Nada menos que 149 partidos     
 
 Ya.    06/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

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NADA MENOS QUE 149 PARTIDOS

EL sábado último dábamos la cifra de 149 partidos políticos legalizados hasta la fecha en

España. Afortunadamente, las próximas elecciones terminarán quemando la mayor parte de

estas fallas, huecas como las ilusiones de quienes las han soñado más que construido.

Pero incluso suponiendo que los partidos salvados de la hoguera se agrupen en federaciones

en torno a ocho o nueve líderes de indiscutido renombre, el resultado de las elecciones estará

muy lejos del ideal al que se acercan los países de mayor estabilidad política y de más sólidas

posibilidades de realizar, con eficaz control pero sin estorbos, sus programas de gobierno.

El canadiense Jean Blondel realizó un estudio comparativo de las grandes democracias

occidentales por el grado de acercamiento al bipartidismo. Tomando un período de veinte años

(19451966) y sumando los votos recogidos por los dos partidos más importantes (uno de los

cuales, lógicamente, el que accedía al Gobierno del país respectivo), el resultado era el

siguiente:

Un primer grupo (bipartidismo casi puro) presentaba a los dos partidos principales de los

Estados Unidos sumando 99 por 100 del total de votos, Nueva Zelanda con 95 por 100,

Australia con 93 por 100, Gran Bretaña con 92 por 100 y Austria con 89 por 100.

Un segundo grupo de países, que Blondel llama "de dos partidos y medio", nos ofrece a la

Alemania Federal y Luxemburgo con 80 por 100, Canadá con 79 por 100, Bélgica con 78 por

100 e Irlanda con 75 por 100.

El tercer grupo da un multipartidismo atenuado con la presencia de un "partido dominante": así,

Dinamarca, Suecia, Noruega, Italia, Islandia y los Países Bajos, con sumas de votos de los dos

partidos más importantes que oscilan entre el 66 y el 62 por 100.

Siguen Francia, Suiza y Finlandia como países de pluripartidismo puro, con porcentajes de 50 y

49 para la suma de los dos primeros.

EN todos los casos es simple comparar la pequeñez de los grupos que quedan fuera: la mitad

en Francia; sólo el 1 por 100 en los Estados Unidos. Para llegar a esos resultados entra a

veces en luego al sistema mayoritario, bien conocido; así, en Gran Bretaña, en el período

señalado, los liberales alcanzan un 8 por 100 de votos, pero sólo el 2 por 100 de la

representación parlamentaria. En cambio, en Alemania, de sistema proporcional, los liberales

alcanzan un peso relativo que les convierte en árbitros de muchas contiendas entre los

grandes.

El cuadro que las cifras anteriores ofrecen no es estático, sino que presenta signos evolutivos

en períodos cortos, aunque permanezcan válidas las proporciones del veintenio entero: así,

Alemania pasa de 82 por 100 en 1961 a 87 por 100 en 1965 y 89 por 100 en 1969,

acercándose al bipartidismo puro. El ejemplo contrario lo daría Bélgica, que, desgarrada por las

rivalidades lingüísticas y los tirones autonomistas, evoluciona del segundo hacia el tercer grupo

de los expuestos. Una tercera variante la darían las coaliciones que presentan en un bloque a

la oposición: ése ha sido el caso del socialismo sueco, al que se oponían unidos los cuatro

partidos "burgueses", aproximándose así a la noción de bipartidismo real.

YA sabemos los numerosos factores de corrección que habría que introducir para dar juicios

exactos sobre la eficacia política en los países mencionados y las variantes circunstanciales

que tal o cual año aparecen en el cuadro construido sobre la media de un veintenio.

Pero, y éste era nuestro propósito, la experiencia ha llevado a las democracias de tipo

occidental muy lejos de esa feria de vanidades con que España exhibe, además de centenar y

medio de partidos legalizados, la treintena de los ilegales. ¿Quién hace a España "diferente"?

 

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