Autor: Trenas, Julio. 
 Teatro. 
 Pero que todos sepan que no he muerto  :   
 (Federico García Lorca, por el colectivo "Pueblo"). Aula de teatro del Ateneo. 
 Arriba.    23/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

«PERO QUE TODOS SEPAN QUE NO HE MUERTO»

(Federico García Lorca, por el colectivo «Pueblo»)

AULA DE TEATRO DEL ATÉNEO

Dos caminos se abren a ¡a poesía cuando parte del libro hacia una deseable evidencia oral: la del recital o

la del espectáculo escénico. El primero es el de ¡os declamadores o rapsodas. Cada composición

encontrará en la voz humana la inflexión incorporante, el verso traducirá a ella su musicalidad, gozará el

oído el placer que el poema escrito brindaba e los ojos y éstos conducían hasta un mar profundo de

resonancias interiores. El actor, lector o declamador, vive en este caso la emoción aislada de cada

composición, separando cuidadosamente una de otra. Es como el continuo asomarse a breves ventanales

líricos. La constatación comunicada de distintos momentos emocionales de uno o varios poetas. Hemos

disfrutado —y padecido— larga pléyade dé recitadores. Inolvidables, por su personalidad y categoría—

Berta Singerman, Manuel Dicenta, Ricardo Calvo, José González Marín—, algunos. Felizmente

olvidados, otros. El segundo camino entraña la teatralización de la poesía. El poema no conservará su

recortada apariencia; será arrastrado, integrado, aglutinado en "una ¡dea dramática total donde las

distintas composiciones manifiesten estados anímicos o edifiquen objetivos relatos, sin que el oído del

espectador separe unas de otras. .El actor —los actores— las ayudarán con la expresión gestual o corporal

El ¡ogro del espectáculo dependerá del entendimiento de su montaje, pero también, de modo fundamental,

dé la sustancia teatral contenida en la poesía ya totalmente verticalizada sobre las tablas del escenario.

Experiencia clave en este sentido fue la deí espectáculo «Pueblo de España, ponte a cantar». Otro bien

conseguido propósito «Pero que todos sepan que no he muerto» —verso, memoria y homenaje de

Federico García. Lorca— traído a! «Aula de Teatro», del Ateneo madrileño por la Inquietud inteligente

de Basilio Cassent y montado por el colectivo «Pueblo».

Empeño ejemplar. de alta categoría escénica, llevado a cabo por un grupo de intérpretes procedentes del

campo laboral, trabajadores —linotipistas, grabadores, estereotipistas, administrativos— del periódico

«Pueblo», que bajo la dirección de Julio Roco estrenaron : ya en un Ateneo popular de Vallecas «E!

fantoche lusitano», de Peter Weiss, primer montaje de! colectivo enriquecido ahora con un espectáculo

que, no obstante su cualificada sustancia poética es, ante todo y sobre todo, positiva experiencia teatral.

Valoración; 7

La originalidad de «Pero que todos sepan que no he muerto» radica en la traslación autobiográfica que,

sobre la escena, se infunde a la creación lírica deí poeta de Fuente Vaqueros. Para enmarcar la intención

biográfica se echa mano —a principio y final— de algún otro poeta: Nicolás Guillen —«España [angustia

cuarta)»—.Leopoldo Urrutia, Antonio Machado y Míguel Hernández. Son pinceladas situaciona!es ò

rematadoras, insertas en la órbita lorquiana. El trabajo serio. Importante, del colectivo «Pueblo», viene a

demostrar —si no lo estuviera ya cumplidamente— la enorme teatralidad contenida en la poética de

Lorca. Diríase que viendo esta representación, tan briosamente trabada y conseguida, llegamos a olvidar

que escuchamos los versos de un poeta para embebernos en el desarrollo de una estructuración dramática.

A ello ayuda la calidad dialogal de muchas de las composiciones elegidas, ¡a entonación imprecatoria de

otras, el patetismo de algunas, el fresco sabor popular de casi todas. Julio Roco otorga visualidad corporal

al verso: cinco actrices y cuatro actores evolucionan, se mueven, agrupan o gesticulan en escena,

sucintamente vestidos del jersey y las calzas negras bajo e! juego de la |uz, entre el fondo de las guitarras

unas veces, apoyados en la canción —algunos poemas se entonan musicadamente—, o componen

teatralizados cuadros como «Nueva York, oficina y demencia», donde el artilugio escénico, simple y

hábilmente ideado, presta calidad de retablo viviente a figuras corales. Señalaré el acertado efecto que en

la teatralización de la «Oda a Walt Whitman» supone ese travestí que va destacándose de la oscuridad

conforme el verso se hace más imprecatorio y que acaba en un «strip-tease», cuya última prenda lanzada

por el aire es el desgarrado gemido que escapa de su garganta.

El reparto de colaboradores, músicos y actores, estuvo a la altura del digno empeño. En este caso, revivir

a través de sus versos, teatralmente comunicados, al hombre a quien en la elegía que cierra el espectáculo

se aplican aquellos versos de Miguel Hernández:

Tardará mucho en nacer, si es [que nace un andaluz tan claro, tan rico de [aventura.

La perfecta sincronización de todos los elementos humanos impide destacar unos sobre otros. Justo es

citar, como actores, a Maruja, Lola, Mari Carmen, Carmen, María Elena, Julio, Juanjo, Sarmiento y Rafa;

como músicos, a Matilde, Luis, Manolo, Javier y Antonio, y eii calidad de colaboradores a Enrique

Morente, Pepe Egéa y Juan Alcalá. Antonio Fernández, Tino y Matías Sandoval consiguieron un

decorado funcional y simbólico. José Ramón, Marino y Chiqui tuvieron e su cargo las luces; José Ramón,

actuó como regidor, y la dirección correspondió, como ya he dicho, a Julio Roco. Este, con intérpretes y

músicos, saludó a! final; entre los aplausos y bravos de! público.

Julio TRENAS

 

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