Democracia y subversión     
 
 ABC.    19/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. MARTES, 19 DE JULIO DE 1977.

DEMOCRACIA Y SUBVERSIÓN

Hace un año, los tristemente famosos secuestradores y petardistas que responden a las siglas G. R, A. P.

O. hacían, como quien dice, su presentación en sociedad con una serie de atentados a monumentos y

locales públicos. Y ayer, haciendo gala de un republicanismo extemporáneo y gratuito, intentaban —

afortunadamente sin éxito— interferir una emisora radiofónica para introducir una especie de cuña

publicitaria de sus actividades, sin pasar por caja, obligando a un técnico y a cuantos se encontraron en el

camino a que les secundasen a punta de pistola.

Quizá buena parte de su torpeza desmesurada, de su estúpida ambición por desestabilizar una situación de

concordia ciudadana, provienen de la resonancia conseguida por sus actividades anteriores. Pero no puede

olvidarse que estos individuos van armados y manejan cuantiosas cantidades de explosivos. No cabe,

pues, echarlos en el olvido y contabilizar su intento de interferencia y de voladura —los cartuchos de

«goma-2» hubieran pulverizado completamente las instalaciones de la Sociedad Española de Radio-

difusión en Pozuelo— como anécdota de un día que algunos aguardaban lastrado por negros presagios de

revanchismo.

Ayer fue una emisora de radio; unas semanas atrás los talleres de un periódico. Y está el tema de los

explosivos, prontamente desactivados sobre la autopista M-30. Con algo más de pericia, los mentados

componentes del G. R. A. P. O. hubieran podido producir una cierta atmósfera de intranquilidad, de

miedo ciudadano. Y esto no puede ser tolerado.

El país, con muchos problemas de orden económico, ha entrado en una vía de entendimiento y de diálogo

en lo político y por ella debe seguir circulando, mientras !a estructura democrática va consolidándose. Ya

no hay presupuestos ni entre la derecha ni entre la izquierda,, ambas con sus múltiples sucursales y

variantes, para que en ellos entren las actividades «grapísticas».

Por ello resultan, en apariencia, de tan difícil encasillamiento. Ni están —obviamente— con el Gobierno

ni están —obviamente, asimismo— con la oposición. Y están, por supuesto, contra la Monarquía, la

democracia y la libertad. Justamente, el tríptico mayor en que se asienta, este tiempo nuevo y nuestro que

hemos comenzado, no hace mucho, a vivir con esperanza.

Los españoles estamos curtidos en torpes silogismos y en estrategias políticas de billar. Nadie, hasta

ahora, nos ha regalado nada, y hemos sabido responder con serenidad y tranquilo talante democrático a

las voces extremistas que buscaban romper un equilibrio de entendimientos, dentro de un lógico y cada

vez más evidente pluralismo, que ha cristalizado en las pasadas elecciones y en las recentísimas Cortes.

Mas, pese a ello, no nos parece inútil insistir en la descalificación de una posible coartada para estos

indeseables sociales.

No son instrumento político de nadie. No hay lugar ni acomodo para ellos en nuestro amplio horizonte de

opciones y de ideas, de partidos y de grupos. Por ello, no han de caber dudas ni reticencias. Se trata de

individuos cuyas acciones caen por entero en la jurisdicción de la Policía. No existe problema ideológico

o sustantivamente político. Tan sólo un tema de Orden Público que hay que intentar resolver cuanto antes,

con firmeza.

 

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