inocente más fuese derramada y que nadie sin autoridad intentase

tampoco tomarse la justicia por su mano. Pidiendo, también, compañía «en la oración por tos muertos y el

pronto restablecimiento de los heridos». Se esperaba, anhelante-nrienle, un telegrama del Papa. Y llegó

por los habituales canales diplomáticos.

— Pedro CRESPO.

 

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