Autor: Hernández, Antonio. 
 Las tertulias literarias. 
 Historia y significaciones     
 
 Arriba.    09/12/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

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LAS TERTULIAS LITERARIAS

Historia y significaciones

LAS tertulias culturales, comúnmente aceptadas como literarias, vienen a ser como una versión

desmedrada, dispersa y moderna de aquellas escuelas filosóficas griegas en que se reflexionaba sobre la

fugacidad de la vida, el mundo de las ideas o el ente parmenidesino Sin Aristóteles, Platón o Epicuro, las

tertulias culturales —literarias— de ahora vienen a suponer una posible recomendación, un bostezo p una

defecación espiritual y retórica de lo que se consumió pacientemente en las páginas del último libro. En

algunos casos un cierto añadido al conocimiento y también tal vez sea la razón más contundente, un

motivo para ejercer el bien visto oficio de las relaciones sociales cultas que, al día siguiente, puede

obtener su eco en el rincón menos atendido por el público en general de un periódico o un semanario e

incluso de Radio Televisión Española.

A vista de pájaro literario esto es lo que vienen a ser las tertulias, sin que por ello tengamos que prescindir

de ciertas matizaciones, pues dentro de ellas hay de todo, como en botica y grandes almacenes. Por un

lado, y dentro de las que podemos designar como oficiales, el hermetismo impera si el director —suele

haber un director— es de los supuestamente entendidos como riguroso; la petrificación manda si es

conservador; e! amíguismo priva si la línea de aceptación es conveniente a su futuro desarrollo personal,

y la discriminación acampa si existe, de manera evidente, ia incompatibilidad política. Por otro lado —el

bueno—,, la posibilidad de qué el autor ¡oven salga de su desagradable anonimato, aunque sea por un día

y en reducido comité. (Las tertulias que podemos entender como desoficializadas son más permisivas y

abiertas, por anárquicas e incontrolables, «más» tertulias en el más coherente sentido de la palabra.)

La historia de las tertulias literarias se pierde en el tópico tunel del tiempo y no es sesudo deducir que el

pitecántropo ya perguenó algún coloquio con ei paisaje amigo desde su asombro interrogante o con la

pitecántropo erística, ansiosa de versos tremantes como «El aullido», de Ginsberg, preparando el terreno a

Heraclite y Parménides que, sin conocerse físicamente, fueron fos primeros contertulios metódicos y

racionales de la historia. De allí deben venir las tertulias que, en España y Madrid concretamente, han

suavizado el tono y se ´han hecho contenidas cuando no rampantes. Es decir, formales e informales, tal un

«pregón» de Pedro de Lorenzo o una diatriba de Carlos Oroza. Las primeras suelen estar patrocinadas por

el Gobierno, por instituciones, por marcas comerciales, por librerías o por algún particular generoso que,

al par que su vocación frustrada, cuida su buen nombre. Y ejemplos típicos pueden ser la Tertulia

Hispanoamericana, la del Ateneo, la de Puente Cultural, la de la revista «ínsula» y ta de don Conrado

Blanco, esta última trashumante e intermitente. Las segundas van por libre y se desarrollan en un café o

en casas particulares: la del Lión, la del Gijón, etc.; la desaparecida de Concha Lagos ò la de «Cristina y

sus poetas», con resonancia a mariachi o conjunto músico-vocal en su enunciado y también en su

contenido. Una tertulia de éstas que asombró en su desarrollo fue la aquelárrica de Alberto Alvarez de

Cienfuegos, quien, sin una perra y mucho entusiasmo, logró convocar en «La Ballena Alegre» a! medio

Parnaso bohemio y desarrope

CRONOLOGIA Y PARTICIPANTES DE ALGUNAS TERTULIAS DE POSGUERRA

LION D´OR. —Tiene un período de incubación en los cafés Acuárium y Kutz, al que van José María de

Cossio, Emilio Gómez y Antonio Díaz Cañábate. En el ultimo café citado se incorpora Eugeni d´Ors, para

pasar luego al que daría nombre a la tertulia. Asisten, entre otros y con los mencionados, el doctor Oliver

Pascual, Camón Aznar, el torero Domingo Ortega, Sebastián Miranda, Edgar Neville, Regino Sainz de la

Maza, Eduardo Vicente... La tertulia duró diez años, entre los primeros de las décadas del 40 y 50.

JUVENTUD-CREADORA. — Promotora de la revista «Garcilaso-1943-45». Se puede decir que surgió a

raíz de terminar la guerra y se dilató hasta el 46 ó 47. Los miembros fundadores fueron José Garcia Nieto,

Jesús Revuelta, Pedro de Lorenzo y Jesús Juan Garcés. Formaron parte de la tertulia, entre otros, Pérez

Valiente, Montesinos, Garcia Luengo, Ruiz Iriarte, Federico Muelas, Camilo José Cela, Eugenio Serrano,

José Luis Prado, Julián Ayesta, Fernando Díaz-Plaja, Alonso Gamo, Santos Torroella...

CAFE GIJON.—Se puede entender como prolongación de la de la Juventud-Creadora, aunque es

aglutinante de otros grupos, dispersos entonces en el café referido, de distintas tendencias literarias y

políticas. Está vigente. Asistieron Leopoldo de Luis, Manuel Pilares, Enrique Llovet, Rafael Montesinos

y los aún cotidianos Gerardo Diego, Carlos de la Vega, Enrique Azcoaga. Ramón de Garciasol, Eladio

Cabañero, José Luis Prado, Rafael Morales y Manuel Alvarez Ortega, entre otros.

RUIZ DE ALARCÓN, 21.—Así denomina Pérez Perrero a la que sostuvo Pérez Baroja en su casa, desde

1943 a 1946, y a la que asistieron el doctor Val y Vera, el ingeniero Valderrama, Julio Caro Baroja,

Eduardo Vicente, Camilo José Cela...

LHARDY.—El conocido local también tuvo su tertulia de posguerra, en la que estuvieron presentes los

doctores Lafora y Sacristán, Antonio Díaz Cañábate, Julio Camba, Luis Calvo, el escultor Juan Cristóbal

y e! torero Domingo Ortega.

GABRIEL LOBO, 11.—Se celebró alrededor de Pérez de, Ayala, que vivía en la calle y número aludidos.

Asistieron César González Ruano, Sebastián Miranda, Miguel Pérez Perrero, Gregorio Marañen, el padre

Félix García y el torero Juan Belmonte, entre otros. La tertulia duró desde la vuelta del contertulio central

a España en 1946 hasta su muerte, acaecida en 1962.

ALFORJAS PARA LA POESÍA.— Es fundador y sostenedor el empresario teatral Conrado Blanco. La

tertulia es Itinerante y no periódica. Durante una época se celebraba todo» los domingos, poco después de

las doce, «tras la santa misa». Está vigente y sus más característicos componentes son Pemán, Gerardo

Diego, García Nieto, Manuel Alcántara, Ginés de Alvareda, López Anglada y Rafael Duyos.

PUNTA EUROPA.—Funcionó, con Vicente Matrero como eje, por los años centrales de la década del

60. Asistían los colaboradores de la revista del mismo nombre: Funes Robert, Francisco Umbral,

Fernando Ponce...

LOS SÁBADOS DE LA ESTAFETA—Se llevó a cabo por las mismas fechas que la anterior, época

directora de Luis Ponce de León, Juan Emilio Aragonés, Manuel Ríos Ruiz, Francisco Umbral y otros

asistieron a la tertulia,

CAFE VÁRELA. — Primeros años del 60. Meliano Pereile, Manuel Alcántara, José Luis Fernández

Trujillo, Mariano Gil Mateo...

AQUELARRE POÉTICO.—Con Alberto Alvarez de Cienfuegos se reunieron en el café Lión

numerosísimos poetas jóvenes y otros conocidos. Últimos años del 60 y primeros del 70.

ÍNSULA.—Tertulia de la revista del mismo nombre que se agrupa alrededor de José Luis Cano. Por ella

han pasado los intelectuales españoles de mayor talla. Se celebra los miércoles a partir de las ocho de la

tarde.

TERTULIA HISPANOAMÉRICA NA.—Fundada a primeros del 50 por Fernández Spencer, Caballero

Bonald y Rafael Montesinos, su director de casi siempre. Está vigente y ya ha celebrado 818 sesiones.

Inofensivas políticamente, guardan el entrañable aroma del tiempo perdido

En ellas se dan cita las personalidades más heterogéneas y divergentes do del Madrid lírico y esotérico:

allí le daban a usted una escoba de palma si su poema le gustaba al «Brujo Mayor» o un cencerrazo como

si el macho cabrío estornudara, alérgico ante el rollo. Ahora, con la democracia, seguro que sin

proponérselo y sin replantear la causa, estas tertulias han girado en sus efectos, porque ya no importó

Machado, sino Felipe (González); ni Góngora, sino Gonzalo Fernández de la Mora. En estas tertulias se

pasa del soneto a las leyes de la dialéctica o los veintiséis puntos de la Falange sin perder el ritmo y sin

siquiera asonantar la rima, como les pasa a los poetas ripiosos cuando escriben prosa; en estas tertulias se

pasa de Bécquer al partido del domingo y después a los partidos políticos. Una tertulia anual,

multitudinaria, de derechas y bien organizada, fue aquella clásica de la «Demostración» en el estadio

Bernabéu, donde los asistentes, acostumbrados a los goles de Pirri y Santillana, aplaudían hasta la

extenuación. A los poetas menores del Reino., Y otra tertulia reducida, íntima, distinguida y sin horario,

es la llamada «del diván», de don Vicente Aleixandre, injustamente marginado por la Academia sueca,

que se lo hace con todo lo español, salvo con Justo Jorge.

Yo ocudo con dilatada intermitencia a algunas tertulias de diferente tipo porque de una tertulia siempre se

aprende, aunque sea lo malo, y no ayuda a fracasar. A lo más, a perder un poco de tiempo. Voy a la

Hispanoamericana, que es la más seria, antigua e interesante de las «oficiales», por ver a Rafael

Montesinos, que cada vez se parece más en la juventud a su hijo Ramón. Y voy a la del café Gijón por oír

a mi maestro Azcoaga contar cosas del 27 con la memoria acuosa en los ojos. Y es que esto de las

tertulias depende de como cada uno se lo tome y de lo que busque; de lo que extraiga y de io que quiera

sacar de ellas, que, materialísticamente hablando, es distinto y clave para la línea a seguir por un posible

contertulio joven: escoger, no aceptar ciegamente con lo que ello lleva de condicionamiento sobrante;

provocar la verdad, aunque sea relativa. Cuando Heráclito decía del devenir que es justamente una cierta

tensión entre contrarios, y que esa tensión es la que origina el movimiento, estaba hablando, sin

pretenderlo, de lo que debieran ser las tertulias: una manera de propiciar él dinamismo. Pero por

desgracia, aquí en Madrid, muchas tertulias, como Parmiénides, detentan al menos cuatro pruebas para

negar e! movimiento, por más que Diogenes kr demostrara andando. Que nuestros Liceo, Academia,

Jardín y Pórtico de veintitantos siglos después tienen más rejas que ventanas y más reúma de la cuenta.

f of Antonio HERNANDEz

 

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