Autor: García Paz, Raimundo. 
   Estudios sobre la guerra civil     
 
 Arriba.    13/11/1976.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 23. 

ESTUDIOS SOBRE LA GUERRA CIVIL

>En estos momentos los historiadores debiéramos callarnos» (Ramón Salas Larrazábal)

Los ciclos en las Universidades de Montreal y Autónoma de Madrid, aplazados por

el momento

Ef conflicto bélico que enfrentó hace cuarenta años a los españoles sigue interesando. Ramón Salas

Larrazábal, militar y estudioso de la guerra civil, puede hablar, como sus hermanos, Ángel y Jesús, con

conocimiento de causa sobre este tema, y así lo hace en la presente entrevista.

En la Universidad de Montreal pensaba celebrarse un Coloquio Internacional sobre la guerra civil

española los días 14, 15, 16 del pasado mes de octubre. También la Universidad Autónoma de Madrid

proyectaba organizar un seminario en torno al tema desde el mismo comienzo de las clases en idéntico

mes. Ramón Salas Larrazábal, coronel del Ejército del Aire e historiador, había sido invitado a participar

en ambas reuniones. Pero ninguna de las dos se ha llevado a cabo.

—¿Por qué?

—Sobre la suspensión del coloquio en Canadá no tengo noticias axactas. Supongo que se debe al retraso

en el envío de ponencias, a la imposible presencia de algunos participantes en esas fechas o a causas

parecidas. El coloquio contemplaba dos aspectos fundamentales de la guerra, el tratamiento literario que

ha recibido y su historiografia. Tengo entendido que su, celebración se aplaza a febrero o marzo del año

que viene. El cido de la Universidad Autónoma no pudo comenzar por el hundimiento producido en la

Facultad de Filosofía y Letras v lo hará tan pronto como se abra ia Facultad de Ciencias Económicas y

Empresariales cuyo decano está especialmente interesado en su realización.

—¿A qué se debe que nuestra guerra civil haya sido objeto de más estudios históricos que ninguna otra?

—Yo creo que la guerra civil es un tema que interesa a la gente, a todas las personas. Considero que es

uno de los tres hitos históricos más importantes en la vida de los pueblos que han habitado España,

asimilable por su importancia a la romanización de nuestro país, o al matrimonio de los Reyes Católicos.

—Ahora una fiebre cultural que se extiende a facetas tan dispares como el cine o la literatura se inspira en

aquellas años. ¿Será episódica o no tendrá fin?

—La fiebre actual está lejos de constituir una revisión crítica y científica de la guerra, porque hay una

politización evidente y una exacerbación de las pasiones grande. En este momento los historiadores

debiéramos callarnos o hablar muy poco, porque hay cierto histerismo colectivo y bastante demagogia

desatada sobre el tema. En los años sesenta parecía que nos habíamos liberado por fin de este intento de

sacar dividendos políticos a aquellos acontecimientos. Ahora la serenidad se ha vuelto a perder de manera

transitoria. Pero renacerá la calma para hacer ciencia, y evitar que los políticos exploten los sucesos de

entonces en favor de ideologías o ambiciones personales.

—De todas formas, políticos de tan sonora actualidad como Gil-Robles han escrito la historia de aquellos

momentos...

—Los libros de Gil-Robles son documentos válidos como testimonio directo de uno de los protagonistas

de aquella época, pero no pretenden un estudio científico de la historia contemporánea, aunque aporten

datos de considerable interés a los historiadores.

FALLO EN LA CONVIVENCIA

—Los conflictos civiles repercuten sobre la existencia de una colectividad, como sucedió en el caso de la

Guerra de Secesión norteamericana, de manera diferente a una guerra internacional, ¿´as caracteriza por

ello una filosofía especial?

—El problema básico que lleva a que dos bandos diriman por la violencia un asunto determinado es el

mismo: un fallo en la convivencia, bien sea internacional o bien de los pueblos Integrados en un mismo

Estado. Las características son absolutamente iguales en ambas circunstancias, por que los bandos tienden

a constituir dos Estados diferentes, y cada uno de ellos a integrar ia parte contraria en el suyo. El origen

de todo ello se debe buscar en la convivencia de diferentes grupos sociales dentro de un Estado. El

sistema político puede per mitir una alternancia en el Poder de estos grupos o determinar que se resuelva

por la violencia. Cuando una parte de la sociedad niega su consenso se produce una quiebra en la

legitimidad del sistema institucional y eUo provoca la aparición de una nueva legitimidad de manera

natural o por virtud de un enfrentamiento.

—¿Qué porcentaje de obras históricas sobre la guerra civil cabe atribuir a autores extranjeros?

—Primero habría que saber qué son obras históricas, qué son memorias y qué son libros testimoniales

para poder responder a esa pregunta. Es una gama amplia y difusa. La aportación extranjera en trabajos de

síntesis o Investigación es importantísima, pero las vicisitudes personales han sido contadas casi siempre

por españoles.

--¿Ha habido más objetividad que intereses personales en los planteamientos de los historiadores?

—En ocasiones, la guerra civil ha sido tomada con ceguera para las razones que pudiera tener el

contrario, con fines proselitistas y propagandísticos, negando «el pan y la sal» al ene-migo, y viendo ia

guerra como beligerantes. En los años sesenta comienza a superarse esta perspectiva al eliminarse en

parte ios condicionamientos personales.

«LLAGA SIN CICATRIZAR»

—¿Cree que la historia auténtica de la guerra civil española está por hacer, y que, como dicen algunos,

acontecimientos de este tipo deben ser analizados por el estudioso cuarenta años después de sucedidos por

lo menos?

—¿Por qué cuarenta años y no veinticinco? El apasionamiento sólo puede superarse cuando los

acontecimientos «no son vida». En España esa circunstancia todavía no se da, e incluso se piensa que las

consecuencias ideológicas de la guerra todavía subsisten, entonces hay que concluir que la llaga todavía

está sin cicatrizar.

—¿Tendrán que llegar nuevas generaciones que no participaron, en la contienda para escribir la historia

auténtica?

—La participación personal del historiador en lo que investiga condiciona su tarea, y sería pedir un

esfuerzo sobrehumano exigirle un desapasionamiento total. Posiblemente sean otras generaciones las que

deban escribirla, pero nosotros les vamos à proporcionar documentos de primera mano para que

desarrollen el fondo de la cuestión de una manera científica.

—Usted ha estudiado a fondo las cifras del drama, el número de muertos que causó la guerra civil,

¿cuántos fueron?

—Muchos menos de los que la gente dice. Cada vez que estudio con ñas. Todo ello «grosso modo» dado

len menos. Los datos más actualizados que he acumulado, basándome en los Registros Civiles y en el

material archivado por el Instituto Nacional de Estadística, me dan una cifra de dos cientos sesenta y siete

mil españoles «muertos violentamente» entre 1936 y 1960, lo que comprende algunas víctimas de

posguerra, de la segunda guerra mundial y del «maquis», que fueron unos dos mil quinientos

aproximadamente. A este número hay que sumar los veinticinco mil extranjeros fallecidos por las mismas

causas en nuestro país entre 1935 y 1943. Claro que hay muchas duplicidades, porque un mismo cadáver

pudo ser considerado «hombre desconocido» por quienes le encontraron y «muerto presunto» por sus

familiares.

—¿Y por hambre o enfermedad?

—Hasta 1944 el número anual de muertos por inanición fue superior al de 1935. Durante ese tiempo

fallecen cuatro mil y pico por hambre, de ellas, un millar fallece en Barcelona en el año 1938. La

mortandad por esta causa se extingue definitivamente en 1950. Por enfermedad hay una so-bremortalidad

respecto a la que era doble esperar, entre 1935 y 1943, estimada en doscientas noventa mil personas.

Todo ello, "grosso modo", dado que. obtener una cifra exacta resulta imposible como es lógico.

Seiscientas mil personas perdieron todo en aquella guerra civil.

Raimundo GARCIA PAz

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