Autor: Avilés, Paloma. 
 Ricardo de la Cierva, historiador, político, catedrático. 
 La historia entendida desde la conciliación     
 
 Arriba.    09/12/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 25. 

arriba cultural

RICARDO DE LA CIERVA, historiador, político, catedrático...

La historia entendida desde la conciliación

—¿Quieres m¡ autorretrato?... El hombre es un intelectual absorbente a su vocación intelectual. Pero

como es un hombre en su circunstancia, y la circunstancia es histórica, pues tiene también que servir a su

circunstancia. Por eso se dedica también al periodismo; a la política y, a veces, a la polémica. El

historiador: Esa vocación intelectual se concreta en la Historia, y más concretamente en la Historia

Contemporánea, entendida con un espíritu de conciliación, porque creo que si nos ponemos de acuerdo en

cuanto ai pasado será más fácil programar juntos el futuro. El político es una actividad circunstancia] y

marginal, según el ejemplo de otros intelectuales en este siglo, que en momentos de crisis descendieron a

la arena política, como Ortega y Marañón, por ejemplo. Y dentro de la política, el campo que me interesa

es el de la cultura, que es el que parece no interesarle a nadie.

Una vocación política

—¿A qué aspira don Ricardo de la Cierva presentándose como candidato por Murcia en las próximas

elecciones a senador o diputado?

—No es una decisión firme, sino un tanteo. Es decir, el hecho que yo haya dicho diputado o senador es

que todavía no he decidido a qué me voy a presentar y si me voy a presentar.

—¿Por qué esas dudas?

—Porque creo que me será mucho más fácil presentarme por otros lugares, por aquello de que nadie es

profeta en su tierra. Si decido presentarme por Murcia, no representaré allí intereses, sino ideas. Mi

familia política representaba interese® conservadores en Murcia, y yo no tengo intereses en mi tierra

natal. Puede que esto me permita una visión más clara, y en todo caso menos caciquil. Lo que no pienso...

es imponer mi candidatura. Mí ilusión política en Murcia tiene mucho de romanticismo y de servicio. Es

ei camino inverso al normal. La gente suele triunfar en provincias para venir a Madrid. Yo no necesito

triunfar en provincias. Deseo trasladar a II í mi cátedra cuando ésta se cree, y si la traslado será para

ejercería.

Actuaría en política como un enlace entre Madrid y Murcia; el simple anuncio de mi propósito ha

provocado notable alarma en la competencia, lo cual me honra. Puedo asegurar que existen motivos

fundadísimos para esa alarma. Porque si por fin me presento apelaría directamente al pueblo, y como no

tengo intereses personales, allí voy a hablar con una claridad meridiana, y eso es lo que preocupa.

Cultura, política y Cortes

—¿Dónde le gustaría estar si tuviera que hacer una política cultural con eficacia? ¿Qué cargo o

nombramiento pediría?

—Posiblemente, en las Cortes, elegido por unas decenas de miles de españoles. Puede que entre mi

actividad profesional privada, revalidada públicamente con una elección, hiciera una política mucho más

eficaz que desde un puesto ejecutivo. Ya he conocido el poder y no siento la menor atracción por él;

aunque me parece muy fácil escalarlo, una vez logrado el respaldo popular. Por otra parte, creo tener ya

ese respaldo, hay más de diez mil personas que me hacen el honor de comprar regularmente en Murcia

todos mis libros. Aplicando el coeficiente habitual, quiere decir que cuarenta mil personas de mi

provincia creen en lo que yo pienso. Eso supone una tremenda responsabilidad. Y eso molesta a las

oligarquías locales enquistadas en la rtuina, en la pereza mental y en el colonialismo.

Aulas de cultura

—¿Qué le hubiera gustado hacer y no pudo hacer cuando fue director general de Cultura Popular?

—Crear en la práctica una red de Aulas de Cultura que pude crear sobre e) papel. Mantener la política de

apertura cultural durante un año más ,y convertir los teleclubs en cinco mi] bibliotecas populares vivas.

Una vocación en el tiempo

—Una pregunta que me llena de curiosidad...

—Venga.

—Don Ricardo, ¿es cierto que el historiador, el político y el hombre que hay en usted tienen cierta

vocación frustrada por aquel joven que un día quiso vestir hábitos...

—No se trata de una vocación frustrada (por el tono de voz parece

EL PASADO

«Hubiera querido crear una red de aulas de cultura, mantener la política de apertura cultural y convertir

los teleclubs en cinco mil bibliotecas populares>

EL PRESENTE

>Ya he conocido el poder y no siento la menor atracción por él>

>La dispersión de los organismos, encargados --dentro de la Administración— de la política cultural, un

grave problema

«La política cultural es asequible y necesarias

EL FUTURO

>Si me presentara en las próximas elecciones, por Murcia, apelaría directamente ül pueblo" que he tocado

toscamente una de sus zonas nostálgicas más sensibilizadas), sino simplemente de una vocación temporal.

Es asunto personal que forma parte de la trama de mi vida. Y que sólo me interesa a mí. Insisto en que no

es una frustración, sino una época de la que me siento especialmente orgulloso. Punto final.

(Entonces don Ricardo era un joven de dieciséis años. Quién sabe si aquel joven fraguó en las soledades

de un convento al hombre de hoy: escritor millonario por ventas de libros sobre nuestra Historia

contemporánea, licenciado en Lenguas Clásicas, Filosofía y Letras. Ciencias Químicas y Físicas, doctor

en Física Molecular, doctor en Geografía e Historia, periodistas —pertenece, por oposición, al Cuerpo de

Técnicos de Información y Turismo— y hombre de una capacidad de trabajo extraordinario: puede

preparar sus clases de la Autónoma, escribir artículos, levantar polémicas, desempolvar legajos y escribir

una docena de libros fundamentales sobre nuestro pasado histórico más inmediato: va a dar a su

publicación libros menores, producto de sus conferencias y centenares de artículos... Y, además, ejerce de

político activo. En fin, que no es normal.)

Ahora, patrón de yate

—Me preguntaba también que este es un momento Importante para usted con sus recién cumplidos

cincuenta años. Un momento crucial, pienso, para hacer examen o para hacer historia de sí mismo. ¿No

cree?

—El día que cumplí los cincuenta años, es decir, el día nueve de noviembre, me estaba examinando de

Construcción Naval en la Escuela Náutica de Alicante para el curso de patrón de yate. Desde que acabé

el Bachillerato he estado siempre matriculado en algo, y pienso seguir. Creía que pensaba dejarlo al llegar

al medio siglo. No, no. Después del éxito de ese examen, seguiré.

—¿Qué otro titulo le gustaría tener?

—Ingeniero Agrónomo.

la biografía de Franco

—El historiador Payne dijo, hace ya unos cuantos años, que no existía ninguna biografía convincente

sobre Franco. ¿Hoy, don Ricardo, considera que su biografía es la más convincente de cuantas se han

escrito sobre Francisco Franco?

—Cuando se complete, sí. Ten en cuenta que mi biografía se cerró en el año 1969, por razones obvias. En

el 69 se cerraba el análisis. La pienso reeditar esta primavera próxima con los capítulos finales que faltan,

aunque con poquísimas modificaciones sobre la anterior.

—¿Cuánto dinero le han dado sus libros sobre el franquismo, profesor?

—Esa es una pregunta más para mi editor que para mí. Los libros sobre Franco se han vendido como los

demás libros míos, ni más, ni menos. Es decir, han alcanzado tiradas superiores a los cien mil ejemplares.

Las biografías de Franco han sido un fracaso editorial, salvo excepciones, como la obra de Rogelio Baón.

Si mis libros sobre Franco han superado con creces las tiradas normales —dos mi| ejemplares— es proque

a lo mejor en ellos se hace historia.

¡Proyectos, proyectos, proyectos...

Hablamos, finalmente de sus proyectos, uno de ellos en pro de la divulgación del hecho periodístico en

sus perspectiva histórica. A este respecto, don Ricardo de la Cierva piensa editar una revista. «Historia y

Cultura», parece ser, en principio, el título de la nueva publicación que aparecerá en el próximo mes de

febrero. Hemos reconocido nuestro gusto común por el mar y por la historia. Hablamos, en fin, de la no

existencia de una verdadera política cultural en nuestro país: Sobre este tema escribió una crónica de

transición, titulada « La arbitrariedad y desconcierto en nuestra política cultural».

—Mira, no tenemos política cultural. Hay media docena de Direcciones Generales en nuestra

Administración dispersas por tres o cuatro Ministerios que se ocupan de temas de la cultura, pero cada

una a su aire. Es cierto que nunca antes se habría logrado una participación educativa tan masiva como la

actual, pero el nivel cultural de este proceso es lamentable. Porque no se debe, ni se puede confundir

Educación con Cultura, ni al revés. Creo que había que salir de este marasmo y convencer al país de que

la política cultural es asequible y necesaria.

Ya en ei ascensor, recuerdo la figura de don Ricardo de la Cierva que presume de estar muy visto,

presume de tener escrita ja tesis doctoral más «ladrillo», que sobre Física se haya escrito «Intensidades

absolutas en infrarrojo de bandas fundamentales en derivados ha-logenados de| metano». Diciembre 1957.

Universidad de Madrid, y presume de tener una gran capacidad de concentración, lo que le permite pensar

sus artículos mientras viaja o le aburre una conversación.

j Ah! Presume y lo puede hacer con todos los méritos de ser un universitario ade aeternam.

Paloma AVILES

 

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