Autor: Juan, Esperanza de. 
 Forges, preparando su debut en TVE. 
 Los españoles no sabemos reirnos de nosotros mismos     
 
 Arriba.    11/11/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 43. 

FORGES, PREPARANDO SU DEBUT EN TVE

"los españoles no sabemos reirnos de nosotros mismos"

Eine macizen le espéra; hasta los ordenanzas de "Informaciones" al hablar con Forges no pueden evitar su

particularísimo lenguaje, sorprendiendo al visitante, Antonio Fraguas se presenta "raudo", y no quiere

hablar en el periódico, donde tiene el récord del mundo de llamada» telefónicas... unas cien mil a la hora.

Aunque eso de hablar con Forges es todo un decir, interrupciones continuas y paridas monumentales se

entremezclan de forma increíble en este no menos increíble hombre, que ha revolucionado el concepto del

humorismo crítico español.

Lo primero que choca de Forges son sus enormes ojos, vivos, iaquisidores, tremendamente ágiles y

expresivos; no paran nunca, y es que él mismo es el que no para: cine, radio, periódico, revistas, cuadros,

publicidad... y ahora televisión.

—Bueno, estoy preparando un programa piloto pan Radiotélévision Española que me muía "Historia de

un día dentro de televisión´, qie se emitirá dentro de tos programas dedicados a conmemorar los veinte

años de Radiotelevisión Española. Además, es. tamos ya con "Veinticuatro horas, aquí", que es toda una

serle, nada menos que trece capítulos, y que «s algo así como la descripción de lo que pasa en cada

departamento, en cada sección de Televisión a lo largo de on día.

—¿Qué nos va a decir Forées de Radiotelevisión Española? Que pretendes demostrar acaso que la

Televisión es-paliola es un Forgendro.

—No, yo coa esta serie fc> qne quiero es explicar COB mis claves ai gran publico lo qae es en realidad

Televisión. Yo no quiero entrar en disquisiciones de cómo debe ser en realidad la Televisión; pero quiero

nacer ver que si es buena o mala, o si es regular, o tt es una caca, o si es lo qne se quiera, no es culpa de

quienes están dentro. Yo he sido «mezclador» en Televisión Española y sé el porqué de madias cocas. Sé

cómo ban funcionado algunos teléfonos de arriba*, cóiiio se han enviado y ordenado muchas cosas. Es

decir, también quiero hacer ver al público que Television Española ha sido siempre una mandada y de que

sus profesionales muchas veces se han visto en la alternativa de comer... o no comer.

—¿Mandada de quién...?

—¡Ay¡ ¡Ay! De los que aquí siempre han mandado.

—¿Qué saldrá de todo ello?

—Eso nanea se sabe. Cosas buenas y algunas malas, pero desde luego to-das esas pequeñas cosas que

nunca han enfocado las cámaras.

«Vía libre al desmadre»

—Imagino yo que el programa tendrá también su parte técnica y su parte útil para conocer, para estudiar,

cómo es una Televisión por dentro.

—Bueno, habrá de todo. Parte técnica puede haber, por ejemplo, dos minutos y luego vía libre al

desmadre. Nadie se imagina el cachondeo y la vasca que se Ka cuando se corto, por ejemplo, «na

película, o cuando se plantean problemas tóemeos; y ni te imaginas el desmadre de cuando hay que

cambiar un programa por otro. El problema va a ser que habrá cosas que parecen cachondeo mío y, sta

embargo, son auténticas, pasan y están ahí.

—¿Qué condiciones has puesto, si es que has planteado alguna?

—Una, y muy importante, que los guiones son intocables. También exigí qué el equipo fuera mío. A mí

de siempre me ha gustado trabajar entre amigos. El director no voy a ser yo, si. no Carmelo Barrera. Yo

seré el guionista y algo así como el supervisor de la serle. De todas formas, trabajaremos un poco "a la

americana", es decir, los guiones los haré en equipo. Yo creo que es un fallo tremendo de nuestra

Televisión el confiar un guión, por ejemplo de humor, sólo a una persona.

—¿Algún problema?

—De momento no, pero ya se sabe que en nuestro país..., que si te cambian a todos tos directores por la

mañana, que las órdenes se trocan por la tarde, que hay otras, que no hay ninguna, etcétera.

—Hablemos un poco de Televisión.

—Es mejor ni hablar...; quiero decir que si tú tienes una idea concrete de cómo debe ser Televisión, te

desmoralizadas al trabajar en ana cosa que ni se parece a lo que tú piensas. Pero como bar que comer... En

fin, que hay una separación total entre las lentejas de cada día y lo que tú piensas. He gustaría decir ahora

un latinajo; pero vamos, así como suena, para comer tienes que hacer muchas veces lo que te dicen.

—´Problemas de censura...

—No quiero hablar de este tema,

—Pero...

—Te voy a contar una pequeña anécdota: Cuando se estaba preparando ana importante ley en el

Ministerio de Educación, on periodista le preguntó a un alto cargo de este Departamento, que por qué en

la redacción de la ley no intervenían los estudiantes. A lo que contestó este alto cargo que tampoco para la

ley de caza se había pedido la opinión de las perdices. Esto es un poco lo que pasa en Televisión, la

opinión del público muy pocas veces se tiene en cuenta, y tampoco los profesionales o técnicos tienen

alguna forma eficaz de físcalizar los programas. Es más, a veces tu opinión no cuenta para nada. Y esto

acaba volviéndose contra sus propios sostenedores, pues da paso al malestar, a los murmullos, etcétera.

Humoristas fascistas

—Cambiemos de tercio. ¿Tu gigantesca capacidad de trabajo, tu más que prolífica actividad en cien

campos te han. hecho olvidar, cambiar, mermar, medrar, tu concepción del humor? ¿Qué es el humor para

Forges? Por ejemplo lo que haces en «Por Favor».

—Sí, pero ten en cuenta que al humor, al trabajo que hemos negado en «Por Favor», lo hemos conseguido

porque todos trabajamos ademas en periódicos. El humorismo español lo ha creado la permisividad y «A

aliento de muchos dírectores de periódicos. Yo calmearía el manerismo de «Por Favor» con un sola

adjetivo: frescura, y a eso hemos llegado desde los periódicos. Tu examina el equipo de «Por Favor», y

verás que todos trabajamos además en diarios.

Llegados a este punto, evidentemente querido para Forges, se nos ha enrollado de forma imparable. La

forgemetralleta se ha disparado y habrá que recoger como sea alguna de sus miles opiniones, alguna de

sus mil palabras, sin preguntas, sin pausa.

—La frescura de «Por favor» se debe también a que no somos una revista claramente política y que

además no pertenecemos a partido alguno, al menos como revista, no quiero decir que otras revistas sí lo

sean, pero creo que somos de los menos mediatizados. Y lo demostramos de la mejor forma posible; vete

a una hemeroteca y analiza los «palos» que hemos dado en «Por favor», y verás que están absolutamente

todos, realmente todos. Allí, si le hay que dar un curro monumental a alguien se le da y santas pascuas,

que se...

«Las mujeres tienen un gran sentido del humor»

—tas mujeres tienen un gran sentido del humor, y es raro que gráficamente no hay muchas mujeres que lo

trabajen. Creo que sería recomendable contratar en diarios y revistas a mujeres humoristas. Además, las

mujeres tienen una mala leche de ordago. En «Por favor» trabajan tres, como humoristas no tienen precio,

y además tienen ia ventaja de estar macizísimas... Los humoristas de partido son buenos; yo no veo

diferencias entre los que pertenecen a un partido y tos que no; a la hora del trabajo, de todas formas,

puede ser un dato que el humorista que pertenece a un partido en concreto, fíjate que casi siempre es

además escritor o es solo escritor. De todas formas, puedo no tener la razón, pero yo prefiero encontrar a

gente que viva del humorismo sin mediatizaciones, sé que es difícil, pero...

El humorista ni nace, ni se hace, ni leches, el tío que escribe bien es un nihilista, de ahí pasa a ser un

irónico, luego sarcàstica y, por fin —que remedio—, humorista.

A mí no me gusta que el humor se tome como adjetivo, pues si lo es, no es humor. Además, si nos

ponemos a Intentar definir to qne «s realmente el humor, nos podemos pasar tos años hablando,

discutiendo, pensando y no negaríamos a ninguna conclusión. Se puede, sí, hablar del objeto del humor,

que para mí debe abarcar, por una parte, todo el mundo que rodeé al humorista, pero también todo el

mundo que rodea al lector.

¿El buen humorista? ¡Pschh!, el buen humorista quizá sea aquel que logra o, mejor, que sabe descubrir la

realidad del mundo que rodea al lector, y sabe reducirlo al absurdo. El buen humorista es el que describe

la realidad. SI luego esta realidad es viciosa o no le gusta al podr o a la sociedad, to siento mucho, pero no

es culpa del humorista.

Medallismo

—A mí la censura me ha censurado —¡toma ya!— todo to censurable y más que censuraría y me

censurará. Pero a mí no me gusta hablar de la censura, nunca he ido aireando lo que se me ha prohibido,

porque parece que uno quiere una medalla y uno de tos malos del país «s el medallismo.

Forges se ha parado a tomar aire, y me mira como pidiendo perdón.

" Nuestros políticos no tienen sentido del humor" " Todo el que piensa se entristece un poco"

" Yo nunca he ido por ahí aireando lo qve me han prohibido "

"El humorismo español lo ha creado la permisividad de algunos directores de periódicos "

" El que escribe es un nihilista, de ahí pasa a ser irónico, luego sarcàstica y por fin, humorista"

«24 horas aquí», 13 capítulos forgianos para TVE

"¿M¡ programa?, dos minutos técnicos y luego vía libre al desmadre"

—Me he pasado, ¿no?

Pero rápidamente, apenas le pregunto por los grandes vicios del país, se dispara otra vez y no hay

remedio, no hay forma de pararle.

—Tú lo que quieres es que me marque un rollo filosóflco-societarto, pero yo soy demasiado joven para

semejantes líos. Yo creo que uno de nuestros grandes males es la falta de sentido autocrítico. Diría que

los españoles tenemos un gran sentido del humor para todo lo que no nos afecta personalmente. Algo así

como lo que se podría llamar «sujetos pacientes». Los españoles, en cuanto les afecta, muy pocas veces

tienen sentido del humor. Somos un pueblo que no sabe reírse de sí mismo. Nuestro sentido del ridículo

propio es tal que nos convierte en un pueblo estúpido para la historia, especialmente a comparación con

otras naciones que en sus barbaridades han hecho un objeto de crítica, a veces incluso agraria, pero

siempre dentro del humor, siempre dentro de una alegre tristeza que tes honra. Yo no he visto en España a

un solo político con sentido del humor. Fuera de aquí he visto declaraciones de gobernantes que son

auténticas obras maestras del humor. ¿Consecuencias? Si el político no sabe reírse de sí mismo, el pueblo

se ríe de él.

—Siguiendo tus palabras, ¿conoces a muchos políticos...?

—No, extranjeros no conozco a ninguno, y de los españoles a varios; pero con sentido del humor sólo a

tres. Y precisamente la Prensa dice que los tres malentíenden lo que debe ser la política. ¡Fa que veas...!

Sin embargo, se ha dicho que aquí hay mucho político cachondo... Bueno, yo veo una «norme diferencia

entre humor y cachondeo. Digamos que el humor hace pensar y el cachondeo simplemente reírse. Pero

vamos, es sólo una opinión muy mía.

«Yo soy muy sentido»

¿Y qué tal se lleva Forges con Antonio Fraguas?

—Yo desde pequeño ya era humorista; pero vamos, lo que se dice chistes, sólo comencé a hacerlos en

1964. Personalmente soy muy raro, muy sentido, me interesa, me fastidia y me gusta todo lo que está a mi

alrededor; yo soy algo así como un tío que ha vivido toda su vida con un gran sentido del humor, porque

si no ya no estaría aquí. Toda mi familia tiene gran sentido del humor. Incluso mi mujer, entre otras cosas,

porque llevamos diez años casados y aún no me ha echado de casa. Claro que mi sentido del humor

también se prueba en el hecho de no haberla echado a ella. Vamos, que lo pasamos bomba.

—Los humoristas tenéis fama de serios, ¿por qué?

—Efectivamente, en todos los humoristas hay un fondo de seriedad, también hay un fondo de tristeza y

un fondo de algo que se podría llamar formalidad. La observación y la contemplación crítica de lo que te

rodea te da un aire de eterna «taciturnidad», que en realidad es sólo una mezcla de asombro y

desesperación, todo ello genera una amarga tristeza, y vamos, que si quieres vivir tienes que desembocar

a la fuerza en el humor. La vista humorística de nuestra panetera circunstancia es sólo una forma de

sobreviva.

—¿Cómo intentas reflejar eso tan complejo en el lector?

—El lector se da cuenta de tu angustia y de tu tristeza, ve lo que has pensado y por qué, y él también

piensa, de ahí que le embargue también una mezcla de tristeza y amargura. Todo el que piensa se

entristece. El que comprende esto y lo realiza siempre —ahí está lo difícil—, logra una perfecta

comunicación con el lector.

—En una sociedad perfecta no habría, pues, humoristas buenos...

—Hasta cierto punto, sí; por ejemplo, en Suècia los humoristas son horrorosos, precisamente porque

muchos de los problemas inherentes al orden espiritual y material del hombre están superados. La

convivencia es extremadamente pacífica y el humor se centra en algunas de las insatisfacciones

personales y psíquicas del sueco, como nosotros no las tenemos nos parece un humor malísimo. Yo creo

que el día en que la libertad reine de forma Institucionalizada en todo el mundo, una buena parte de los

humoristas habrán desaparecido. Lo mismo sucede con otros factores necesarios para el hombre.

Llegamos al final. Hablar con Forges más que un placer es, de una forma u otra, una experiencia. El cine

es nuestro último tema, pero necesitaríamos todo otro espacio, ya que cualquier tema que se le proponga a

Forges es una ocasión para una broma o para un análisis serio. Nos habla de su nueva película «El

bengador gusti-ciero y su pastelera madre», así con B y todo (parafraseando a la S de superstar), que es un

acto sacramental entre rojos y azules. Habrá, pues, que dejar a este hombre que va a trabajar hasta la

madrugada, ya que tiene que entregar su trabajo en las «tropecientas» revistas en que colabora e

imaginamos tiene que preparar nuevos guiones, «cosas del pluriempleo». Nervioso, canoso, delgado,

anticonvencional, humorista, cineasta, actor, técnico, periodista...; un poco de casi todo este tío con pinta

de progrecillo universitario que no bebe alcohol, fuma algunos pequeños «camellos» sin filtro y se ha

reído con ganas de la magnífica caricatura que nuestro compañero Carlos Rubio le ha hecho. Hasta luego,

fenomenal Antonio.

Esperanzo DE JUAN

Jueves 11 noviembre 1976

 

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